«Murió la mujer de un compañero de Costa de Marfil»

I. A. GERNIKA

«Fue angustioso, sabíamos que estaba mal y no encontramos la manera de comunicar con el exterior para ayudarla», relataba acongojado el patrón del Ricardo Blach se refería a la esposa de uno de los dos marineros procedentes de Costa de Marfil que perdió la vida durante los días del secuestro. Otro momento crítico que vivió la tripulación en sus 47 días de cautiverio.

El marinero africano se enteró del mal estado de salud en el que se encontraba su esposa, embarazada de cinco meses, en una de las únicas tres llamadas que les permitieron hacer los piratas. Sus allegados le comunicaron que su mujer estaba ingresada en un hospital de Abiyán, la capital de Costa de Marfil, de donde es oriunda la pareja. «Le dijeron que había tenido un aborto, que había perdido a su bebé y que si no enviaba dinero también ella podía morir porque la iban a echar del hospital», señaló Blach. Inmediatamente, sus compañeros de a bordo solicitaron a los piratas que les permitieran realizar una llamada a la armadora desde el barco, para que desde la empresa atunera se encargaran de hacer llegar hasta el centro hospitalario africano la cuantía de dinero que precisara la mujer para que fuera debidamente tratada. «Fue imposible y ocurrió durante los ocho días que no tuvimos comunicación alguna con el exterior. Al final, nos enteramos de que murió. Un momento horroroso. Imagínate, este hombre se quedó echo polvo y el resto con una impotencia terrible a cuestas por no haber podido ayudarlo», lamentó Blach.

Durante los días en los que el estuvo apresado, sólo el capitán y el patrón consiguieron llamar más veces de las que les consentían los piratas a sus casas. «Conseguíamos burlar a los piratas cuando nos decían que llamáramos a los medios de comunicación porque les interesaba».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos