DV. Cary Grant lo pasó verdaderamente mal escapando de la avioneta fumigadora en la mítica película de Sir Alfred Hitchcock Con la muerte en los talones, pero creemos que no sufrió tanto como los 14.000 valientes de ayer. El temporal previsto se cumplió, el agua y el viento molestaron, incordiaron, fueron una auténtica losa, pero la gente no se echó para atrás. Fue una carrera con el agua en los talones.
Lo que queda claro es que fue una jornada reservada para los más decididos y preparados. La adversa meteorología invitaba a quedarse en casa, pero casi quince mil personas se atrevieron a desafiar al agua y salieron a por todas. Los participantes completaron un auténtico ejercicio de pundonor, resistencia y valentía. Así que por todos ellos nos quitamos el sombrero. Y he aquí una muestra representativa.
Habíamos quedado con Gorka Azkarate, un urretxuarra de 32 años y montañero empedernido, cuyas andanzas y hazañas se pueden seguir en el foro de montaña Mendiak.net. Era su quinta participación en la clásica donostiarra y no lo hizo nada mal. Y eso que este año apenas había entrenado: «En carrera lo das todo y no he tenido ningún momento de duda. No iba a abandonar. Hoy hemos tenido el viento en contra y a ratos se ha hecho duro».
Azkarate está acostumbrado a participar en carreras de montaña. Por eso se le hace especialmente duro correr en asfalto. «En Urretxu suelo correr también sobre asfalto, pero el terreno montañoso me va mejor. Estoy más acostumbrado», añadió.
Interpelamos también a Azkarate por el nuevo sistema de avituallamiento, que ha sustituido los botellines de plástico por los vasos. «Es verdad que hasta ahora bebías un poco y tirabas la botella. Por eso la medida me parece oportuna. Yo me hecho enseguida al método nuevo, no me ha costado beber de los vasos de agua».
Mucho ambiente
En la plaza Gipuzkoa nos paramos con una cuadrilla de animados catalanes. Sergi Alexandri, barcelonés, estaba maravillado con el ambiente de la Behobia: «Es impresionante que con un día así haya tanta gente en la calle animando. Corres mucho más animado, das mucho más de sí y la verdad es que es una gozada».
Alexandri, que sufrió como todos en el repecho de Contadores, «esa cuesta que nunca termina», rebosaba felicidad y estaba deseando de que llegue la del próximo año: «Yo repito seguro. Será mi cuarta participación».
Muy cerca estaba la también catalana Anna Junque, de 29 años, que tenía una sonrisa de oreja a oreja. «Este año no se me ha hecho especialmente duro. He hecho 1h38, igual que el año pasado. Ha habido que aguantar alguna que otra granizada, pero hoy venía mentalizada».
Aquí una voz crítica con el nuevo avituallamiento. «El agua tenía mucho cloro y el nuevo sistema no me ha convencido, pero entiendo que no hay otra solución mejor».
Y a pocos metros estaba Jesús Ausejo, un hombre de 53 años que corría por undécima ocasión. La de ayer no le pareció la carrera más dura. Así, tal cual. «La más dura suele ser cuando no conoces el recorrido. La parte más difícil suele ser la zona del puerto, porque es una zona muy humeda y el viento suele pegar fuerte. Hoy nos ha castigado allí y también en la bajada de Miracruz», dijo.
Ausejo también se amoldó bien a la nueva situación del avituallamiento, aunque echa de menos «más limpieza a la hora de tirar al suelo y no a los contenedores».
Al arriba firmante le tocó para correr el clásico día de viento sur otoñal hace ya doce años -cómo pasa el tiempo-, aunque hay que reconocer que mucha gente prefiere la lluvia para entrenar y correr. Una lluvia fina, para entendernos. Tampoco lo de ayer.
Ánimos y más ánimos
Después nos fuimos al paseo de La Zurriola para observar y admirar el tirón popular que tiene esta carrera. La gente se agolpaba para animar a los suyos y también a los que no eran suyos, que es la verdadera esencia de esta prueba. Un aplauso también para los organizadores, voluntarios y personal de asistencia, que hicieron un gran trabajo durante todo el día.
Esta Behobia-San Sebastián pasará a la historia como una de las más duras. Fue la Behobia del agua, la de la lluvia, la del viento, la del frío y hasta la de las granizadas. Ya les digo que Cary Grant no lo pasó tan mal...