DV. El martes fue un halcón el que sorprendió a los donostiarras en mitad del Boulevard para darse un festín con una paloma a la que había cazado previamente. Hace menos de un mes un buitre no tuvo reparo en posarse en un balcón de la plaza de Irun en Amara ante la sorpresa de los vecinos de la zona, que vieron cómo el ejemplar, tras volar a baja altura, ponía sus garras en la barandilla de una vivienda situada en la esquina de las calles Isabel II y Balleneros. Estas apariciones de dos aves salvajes, que normalmente rehúyen la presencia del hombre, en plena ciudad ha despertado la curiosidad de los donostiarras, que se preguntan si se deben a alguna razón especial.
Desde el Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre Arrano Etxea de Igeldo, su responsable Josean Albisu, apunta que «es normal que al año recibamos de 3 a 5 ejemplares entre buitres y halcones. Viven cerca de aquí, lo que no les gusta es acercarse a los hombres. Eso es lo que más me ha sorprendido del episodio del halcón en el Boulevard. Que fuera capaz de comerse a la paloma mientras era observado por un grupo de curiosos sin inmutarse. Por su pelaje, creo que se podría tratar de un halcón de unos 2 años, muy joven para una especie que puede alcanzar los 30. Quizás esa juventud le hizo ser tan osado».
No obstante, apunta que no es tan raro que se aviste un halcón en la ciudad. «Hace unos 8 años recuerdo que había uno en la zona de la Fotográfica, en Urgull, y otro que bajaba hasta Igentea para atacar a las palomas. Repito que lo extraño es que sus apariciones sean públicas», afirma Albisu, quien atendió en su centro al buitre recogido en Amara. «Aquel animal estaba muerto de hambre y seguramente vendría desde Peña de Aia en busca de comida. Aquí lo alimentamos durante tres semanas y el sábado pasado lo soltamos de nuevo, una vez ya recuperado».
José Manuel Etxaniz, doctor en Veterinaria y director del servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento, tampoco cree que la aparición de estas dos aves en un periodo tan corto de tiempo responda a una causa concreta. «Hace 10 años recuerdo otro halcón que aparecía una vez por semana en la Zurriola a cazar palomas y que vivía en las rocas de Ulía. También otro halcón se comió a una paloma en la plaza Cataluña hace muchos años. Son casos que pueden darse, aunque no son habituales».
Etxaniz cuenta la anécdota de que en una ocasión vio desde su propio despacho, entonces situado en el edificio de los bomberos de la calle Easo «cómo una gaviota se comía a una paloma en el patio interior, junto a su ventana. Pero siempre buscan un lugar discreto, alejado del hombre».
El veterinario del Ayuntamiento afirma que en el caso de este halcón «seguramente se trata de un ejemplar que emigraba a África siguiendo a una bandada de palomas torcaces y que por algún motivo se despistó. Aunque viajan en compañía de otros halcones, cada uno tiene un comportamiento individual. Por eso, no sería de extrañar que se hubiera quedado en las rocas de Igeldo o en Urgull y que dentro de unos días vuelva a aparecer. Eso sí, tarde o temprano terminará emigrando hacia el Sur», apunta.