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«Hemos perdido fuerza como padres a la hora de poner límites y normas»

ROCÍO RAMOS-PAÚL

«Hemos perdido fuerza como padres a la hora de poner límites y normas»

La serie 'Supernanny' la hizo famosa. La psicóloga da claves «para aprender a enseñar»


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La televisión la ha convertido en una especie de Mary Poppins del siglo XXI capaz de meter en vereda a la criatura más díscola. La psicóloga Rocio Ramos-Paúl, más conocida como Supernanny, impartió ayer una conferencia en torno a normas y hábitos de conducta en el IV Congreso Vasco de Familias Numerosas que celebró en el Euskalduna de Bilbao la federación de asociaciones vascas Hirukide, que cuenta en la actualidad con alrededor de 4.000 socios. Coincidiendo con el estreno de la quinta temporada de su exitoso programa en la cadena Cuatro, Ramos-Paúl publicará en breve un nuevo libro, Aprendiendo a enseñar. Estrategias sencillas para educar (Editorial Nobel), donde propone pautas de ayuda para que los padres puedan resolver los conflictos más habituales surgidos con sus hijos.
-¿Percibe usted problemáticas propias de este tiempo en torno a la educación en la familia?
-De lo que tenemos que partir es del manejo que se haga de dificultades cotidianas que son esperables en los niños y son parte de su desarrollo: con tres años todos tienen rabietas, y nuestra reacción ante eso tan extendido, determinará en muchos casos el comportamiento que tengan después. Si optas por darle las cosas por no oirle, ya sabes a qué te puedes atener. Con 16 años ya no te pedirá por narices las chuches sino el móvil más moderno del momento.
-En una sociedad como la actual donde cada vez se tienen menos hijos, ¿se viven peripecias distintas según el número de hijos?
-Los niños siempre comparten problemáticas similares desde personalidades distintas.
-¿Pero cómo cree que influye el número de hermanos?
-Hay aspectos que se benefician de estar dentro de una familia numerosa, como la organización. Tener más hermanos permite que los padres no tengan que estar tan pendientes de estimular determinadas actividades entre los pequeños porque aprenden con los demás. Con el hijo único tienes que estar más pendiente de jugar con él, de estimularle tú, aunque juegue solo y tendrás que estar más pendiente de que se relacione con otros niños, en el parque, cumpleaños, escuela.
-¿Cree que los padres de hoy tienden a sobreproteger más a sus hijos que los de antes?
-No hay que generalizar. Sí creo que vivimos un tiempo en el que preocupa mucho la educación de los hijos. Lo que no se puede es estar atendiendo de forma permanente las demandas del niño porque el niño es muy exigente.
-¿Por qué ha crecido tanto esa preocupación?
-Influyen los cambios a nivel social, desde la incorporación de la mujer al trabajo, la falta de tiempo, la culpa que eso genera: como paso menos tiempo con él, el tiempo que le dedico soy más condescendiente, evito los límites, eso tan oido de 'para un rato que lo veo'... Se olvida que es mejor decirle a un niño que no cuando tiene 3 años que cuando tiene 16, que ya no lo vas a lograr si no lo has hecho antes.
-¿Comparte ese sentir, parece que extendido, respecto a que con el adolescente de hoy las cosas están algo salidas de madre?
-Los medios tienen mucho que ver ahí. Se olvida que si aparecen en los medios es porque son la excepción, no la regla. Que el adolescente busque experiencias nuevas es algo de siempre y forma parte de su perfil. Hay actitudes nuevas que habría que evaluar. Hoy día se adelantan etapas. Los niños y chavales aprenden todo antes.
Organizar horarios
-¿Eso en qué se ha traducido por el lado negativo?
-Hemos perdido fuerza como padres en algunas cosas relacionadas con la autoridad: poner límites, normas, ser rígidos con los hábitos. Tenemos una etapa de 0 a 6 donde es importante que, si organizas todo esto, consigues que se desarrolle a todos los niveles. Pero si algo de eso cojea antes de los cuatro años, te encuentras con un niño que va a tener comportamientos disyuntivos: respuestas agresivas, pequeños tiranos, será exigente sin posibilidad de negociación con sus respuestas. Si llega a la mayoría de edad y nadie le ha dicho que 'no' nunca, o porque no ha sabido cómo decírselo, entonces todo va a ser ya más complicado.
-¿Puede ser que los padres que han crecido en la rigidez se hayan ido, o tienden a irse al otro extremo, la permisividad total?
-Es relativamente frecuente. Pero se suele dar otra tendencia que es pensar que el adolescente es ya un adulto que requiere menos supervisión. O directamente nos queremos ahorrar la bronca que supone imponerle horarios, cuando es una etapa donde, aunque esté gritando no ha dejado de ser un niño del todo.
-¿Pero cómo se pueden poner límites desde pequeños de forma eficaz sin generar enfrentamientos ni situaciones violentas?
-Simplemente empezando por decirle a la hora que se tiene que acostar. No hay más. Cuando vaya creciendo, tendrás que negociar y ver qué ofrecerle a cambio. No hay otra. Si no, entablas un pulso que casi siempre pierden los padres. Con 5 o 6 años, si le habitúo a determinadas rutinas, con normas y límites, probablemente me vaya a ahorrar lo que va a venir después en gran medida. Se trata de trabajar lo que se llama la tolerancia a la frustración: no tener las cosas al momento, que en muchos casos está detrás de muchas respuestas agresivas. Que entienda que lograr las cosas requiere un cierto nivel de esfuerzo hasta que se consiguen; un tiempo. Le estás vacunando contra la ansiedad de tenerlo ya todo.
-La pregunta clásica es ¿hasta dónde se puede ser colega o amigo de un hijo?
-Yo creo que nunca se puede serlo. Uno es padre o madre, no colega, lo que no implica que no te lleves bien. Pero nunca es de igual a igual porque eres la figura de la autoridad en una parte clave de su mundo, y no olvidar que educar requiere también equivocarse.
-¿Cuáles son las principales preocupaciones que le trasladan los padres que acuden a su consulta?
-De 0 a 3 años, el sueño y la alimentación; de 6 a 12, las normas y los límites, qué hacer ante los problemas que surgen ya. Pero en de 0 a 6, sobre todo, hay que intentar no obcecarse con los comportamientos negativos y reforzar la parte positiva porque refuerza su autoestima.
-¿Y qué métodos aconseja?
-Hay que incidir muchísimo de 0 a 8 años en tener un horario en casa, yo creo que siempre, pero en esa franja, más. Cumplirlos, hacer las cosas en el mismo lugar, de la misma manera y a la misma hora, tan fácil y complicado como eso. Normas y límites, sólo dos o tres. No más, pero que se cumplan: dando una orden adecuadamente, diciéndolo convencido de que eso se va a cumplir, siempre habiéndole explicado con anterioridad cuáles eran esas normas. Y sobre todo, muy importante: que todo tenga siempre consecuencias: negativas y positivas, ojo, que los medios sólo me preguntais lo negativo y nunca por lo positivo y luego parezco una bruja en las entrevistas y las consecuencias positivas son igual de importantes que las otras.
-¿Cómo influyen en los hábitos educacionales actuales los modelos de familia emergentes, como las parejas del mismo sexo, la convivencia con la emigración, adopciones, separaciones, divorcios, nuevas parejas ¿cómo se puede lograr extraer lo positivo de un hijo para que sepa responder a esta nueva configuración socioparental?
-Como todo, va a depender mucho más de la actitud y la respuesta que tengan las figuras de autoridad que tenga el niño que la situación en general. Establecer normas claras no tiene que ver con con quién convivas sino con cómo lo hagas. La realidad social es la que es y hay que saber moverse en ella. Con eso hay que trabajar y normalizar en la medida de lo posible.
-¿Es más frecuente que le vengan al despacho padres obsesionados con que si su hijo padece algún trastorno en cuanto notan algo?
-Caso de existir, lo que diferencia a los padres es el manejo que hacen de ello, cómo lo enfrentan. Muchos padres llegan convencidos de que a su hijo le pasa esto o lo otro, cuando lo que hacemos es que a veces buscamos respuestas para justificar comportamientos que no entendemos de nuestro hijo.
-¿Buscar informarse en internet sería como lo de automedicarse?
-Querer informarse de algo es válido, pero a la hora de filtrar esa información hace falta alguien que sepa discernir. Aquí entra lo del acceso de los chavales a internet, donde, de nuevo lo que no es sustituible nunca es el filtro que hacen los padres y la explicación que deben darle ante lo que se encuentra.
-¿Resulta difícil concentrar en 15 días de tratamiento para un programa televisivo métodos para dar respuesta a lo que les ocurre a los chavales?¿Teme quedarse en la superficie del problema?
-Tengo claro que en la tele sólo trabajo comportamientos. En el despacho es distinto. En televisión no se pueden tocar temas que no se puedan resolver en esos 15 días, como los de origen familiar. Son conductas, nada más que conductas.
-Una pregunta que surge cuando usted sale por la puerta es ¿y qué va a pasar el día después cuando ya no vuelva?
-Todo dependerá de lo que se haga. El planteamiento es: tenemos quince días para que aprendamos cómo hacer cosas nuevas y determinadas pautas, directrices. Sólo es el comienzo, su mantenimiento dependerá luego de ellos.
-¿Hacer televisión obliga a forzar comportamientos extremos, rozar la frontera del reality showreality show, como eso de meter a chavales en colegios franquistas y estas cosas?
-Eso es otro tipo de programa. Ni mejor ni peor, otro tipo. El nuestro es un programa blanco que cuida cosas que podrían no cuidarse. El punto de realidad a mí me lo dan las familias, ellos aprueban o niegan lo que mostramos. En este caso siempre partimos de un hecho, que es la preocupación que todos tienen real por sus hijos y eso está presente: no hay guión, dí esto, no está preparado, lo puedo asegurar. Yo en la tele no hago nada que no haría en el despacho o en cualquier otra intervención.
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