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«Pescábamos lubinas en la esquina de la Fotográfica con albanitos de los corconeros»

TXEMA ESTALA

«Pescábamos lubinas en la esquina de la Fotográfica con albanitos de los corconeros»

Socio primero y de Honor de la Sociedad que fue de caza y pesca, Basollua, y también de Zurriola. Sin olvidar Ehiztari Etxea y Bera


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Ahora vive en Errotaburu con su hija Maite, algo pachucho de lo que él llama la enfermedad del escaparate. Antes vivió en Villa Ignacio, frente al colegio de La Asunción, y sus hijos, Juanma, Álvaro, Tacho, le robaban la escopeta para cazar tordos. Delegado de Meyba, Punto Verde y marcas italianas de complementos, regaló echarpes a la reina Fabiola cuando ésta veraneaba en Zarautz. Se fabrica sus propios bastones (el de la foto, por ejemplo) y regala a los amigos, broches de pluma que también hace él para que los luzcan en los sombreros de caza.
- Me gusta la frase que hemos puesto de titular pero díganos, ¿qué son los albanitos?
- Son peces que a veces pescaban los amigos que se ponían al corcón en el puente. Me los regalaban. Los metía en un cubo con agua alimentada por un motorcito y los usaba de cebo para la lubina. Solíamos pescar muchas, realmente muchas, un poco más adelante de la Fotográfica, un poco más allá de la alcantarilla.
- Se conoce, José Mari, la orografía marina de Igeldo como un verdero cartógrafo...
- Todas las ensenadas, todos los huecos, todos los entrantes, las calas, los salientes. La primera ensenada se llama Centella azul. Luego está Seno txiki...
- ¿No hay ahí una playa donde...?
- Sí, donde las chicas tomaban el sol desnudas. Luego están Gurmendi, Banko. Bankuzar. Y Haiti. También he pescado muchísimo en Jaizkibel. Un sitio magnífico era donde el segundo torreón. Arriba estaban los militares y como yo dejaba en una poza de mar salada las lubinas capturadas, veía luego bajar a un soldado raso con un burrito a cogerlas. Ójala sirvieran de buen rancho para la tropa.
- Cuéntenos historias del salmón.
- Lo pescábamos en el Bidasoa. Y también en Asturias, claro. Pero en nuestro río era una pesca soberbia, allá por Endarlatza. Al salmón le gusta el cebo vivo y también la mosca y las plumas pero se le pesca mejor en días nublados cuando el sol no le da al aparejo y brilla menos. El salmón siempre tiene una postura en el río. Hay grandes pescadores que no son capaces de verla pero yo sí. Yo tenía la fortuna de saber siempre dónde paraba el salmón.
- Dejemos la caña, cojamos la escopeta. La primera fue...
- Eibarresa, por supuesto. Una Sarasqueta, paralela. He tenido algunas italianas y una alemana de dos tiros tan hermosa que me la llegaron a pedir para copiarla. Era una Merkel superpuesta.
- Junto a las escopetas, los perros.
- He tenido muchísimos: setter irlandés, epagneul bretón... Los guardaba en el caserío de Anastasi, en Kataliñene, en Cuatro Vientos. Iba allí a las seis de la mañana para adiestrarles, pasearles, salir al campo con ellos. He entrenado a mis perros. Y a los de mis amigos. Comprábamos codornices vivas y se las soltábamos en el campo. Había que pulirles la manera de cazar, señalar o recoger pero era maravilloso ver cómo, aún cachorros, actuaban movidos por su instinto puro y hermoso.
- Ha cazado mucho y bien.
- Hubo un tiempo en que en Basollua se reunían los mejores cazadores, los mejores tiradores, los mejores pescadores. Yo he cazado en los cotos magníficos de Alba de Tormes. En Toledo. Pero empezamos cazando en el coto de Rezola... He cazado a la mano. He cobrado becadas.
- La princesa sorda... ¡tan esquiva!
- Ningún otro ave la iguala en su capacidad para camuflarse. Es dificilísima de atrapar. Por eso cuando vas a la becada no sueles llevar más de doce cartuchos. Con toda seguridad te volverás a casa con ocho sin usar. Para mí, uno de mis grandes momentos como cazador fue el día en que pude enseñarle una a un amigo ¡en el suelo! Es casi imposible lograr descubrirla así porque, lo dicho, es lista y escurridiza.
- Aquella mañana en Igara también fue jornada de ensueño.
- Totalmente inolvidable. Había nevado en los montes altos de Gipuzkoa así que pensamos rastrear la becada en las zonas bajas. Como te he dicho, llevábamos pocos cartuchos. Pero descubrimos tantas que, fíjate, paramos a un baserritarra que volvía de misa, le pedimos prestada la bici y pedaleamos a toda velocidad hasta una ferretería del Antiguo que aún está abierta (en la plaza de la iglesia) para comprar más y más cartuchos. Creo que cazaríamos unas cuarenta. En buena ley: inteligencia contra inteligencia, habilidad contra habilidad.
- Fue usted testigo y parte contratante de muchos de los campeonatos, torneos y exhibiciones internacionales de tiro que se celebraron en Gudamendi.
- Mundiales del 54 y del 71 de tiro de pichón, por ejemplo. Exhibiciones tremendas que, dado su éxito absoluto, luego nos las copiaron y se las llevaron a Madrid.
- Eran demostraciones de tiro de precisión, de tiro al plato, de pesca al lanzado. De todo. Incluida esa 'prueba de palomas a mano'. ¿En qué consiste?
- Una modalidad muy difícil de origen valenciano. Un hombre lanza al aire las palomas con su mano. Salen en cualquier dirección. Has de ser muy hábil para acertarlas.
- Perdón, ¿y esa enfermedad suya, la 'del escaparate'?
- Respiro mal. Me tengo que parar cada quince metros, así que me quedo mirando los escaparates...
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Txema en Basollua. Las cañas y maruta de la pared son suyas. /USOZ
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