DV. Lo escribió Napoleón: «En la comida se encontraban hombres de la más grande importancia, entre ellos creí ver a un Don Quijote, con la diferencia de que no estaba loco. Era el general Miranda. Tiene el fuego sagrado del amor a la libertad en el alma».
El general Miranda era Francisco de Miranda, una figura histórica de primer orden -fue militar al servicio de Carlos III y de la Revolución Francesa, fue precursor de los movimientos independentistas en Latinoamérica- a la que ha dedicado un libro el navarro, si bien él se define como «americano por vocación», Fermín Goñi. Su novela histórica Los sueños de un libertador se presenta mañana a las 19,00 horas en Elkar (Fermín Calbetón, 21).
La fascinación de Goñi porFrancisco de Miranda le viene de años, cuando vio un retrato suyo en Caracas, que ilustra ahora la portada del libro. «Me impresionó; me parecía que me miraba a los ojos». El periodista y escritor empezó a recopilar bibliografía sobre Miranda, compró una edición de los 24 tomos de los diarios que escribió durante toda su vida. «Me quedé impresionado por su talla intelectual, militar y política, más aún al saber que la historia lo ha hecho invisible».
En el Arco del Triunfo
Miranda, explica Goñi, «es el inventor e inductor de lo que al final serían todas las revoluciones americanas que buscaban independizarse de España. Pero se quedó con el apodo de el precursor y nada más. Y eso que es el único sudamericano cuyo nombre está inscrito en el Arco del Triunfo de París como uno de los 558 generales del imperio francés y sus archivos están declarados hace dos años por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad».
Criollo nacido en Caracas, Francisco de Miranda encarnó como pocos el espíritu ilustrado. Una de sus pasiones era la lectura, y llegó a acumular una biblioteca de 6.000 volúmenes, gran parte de los cuales se llevaba en sus periplos por España, Francia, Inglaterra y América. En palabras de Fermín Goñi, «es un caso insólito de un militar que antes de la batalla tocaba la flauta y después se retiraba a su tienda de campaña a leer los clásicos».
Una persona tan culta, que hablaba siete idiomas, deslumbraba a cuantos le conocieron. Y Francisco de Miranda se codeó con grandes nombres de la historia, como Napoleón, George Washington, Catalina la Grande (se rumoreó un romance entre ambos) o Simón Bolívar.
Precísamente, un roce con el libertador hizo que éste facilitase la detención de Miranda por los españoles en 1812, que acabó con su muerte en una húmeda cárcel gaditana. «Es una gran mancha negra para Bolívar. ¿Cómo es posible que entregara a su maestro a las tropas españolas?», se pregunta Goñi.
Antes de aquel final, Miranda protagonizó en 1806 un episodio extraño. Llamó a la creación de los Estados Unidos de América del Sur y partió hacia Caracas en una fragata con intención de crear un estado independiente. Aunque se le unieron otras ocho embarcaciones con trescientos independentistas y logró tomar una ciudad, se echó atrás. Para Goñi, «fue la historia de un fracaso inexplicable, pero también de un precedente que tuvo repercusión. A raíz de aquel primer intento otros empezaron a pensar que la independencia era posible».
Se reconoce el autor de Los sueños de un libertador «deslumbrado por el personaje». De hecho, su novela histórica parece a veces inclinarse por lo histórico en detrimento de lo novelesco. «Miranda me ha seducido. Pensé que no merecía una simple novela sino un libro que contase su vida con la mayor aportación de detalles posible».
La pasión de Fermín Goñi y algunos amigos de América y Europa por el precursor se ha traducido a la creación de la República Mirandoniana en Cayo Diablo, un punto del Caribe por el que pasó el homenajeado (www.franciscodemiranda.net).