DV. Aunque no estaba previsto en el orden del día, el consejero de Interior, Rodolfo Ares, aprovechó su comparecencia en la comisión de Interior del Parlamento Vasco para detallar la versión oficial sobre los disturbios registrados el pasado domingo en Lekeitio durante la celebración del día grande de las fiestas patronales de la localidad vizcaína.
Explicó que los altercados no estaban organizados y que se trató únicamente de un caso de «vandalismo instrumentalizado por el entorno radical». A su juicio, se trató un episodio «mezcla de 'katxi borroka' y 'mangui borroka', pues la mayoría de participantes habían acudido a las fiestas y habían tenido un «consumo desmedido de alcohol», según el consejero.
Además, Ares subrayó que los «alborotadores, fanáticos y ladrones» robaron varias pulseras, colgantes y recuerdos de una tienda a la que rompieron el escaparate y se llevaron un fax de una oficina de seguros que también asaltaron. Hizo hincapié en que incluso se sustrajeron varios lauburus y txalupas del comercio atacado. Indicó que todos los detenidos por los violentos disturbios que ocasionaron cuantiosos daños materiales están acusados de desórdenes públicos, una de ellas también por estragos, y no de delitos relacionados con el terrorismo.
Según su relato de los hechos ofrecido ante los parlamentarios, los disturbios se originaron cuando una patrulla entró en el pueblo para detener a un hombre que había sido acusado de violencia de género y, durante el traslado a comisaría, un joven ebrio se lanzó sobre el capó del coche policial y comenzó a insultar a los agentes. Este también fue arrestado y por el municipio corrió el rumor de que la Ertzaintza había acudido a la localidad con la finalidad de llevarse a un joven de la izquierda abertzale, lo que provocó que muchas personas acudieron hasta la sede policial a increpar y lanzar objetos a los agentes que se encontraban en la Ertzainetxea.
El consejero reclamó prudencia a los responsables públicos y a los partidos a la hora de hablar de estos incidentes. Sus palabras iban dirigidas especialmente al Ayuntamiento de la localidad vizcaína, gobernado por el PNV, que enmarcó los hechos en «el calentamiento global» producido por las últimas actuaciones de la Policía autonómica para eliminar de las calles de Euskadi simbología de apoyo a ETA.
Ante estas afirmaciones, Ares reiteró ayer su confianza en que «algunos rectifiquen y reconozcan que lo ocurrido no fue fruto de lo que algunos llamaron 'calentamiento global' o 'daños colaterales'». Esto último fue lo que reprochó esta misma semana también el portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, a la actuación de la Policía autónoma.
Ares reveló asimismo los últimos datos referidos a los daños provocados por los radicales. Señaló que el balance por ahora es de al menos treinta contenedores quemados, trece vehículos afectados y dos comercios destrozados. Además, nueve personas fueron detenidas, ocho de ellas por desórdenes públicos y una, por estragos, y varias personas resultaron heridas durante los incidentes.