Lleva media vida al volante de un camión, al que se subió a los 22 años y continúa a sus 46. Patxi Agirre conduce uno pequeño, de 18 toneladas y su ruta la reduce a Euskadi, con algún que otro desplazamiento a las comunidades vecinas. Con un pie en la cabina, a punto de irse a Asturias, considera que no es de recibo exigir a los profesionales del volante el Certificado de Aptitud Profesional a estas alturas. «Esto es un parche. Lo que necesita el sector es una formación más amplia que sirva para trabajar como profesional del transporte».
Recalca que el CAP no beneficia a su gremio, que dispone de amplios conocimientos y preparación. «A quien beneficia es a las autoescuelas, que son los que van a ganar un pastón dando las clases de capacitación. A nosotros nos perjudica, porque tenemos que dejar nuestros camiones. Yo soy autónomo y tengo que estar 35 horas de cursillo obligatoriamente y, además, sin poder trabajar, pagando por un curso que no considero necesario para nada».
Reflexiona señalando que al certificado habría que darle un aspecto eminentemente formativo. «Lo mejor es que desde el principio se hubiera enfocado este certificado como unos estudios de Formación Profesional. Nada de parches. Los profesionales vamos de un curso a otro y al final no sabemos de casi nada. La mejor fórmula es hacer tres cursos de F.P. y formar a la gente humana y laboralmente».
No cree que el CAP sea lo único que se les exija desde la Unión Europea, a corto plazo. «Claro. No hay nada reglado y seguirán dando palos de ciego si no enfocamos una enseñanza reglada como cualquier otra de Formación Profesional. Eso, si queremos tener un futuro como profesionales del transporte».
Profesión que arrastra, además, una crisis desde hace años. Agirre describe las tres cruces de su sector. «La crisis, una. Por ejemplo, los márgenes de ingresos son ya de pura subsistencia. Si no hay productos, nosotros no transportamos. Dos: los tiempos que perdemos en las cargas y descargas. Este país no está bien organizado en este aspecto laboral. Y tres: los días que pasas fuera de casa, que no se compensan. Esas son las tres cruces con las que cargamos los conductores profesionales».