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«Altruista, solidario y anónimo»

DONACIONES DE ÓRGANOS

«Altruista, solidario y anónimo»

Es una pieza básica para que el engranaje del sistema de donaciones funcione. Trasplantados guipuzcoanos y expertos resaltan la necesidad de mantener la confidencialidad en el proceso

30.08.09 -
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DV. La semana pasada, una clínica de Valencia realizó el primer trasplante de cara en España -el octavo del mundo-. Un hombre canario de 43 años, al que un tumor desfiguró su cara, recibió un nuevo rostro de un donante fallecido. La operación fue un éxito. Pero hubo un borrón en todo el proceso. «Se ha violado algo tan sagrado como la identidad del donante», aseguró el cirujano Pedro Cavadas, artífice de este prodigio. Se filtró el sexo, la edad, la causa del fallecimiento -un accidente de tráfico-, se supo la nacionalidad, la calle donde residía, sus aficiones...
¿Sirve de algo conocer la identidad de un donante de órganos que acaba de fallecer? ¿Reconforta a quien lo recibe? ¿Puede causar dolor a la familia del fallecido? Por lo pronto, la familia del donante de cara de Valencia está muy dolida. Además, la ruptura del anonimato en este caso puede afectar a los otros dos pacientes españoles en lista de espera para un trasplante de rostro, si las familias de los potenciales donantes temen por su privacidad.
Más allá de razones éticas, morales y de buen funcionamiento del sistema de donación y trasplantes, la normativa actual lo deja claro: quebrar la confidencialidad está prohibido. Trasplantados guipuzcoanos y expertos reflexionan sobre la necesidad de salvaguardar el espíritu «altruista, solidario y anónimo» en el proceso de donación.
ARANTZA LAZKANO (ZARAUTZ)
Trasplantada de riñón
«Mi agradecimiento lo expreso a todo aquel que se hace donante»
El riñón de Arantza Lazkano es, desde este año, «mayor de edad». A esta zarauztarra le cambió la vida hace 35 años y ahora, a sus 53 años, le va, más que bien, «estupendamente».
Como otros trasplantados, Arantza ha seguido de cerca el exitoso trasplante de cara en Valencia y se ha sentido apenada porque trascendieran tantos datos sobre el donante. «Ya tiene bastante desgracia esa familia, que acaba de perder a un ser querido, para que encima se conozca la identidad. Se les tiene que hacer mucho más duro. Por eso, hay que respetar su intimidad», explica.
En su caso, recuerda que hace 18 años, cuando fue trasplantada «no es que tuviera curiosidad de conocer la identidad del donante, pero sí tenía una sensación muy fuerte de agradecimiento, porque realmente lo que te dan es vida».
Desde su punto de vista, «la donación es algo que nunca se termina de agradecer. Es imposible. Siempre estaré en deuda». Por eso, desde hace años, se esfuerza en participar en campañas para sensibilizar a la población. «Mi agradecimiento lo expreso a todo aquel que se hace donante. En nuestra expresión y en nuestro abrazo sí que comunicamos ese agradecimiento a ese nuevo donante, aunque no haya sido él quien me haya donado a mí personalmente».
JOSEBA LARRAÑAGA
Coordinador de Trasplantes Osakidetza
«El anonimato evita relaciones insanas entre la familia del donante y el receptor»
Joseba Larrañaga, coordinador de Trasplantes de Osakidetza, recuerda que la normativa es muy clara: El Real Decreto 2070/1999, que regula la donación y trasplantes en España, dice en su artículo 5 que «no podrán facilitarse ni divulgarse informaciones que permitan la identificación del donante y del receptor de órganos humanos».
«Esto es lo que hay y se está aplicando a rajatabla», asegura. Además, recuerda que es un «derecho de los donantes y de sus familiares y está siempre encaminado a evitar relaciones insanas entre familiares del donante y receptores. Por eso está prohibido. Se puede prestar a muchos problemas».
Uno de los «pilares» por los que funcionan los programas de donación y trasplantes en España «es la trasparencia» en la adjudicación de los órganos. «Dentro de la trasparencia, un aspecto fundamental es la confidencialidad. Si se rompe esa confidencialidad, si hay dudas, se pone en riesgo el sistema». Por eso, Larrañaga asegura que «lo que ha pasado en Valencia puede hacer daño. Así de claro».
En el servicio de Coordinación de Trasplantes de Osakidetza que dirige, «nunca se utilizan los nombres de los donantes, van codificados». ¿Y cuando el receptor se interesa por conocer el origen de ese órgano? «Es algo raro, pero cuando ocurre les decimos que la donación se produce de manera altruista a toda la sociedad y no a una persona en concreto y que el agradecimiento de él como receptor debería ir dirigido a toda la sociedad».
Aunque menos, también suele haber casos de familiares de donantes que quieren tener información a posteriori sobre los órganos de su ser querido. «Se les da una información general, como por ejemplo, que ese órgano se ha trasplantado a un hombre de 47 años y que se encuentra en perfectas condiciones. De hecho, ya cuando mandamos la carta de agradecimiento a los familiares se da alguna referencia sobre el destino de los órganos para que sientan que su gesto solidario ha sido bueno. Les decimos que los órganos han sido viables y que las personas que han sido trasplantadas están bien».
LUIS BALENCIAGA (LASARTE-ORIA)
Trasplantado de corazón
«Alguien puede tener la tentación de pedir o de ofrecer algo a cambio»
Hace 16 años que Luis Balenciaga vive gracias a un nuevo corazón. «Me lo trasplantaron en el Hospital de Valdecilla, en Santander, cuando tenía 50 años», recuerda este vecino de Lasarte-Oria. Ahora, con 66 años, la vida le sonríe. «El otro día me fui nadando a la isla de Santa Clara», dice con orgullo.
Como a otros trasplantados que conocen de dentro el engranaje del sistema de la coordinación de trasplantes, el hecho de que se haya conocido la identidad y numerosos datos del donante en el trasplante de cara de Valencia no le parece oportuno. Él en concreto, no conoció al donante de su corazón. «En aquel momento solo supe que era alguien de Cataluña. Un chico joven de 17 años, pero no quise saber nada más», afirma con rotundidad.
Luis sabe que «conocer esa identidad es algo que no interesa. No es conveniente y, además, está prohibido. Alguien puede tener la tentación de que se pida o se ofrezca una contraprestación económica», explica.
Ahora el mejor homenaje que le puede hacer a aquella persona que le cedió su nuevo corazón es «trabajar para conseguir más donantes para que otras personas se puedan beneficiar».
Como directivo de Atcore, la Asociación Guipuzcoana de Trasplantados de Corazón de Gipuzkoa, a menudo participa en las mesas para sensibilizar a la población sobre la necesidad de hacerse el carné de donante.
MAIDER AMENABAR
Alcer Gipuzkoa
«Hay que preservar el anonimato para no causar daño a la familia del donante»
«Debe salvaguardarse la confidencialidad para preservar la relación donación-altruismo». Maider Amenabar, trabajadora social de Alcer, la asociación de enfermos renales de Gipuzkoa, conoce muy de cerca la realidad de los pacientes en diálisis que esperan recibir un riñón y de aquellos que han tenido la suerte de ser trasplantados. «Debe conservarse de manera confidencial la identidad del donante para que no haya ninguna contraprestación, para que el gesto sea algo altruista, para que la familia que donó los órganos de su ser querido fallecido lo haga a cambio de nada. Sólo a cambio de solidaridad social», explica. «Con el anonimato se evitan tentaciones».
Maider asegura que los pacientes renales que están en lista de espera y reciben un trasplante «reciben el mejor regalo de su vida». Como están «eternamente agradecidos, muchos de nuestros pacientes entienden que su mejor forma de 'pagar' a la familia del donante es seguir colaborando en esa cadena de solidaridad para otros que estén en lista de espera también puedan recibir una donación». En los 32 años de vida de Alcer, han logrado que 61.000 guipuzcoanos cuenten con carné de donante.
Entre las anécdotas de los enfermos a los que atienden, hay casos aislados de «pacientes trasplantados que casualmente ese día supieron que hubo un accidente de tráfico en el que falleció una persona joven. Relacionan el accidente con una persona y guardan la esquela que aparece en el periódico como recuerdo, porque entienden que ese fue su donante, aunque es más intuición que otra cosa».
La trabajadora social considera que hay que evitar «que se conozca la identidad para no causar daño a la familia del donante, que está pasando por un momento muy difícil. Si han dado el sí a la donación, y la mayoría de las guipuzcoanas así lo hacen, tenemos entendido que el ceder esos órganos alivia en cierta medida la falta o ausencia de su ser querido. Entienden que su ser querido no va a volver, atraviesan un trance muy duro, pero ha dado, por lo menos, siete vidas, y eso de alguna manera alivia la herida creada por la falta de su ser querido».
jmvelasco
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Un equipo de coordinación de trasplantes traslada un órgano que un paciente espera para mejorar su calida de vida. /MARÍA JOSÉ MORENO
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