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Chapuzones de letras y relax

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Chapuzones de letras y relax

Algunas piscinas ofrecen también la posibilidad de darse un chapuzón de letras. O de relajarse en instalaciones de primer nivel. Son piscinas públicas, y están al alcance de casi todos

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Además de para darse un baño y tomar el sol, un verano de piscina también puede aprovecharse para darse un chapuzón de letras. Y nada mejor para llevar a cabo esta refrescante actividad que recurrir a las bibliopiscinas, que sacan al sol libros, revistas y cómics para disfrute de lectores de todas las edades. Varias piscinas públicas guipuzcoanas -Hernani, Tolosa, Bergara, Urretxu...- disponen de este servicio.
Pero las bibliotecas no son la única opción para disfrutar del ocio que, más allá de las piletas y los solariums, ofrecen algunas piscinas públicas. Los spa o centros termales, recomendados por sus beneficios, no sólo se encuentran en auge en el sector privado. También hay instalaciones públicas, como las de Elorsoro en Oiartzun o las de Usabal en Tolosa, que las incluyen en su oferta y, a precios muy razonables, se las proponen tanto a sus abonados como a quienes no lo son. Tampoco se pueden olvidar las espectaculares zonas lúdicas que tienen cada vez más piscinas guipuzcoanas. Algunas, como las piscinas descubiertas de Hernani, figuran incluso en algunas guías de parques acuáticos...
Los más lectores, los niños
Al cargo de cada bibliopiscina se encuentra un bibliotecario para atender a los usuarios, ordenar y recoger al final del día y llevar un control sobre los libros prestados. Emma Salamanca, que trabaja en el puesto de Hernani, asegura que «ya tengo clientes habituales. Ayer me decían que voy a tener que abrir antes, porque los niños a las tres de la tarde ya están preguntando que cuándo van a por libros», comenta divertida ante el éxito que ha tenido la bibliopiscina. La biblioteca de verano hernaniarra se situaba antes en la alameda de Los Tilos, pero desde 2006 opera en las piscinas municipales, y funciona de lunes a viernes. Ya queda poco, porque cerrará el 31 de agosto.
Emma se muestra contenta con el resultado de su trabajo, así como con la nueva ubicación. «Éste me parece mejor sitio que Los Tilos», afirma desde su pequeña caseta, donde se encuentra rodeada por tomos y niños que se acercan a pedirle lectura. Porque son los más pequeños quienes más leen en la bibliopiscina. El idioma mayoritario a la hora de leer es el euskera.
Pese a que los adultos parecen más reticentes a la hora de coger un libro, los hay que vienen con una idea muy definida de lo que quieren. En caso de que el ejemplar solicitado no se encuentre en la bibliopiscina, Emma acude a la biblioteca municipal a buscarlo para el día siguiente. Si la gente quiere leerlos en las propias instalaciones sólo es necesario presentar el carnet de piscina. Sin embargo, si quiere llevárselo a casa, es requisito indispensable contar con el de la biblioteca.
Pero no solamente se dispensan libros y revistas, sino también cómics. «El que piden todos los días es el de los Simpson. Luego cogen los típicos de Astérix y Mortadelo y Filemón» explica Emma a propósito de los gustos de sus clientes. Mikel, Ane y Unai, tres pequeños usuarios, se disputan el de los Simpson. Tras un momento de tensión, Mikel se hace con él. Los tres comentan que van casi todos los días a la piscina, y que cogen libros, aunque «preferimos los cómics». «También solemos leer en casa», apostillan. Emma les observa mientras se acomodan en las sillas dispuestas fuera de la caseta. «En general suelen estar formales. Suele pasar a veces que algún padre se va al bar y parece que vigila pero no lo hace, y entonces los niños se desmadran un poco», comenta. Emma se muestra sorprendida también por los comentarios positivos que ha recibido acerca de la bibliopiscina: «La gente suele ser agradecida: '¡Qué bien que tengáis esto aquí para leer!'. Nadie me ha dicho nada negativo». Y aprovecha para hacer una defensa de la lectura. «Creo que éste es un buen sistema para que los niños se familiaricen con los libros y perciban la lectura de manera positiva. No supone obligar al niño a leer; ellos vienen porque quieren, hacen amigos y conocen a otros niños. Leen a su manera y trabajan la imaginación», dice. Emma cuenta una anécdota ilustrativa: «Hay una niña que viene casi siempre, y que, aunque no sepa leer, se inventa casi siempre el cuento. Los demás se suelen quedan alucinados escuchando lo que cuenta».
En Tolosa, el polideportivo Usabal también acoge en sus completísimas instalaciones un puesto de bibliopiscina. Llegar hasta él puede resultar difícil si uno no es habitual del laberíntico lugar, pero, como puede verse por la cantidad de personas tiradas en la hierba, es bastante popular. «Se nota que la gente conoce mejor el servicio que el año pasado, que lo va interiorizando», comenta Jon, el bibliotecario.
Él se encarga de prestar libros a los lectores que se acercan a su caseta de madera, en su mayoría niños. Empezó el año pasado, durante la experiencia piloto del proyecto. Al igual que la de Hernani, la bibliopiscina de Tolosa se abre por las tardes, haga bueno o malo, ya que los días nublados se traslada a un txoko al lado de la cafetería. El 12 de septiembre se cerrará hasta el año que viene, dando por finalizada la temporada veraniega de lectura.
También en Tolosa los más ávidos lectores son los niños. «Los pequeños suelen decir: '¡Está abriendo la caseta, vamos a por un libro!'. Creo que a quienes más les cuesta acercarse es a los mayores», afirma Jon. En cuestión de idioma también hay diferencias: los adultos suelen coger más libros en castellano, mientras que los pequeños prefieren que estén en euskera.
Los cómics son el sustento de los adolescentes. Así, los tomos mangas se mezclan con un ejemplar de la novela Coraline, de Neil Gaiman. Los adultos tienen preferencia por las novelas y revistas. Por su parte, los niños, aparte de disfrutar con Kroko y el clásico ¿Dónde está Wally?, se dedican a pintar. Y como opción alternativa para quienes tengan preferencia por la tecnología, la piscina es una zona WIFI, por lo que la gente también puede traer su ordenador y conectarse a Internet.
Jon considera que la bibliopiscina «es un buen proyecto para aproximar la lectura a todas aquellas personas que no se acercan a la biblioteca habitualmente». La mayoría de la gente coge un libro para pasar el rato, algo que puede resultar incómodo si se queda a mitad de lectura. Si se enganchan con él, los lectores pueden recurrir a la biblioteca municipal, donde, gracias al carnet, dispondrán de él durante un plazo de 15 días.
¿Sirve esta iniciativa para acercar los libros a la población? Jon está convencido de ello. «Mucha gente adulta, una vez que empieza a trabajar y tener hijos, deja un poco apartados los libros», explica, y añade: «Creo que la gente se engancha con la bibliopiscina».
Pese a que es evidente que los libros no son sólo para el verano, es obvio que, entre siesta y baño, son una de las opciones predilectas para quienes disponen de más tiempo libre en esta época. Para algunos, es algo tan fundamental como el gorro o las chancletas. Las bibliopiscinas siempre serán más secas y silenciosas que las piscinas propiamente dichas, y permitirán bucear en otros fondos: los de la imaginación.
Aguas saludables y relajantes
Otros prefieren la relajación a través del agua en lugar de por medio de la lectura. En materia de aguas saludables y relajantes, comenzando por un balneario y siguiendo con centros de talasoterapia, termas y spas, Gipuzkoa tiene una oferta envidiable, que también puede hallarse en instalaciones deportivas públicas.
El polideportivo de Elorsoro, en Oiartzun, es el ejemplo más espectacular. Pese a que no utiliza aguas termales, aprovecha los efectos positivos de la hidroterapia. Según explica la responsable, Cristina Brit, desde su apertura en 2003, «ha sido un servicio bien aceptado por el usuario, y el balance indica que se está introduciendo como práctica generalizada». La gente ha dejado de asociar este tipo de centros con la enfermedad y la vejez, lo que ha provocado un aumento de la demanda.
Para hacer uso de la denominada zona termolúdica de Elorsoro no es obligatorio ser socio. Los no abonados también pueden acceder a las instalaciones, pagando 13,05 euros por una hora, o 15,90 por una hora y media, según prefieran. Los menores de 16 años -la edad mínima es de 8 años- pueden entrar sólo los sábados de a la mañana acompañados de un adulto.
Una vez en el interior del spa, y vestidos para la ocasión con las obligatorias chancletas, toalla y gorro, cada usuario realiza el circuito que prefiera. Puede optar por la zona húmeda o la seca, que incluyen actividades tan variadas como una piscina a 34 grados con varios puestos, camas burbujeantes, cuellos de cisne y un hot tube o chorro gigante. No hay que olvidar tampoco el pediluvio, un sistema de alternancia de vasijas -caliente y fría- donde se introducen los pies para reactivar el sistema circulatorio; la sauna finlandesa; el hammam o baño turco, con una humedad del 100%; la cabina sirimiri; el Camino de Santiago, o sendero de cantos rodados para estimular las plantas de los pies, y la ducha escocesa, entre otros. El circuito concluye con una zona de relax. Todo tipo de público puede hacer uso de estas actividades, salvo quienes padezcan de algún problema cardiovascular.
Usabal Kiroldegia de Tolosa, por su parte, dispone de una «zona de cuidado corporal» que incluye dos saunas secas, un baño de vapor, hidromasaje y una terma. Por cierto, con excelentes vistas... Hacerse socio de este enorme complejo deportivo que ya tiene más de 8.500 abonados es complicado, porque hay lista de espera, pero el pago de la entrada diaria -7 euros para los mayores de 16 años; 5,5 para los jóvenes; 3,7 para niños y mayores de 65 años-, así como los abonos quincenales, mensuales y de verano permiten utilizar todas las instalaciones.
Unas instalaciones que, cada vez en más casos, van mucho más allá de lo que ofrecen unas piscinas al uso.
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