«El turismo en la localidad ha crecido un 20% en el mes de julio con respecto a al misma fecha del año pasado». Se trata de un dato concluyente que facilita Imanol Lasa, teniente de alcalde y concejal de Turismo del Ayuntamiento de Zarautz.
En lo que al porcentaje de ocupación se refiere, Imanol Lasa asegura que «se ha llegado al 93%, un dato similar al del año pasado. Los dos campings que existen en la localidad también están completos». Asimismo, están contentos por ahora bares, restaurantes y comercios de la localidad. «Se ha mantenido el consumo de años anteriores, e incluso me atrevería a decir que se ha aumentado en muchos de ellos», afirma el concejal de Turismo. En Zarautz siempre ha habido en verano una tendencia a suprimir los menus del día de los bares, «pero este año, debido a la crisis, los han mantenido y me consta que están contentos, ya que ha atraído a los visitantes».
Pero no han sido sólo esos menús los que han atraído a tantos y tantos visitantes este verano... Campeonatos de surf internacionales, conciertos, fiestas, actividades deportivas, ferias, encuentros y visitas gastronómicas forman parte del extenso programa veraniego de Zarautz. Y es ahí donde se enmarca una de las propuestas turísticas más atractivas del municipio: las visitas guiadas a una bodega de txakoli.
No se trata, sin embargo, de una mera visita a una bodega de txakoli, que podría limitarse a visitar el recinto, degustar el caldo y volver a casa. Además de eso, en primera instancia una guía turística se encarga de acercarnos a la historia y la naturaleza de Zarautz y de su comarca. Para ello, la primera etapa lleva a la zona del acantilado de Mollarri. Allí, en una atalaya desde la que se divisa sin obstáculo alguno el mar, el campo de golf, la playa y al fondo, si levantamos la mirada, el ratón de Getaria, Violeta, nuestra guía, nos sumerge en la historia y en el entorno natural del municipio y sus alrededores. A un lado, se aprecia también el antiguo cargador de mineral de Mollarri, abandonado a su suerte desde hace muchos años, pero que está siendo rehabilitado y que en pocos meses puede que esté accesible para todo aquel que quiere visitarlo y conocer la actividad que antiguamente se llevaba a cabo en el mismo.
Dejamos a un lado Mollarri, y nos adentramos en la bodega de txakoli Talai Berri, donde nos espera Bixente Eizagirre, su propietario. Él se encarga de mostrar y explicar los entresijos del txakoli, de su proceso de elaboración. Eizaguirre asegura que «estas visitas a la bodega tienen una gran aceptación. Empezamos a realizarlas hace unos cuatro años y la verdad es que año tras años son más los que se animan».
No oculta que la degustación final del txakoli y otros productos típicos de la zona son la estrella de la visita. «Es normal, al fin y al cabo el visitante quiere probar todo lo que se le ha explicado anteriormente». De todas maneras, «son muchos los que muestran gran interés en el proceso de elaboración de este caldo y que no se cortan a la hora de hacer preguntas».
Es el caso de Kurihara, un fotógrafo japonés instalado en Alemania que, en compañía de su mujer, muestra una gran curiosidad por el txakoli y su elaboración. «Estamos gratamente sorprendidos con este producto. Por medio de una revista especializada dimos con el txakoli, nos atrajo mucho, y después de probarlo, os aseguro que nos encanta. Además, hemos descubierto que se trata de la mejor bebida que puede acompañar a un almuerzo, comida o cena, ¡nos encanta!».
En los mismos términos se manifiesta Iván, un electricista de Barcelona que ha aterrizado por primera vez por aquí. «Me ha gustado mucho la visita ya que mezcla el tema histórico y cultural de la zona con lo gastronómico: con la elaboración y degustación del txakoli. Y, verdaderamente, el txakoli está buenísimo, es mucho más suave de lo que esperaba. Cuando salgamos de aquí nos vamos a comer al restaurante de Arguiñano y ten por seguro que acompañaremos la comida con txakoli», anuncia.
Natalie Facchin, propietaria de una bodeguera de Borgoña, reconoce que ha venido a la visita «por tener más conocimiento de lo que es y representa este producto, ya que es un vino que no elaboramos en Francia. Quería comprobar en persona las diferencias existentes entre el vino y el txakoli y a fe que hay algunas cuantas. Aparte de tener buen sabor, su proceso de elaboración es muy interesante», concluye la bodeguera francesa.
La próxima oportunidad para realizar la visita -que no es la única que organiza la Oficina de Turismo-, llegará el día 28.
iNFORMACIÓN y reservas I
943 830 990 ó turismoa@zarautz.org