DV. El cadáver hallado el jueves en una sima de Azkoitia por tres espeleólogos catalanes pertenece a un hombre de 64 años, Ignacio P.H., cuya denuncia de desaparición se cursó en junio. La Policía recuperó ayer el cuerpo de la víctima que fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Donostia. La Ertzaintza investiga si la muerte tiene su origen en un presunto ajuste de cuentas relacionado con el tráfico o el consumo de drogas. El detenido poseía antecedentes policiales por este motivo, según precisaron fuentes de la investigación.
Seis miembros de la Unidad de Rescate de Montaña de la Brigada Móvil de la Ertzaintza llegados desde su base en Iurreta iniciaron poco antes de las nueve de la mañana los preparativos para el rescate del cuerpo.
El cadáver había sido descubierto la víspera por tres espeleólogos de Barcelona. El hallazgo de un bulto a unos noventa metros de profundidad en la sima Bide Gorri, cerca del barrio de Madarixa, entre Elgoibar y Azkoitia, les hizo sospechar que podía tratarse de un cadáver. El hecho fue puesto en conocimiento de la Ertzaintza. Un especialista de rescate de este cuerpo descendió a la oquedad y confirmó la corazonada inicial. El cadáver permanecía envuelto en una lona de color blanco y atado con una cuerda y una brida. La zona permaneció acordonada y vigilada durante la noche por la Policía.
Con las luces de la mañana, dos agentes de la unidad de rescate descendieron por la sima y llegaron al rellano en el que permanecía el cuerpo, un espacio de unos cuatro metros de ancho y siete de largo. Los miembros de la brigada introdujeron el paquete en una bolsa especial que fue izada al exterior. La médico forense examinó el envoltorio que cubría el cadáver y tomó algunas fotografías. Posteriormente, la juez ordenó del traslado del cuerpo al Instituto de Medicina Legal de Donostia, al objeto de que se le practicara la autopsia. El resultado no ha trascendido.
Una cartera
Fuentes de la investigación señalaron que junto al cadáver, los equipos de rescate hallaron una cartera con documentación relativa a un hombre de 64 años, vecino de Erandio, Ignacio P.H., cuya denuncia de desaparición fue interpuesta el pasado 12 de junio.
A falta de que la autopsia confirme la identidad, fuentes policiales consultadas expresaron ayer su convencimiento de que la documentación recuperada de la sima se corresponden con el cadáver encontrado. No obstante, admitieron que la «última palabra» la dirá el instituto forense, donde un equipo médico practicó ayer la autopsia. Algunas pertenencias de la víctima han sido recogidas para que sean examinadas por la familia.
Las fuentes citadas indicaron que el cuerpo se encontraba en avanzado estado de descomposición. La situación de deterioro que presentaba lleva a los investigadores a estimar que podría haber fallecido hace unas siete semanas, por lo que coincidiría con la fecha en la que fue denunciada la desaparición del vecino de Erandio.
Las investigaciones policiales hasta el momento practicadas mantienen abiertas todas la hipótesis sobre el móvil del presunto acto criminal. No obstante, parece tomar peso la hipótesis de que el fallecido podría haber sido víctima de un ajuste de cuentas relacionado con el tráfico de sustancias estupefacientes. En este sentido, Ignacio P.H. poseía algunos antecedentes policiales relacionados con esta actividad ilícita.
Al parecer, la víctima era de costumbres fijas y prácticamente todos los días frecuentaba los mismo lugares. De ahí que su desaparición, sin previo aviso, causara gran extrañeza en su entorno más próximo. La última vez que se le vio con vida fue en un bar en compañía de una mujer.
Fue arrojado al vacío
Aunque en un primer momento los tres espeleólogos que encontraron el cadáver consideraron que todo hacía creer que el cuerpo envuelto en la lona fue descolgado por la sima mediante unas cuerdas, los especialistas en rescate de la Er-tzaintza se inclinaban ayer por pensar que fue arrojado al vacío desde la misma boca de entrada. Los expertos sustentan esta afirmación, por un lado, en que el material que cubría el cuerpo tenía algunas rasgaduras que, de haber sido deslizado, no las presentaría.
Asimismo, opinaron que de haber sido descolgado, uno de los autores habría tenido que descender para soltar la cuerda o la tuvieron que arrojar. Esta segunda probabilidad resulta imposible, ya que en el lugar no ha sido hallada soga alguna. «Existe una tercera posibilidad: que hubiesen empleado una cuerda de doscientos metros de longitud y que una vez depositado el cuerpo en el rellano, la recuperaran tirando desde uno de los extremos. Pero no parece muy probable que lo hicieran así», afirmó uno de los miembros del grupo de rescate.
De lo que sí están seguros es de que en el traslado del cuerpo desde la carretera hasta la sima han intervenido, por lo menos, dos persona. «El cuerpo pesaba mucho. Uno solo no podría», manifestó un ertzaina. Además, concluyen que «alguno» de los autores era buen conocedor de la zona.