DV. Los sones del 'Agur Jaunak' estuvieron dedicados ayer a dos jóvenes guardias civiles asesinados por ETA. La escena se vivió en el Parlamento Vasco y se completó con una ofrenda floral con sus nombres, Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada, y dos grandes fotografías que presidieron el homenaje.
La Cámara vasca ha institucionalizado desde el pasado año los actos en recuerdo a las víctimas mortales de los atentados y ayer volvió a cumplir con este cometido por quinta vez. Todos los partidos representados en la Cámara, sin excepción, respaldaron el acto, aunque el periodo estival provocó que la asistencia fuera menor y que los principales responsables políticos no acudieran, entre ellos el lehendakari Patxi López. Tampoco hubo presencia de familiares de los dos agentes.
La representación de los fallecidos corrió a cargo de un grupo de mandos de la Guardia Civil, respaldados por varios responsables de la Policía Nacional y agentes de la Ertzaintza. Con pocas ganas de hablar, «de uniforme no podemos hacer declaraciones», los agentes del instituto armado, se mostraban satisfechos por este reconocimiento de la institución parlamentaria. «Ahora nos sentimos bastante más arropados por la sociedad vasca y actos como éste ayudan mucho más, nos parece positivo», admitía uno de los guardias civiles. Los agentes recibieron el saludo cariñoso de la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga, la lehendakari en funciones, Isabel Celaá, y el consejero de Interior, Rodolfo Ares. También estuvieron Andoni Ortuzar (PNV), José Antonio Pastor (PSE), Iñaki Oyarzábal (PP), Ain-tzane Ezenarro (Aralar), Pello Urizar (EA), Serafín Llamas (EB) y Gorka Maneiro (UPyD), y los consejeros Carlos Aguirre (Economía) y Bernabé Unda (Industria), entre otros. Todos ellos guardaron a mediodía quince minutos de respetuoso silencio. Antes, se habían concentrado en el exterior del Parlamento junto a un centenar de personas.
Deuda histórica
«La lástima es que hace muchos años que se tenía que haber estado haciendo estos homenajes, pero es digna de encomio la actitud del Parlamento. Se va notando que cada vez hay más apoyo, afortunadamente», añadía un policía nacional que acudió a solidarizarse con sus colegas.
La solidaridad entre policías presidió la ofrenda floral junto a las fotos de Salvá y Sáenz de Tejada en la escultura 'Brújula en la oscuridad', que presidente la entrada principal de la Cámara de Vitoria en recuerdo a las víctimas. Las flores fueron depositadas por dos guardias civiles flanqueados por dos ertzainas.
La presidenta del Parlamento Vasco cerró el acto de homenaje leyendo la declaración de condena aprobada por unanimidad por los portavoces de la Cámara el pasado jueves, tras el doble asesinato. El texto, en euskera y castellano, fue también suscrito por los sindicatos UGT, CC OO y USO, y las patronales Confebask, Adegi (Gipuzkoa), Cebek (Vizcaya) y SEA (Álava).
El breve manifiesto de la Cámara condena el «brutal atentado» cometido «vilmente» por ETA y muestra su cariño, cercanía y solidaridad a los familiares de los guardias civiles fallecidos, así como a sus compañeros de la Guardia Civil y al conjunto de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Quiroga entregó un pergamino con la declaración al general de la Guardia Civil Miguel Castro, que estuvo acompañado por los jefes de las comandancias de los tres territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y por el jefe superior y el subjefe de la Policía Nacional en Euskadi. A continuación, la presidenta del Parlamento ofreció una recepción privada en una sala del hemiciclo a los mandos policiales y a varias víctimas del terrorismo que también respaldaron el acto de ayer en Vitoria.
Entre ellas estaban Maixabel Lasa, directora de la oficina del Gobierno Vasco de Atención a las Víctimas y viuda del ex gobernador civil de Gipuzkoa, Juan María Jáuregui; y Josu Puelles, hermano del que hasta ahora era el último asesinado por ETA, el policía Eduardo Puelles. «Deseaba que fuera el último de la lista, pero la verdad es que esperanza, tenía poca», confesaba.
Josu revivió ayer las mismas sensaciones del pasado 22 de junio, cuando en el mismo sitio, él fue el encargado de leer una declaración de agradecimiento a los partidos y la sociedad por la respuesta contra el asesinato de su hermano.
«Hemos venido para mostrar la solidaridad hacia la familia y la institución. Sabemos que el dolor es inconsolable, que no hay palabras que consuelen, pero lo llevamos dentro», explicaba Josu, er-tzaina de profesión, mientras su hermana, emocionada, asentía.
«Activar» a la sociedad
El hermano del agente fallecido en Arrigorriaga se refirió a los cincuenta años de ETA y señaló que si fuera «una empresa privada hubiera quebrado porque no ha logrado ninguno de sus objetivos en cincuenta años, sólo ha logrado sembrar muerte. Su degradación se ve clara. Han pasado a ser Euskadiko Terrorista Aber-tzaleak», sentenciaba.
En un momento, en pleno verano, en que parece más difícil la movilización social, Josu Puelles, tiene claro que la sociedad vasca debe ser «activa». «No nos podemos cruzar de brazos en la playa, sino decir que no queremos tejer nuestro futuro con hilos ensangrentados con la sangre de estos guardias civiles, mi hermano o Isaías Carrasco o la de Inaxio Uria», agregó. También lanzó un mensaje a los políticos, en especial al nacionalismo y al PNV, al señalar que mientras ETA siga matando «no caben ni planes soberanistas, ni cambios del Estatuto mientras las cosas sigan como están, y eso la sociedad se lo tiene que decir a los responsables políticos, sobre todo a los que se jactan de tener las mayorías electorales en el País Vasco».
Los congregados abandonaron el hemiciclo con la esperanza de no volver a tener que realizar más homenajes. Para ello, los agentes de la Guardia Civil tienen claro lo que deben hacer. «La moral del cuerpo está bien. Ahora tenemos que hacer lo que hemos estado haciendo siempre. Luchar. Vamos a seguir luchando».
En la misma línea, sus compañeros de la Policía, señalan que el camino es el que ha marcado «su majestad el Rey: Darles en la cabeza hasta acabar con ellos», concluía un agente del cuerpo.
Los actos de recuerdo a los agentes continuaron ayer con el funeral en la catedral de Burgos a Carlos Sáenz de Tejada, natural de esa localidad. El funeral, al que asistió la familia del joven asesinado y sus amigos, fue oficiado por el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, y una treintena de sacerdotes. «La muerte de Carlos ha afectado a toda la sociedad y con ella todos hemos muerto un poco», recordó el prelado burgalés.