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«Sólo en Madrid hay el doble de abogados que en Francia»

DOMINGO ARIZMENDI

«Sólo en Madrid hay el doble de abogados que en Francia»

El decano de los letrados reconoce que la crisis económica también está afectando a la abogacía

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Domingo Arizmendi lleva camino de agotar su segundo mandato al frente del Colegio de Abogados de Gipuzkoa. El año próximo cederá el testigo a algún compañero. Recientemente, el colegio celebró su junta general. Arizmendi realiza un análisis de la situación en la que se encuentra la profesión y de los problemas de la justicia.
- Lleva ya siete años al frente del Colegio de Abogados de Gipuzkoa. ¿Cuál ha sido la evolución que durante su mandato ha experimentado la profesión?
- La abogacía en general ha evolucionado muchísimo. Además del torbellino legislativo, se han aprobado normas muy importantes que afectan de manera directa a la profesión, tales como la Ley de Sociedades Profesionales o la de laboralidad de los abogados, en la que precisamente intervine. Por lo que a Gipuzkoa respecta, la evolución y los problemas han sido muy parecidos a los de otros lugares de España.
- La masificación es uno de ellos.
- En efecto. En España, hay unos 120.000 ejercientes y en Gipuzkoa somos 1.700. Por ofrecer un dato comparativo, sólo en Madrid se contabilizan 45.000 letrados, el doble de los que hay en toda Francia y el mismo número que en el Reino Unido. Es un claro indicio de que la profesión está masificada.
- La actual crisis económica ¿en qué medida está afectando también a la profesión?
- En gran medida. En contra de lo que la gente piensa, que cuanto más se agudiza la crisis, surgen más problemas y hay más trabajo para los abogados, lo cierto es que eso no es así. En el turno de oficio, por ejemplo, sí que hay más trabajo. Al ser gratuito, la gente reclama más. Y sin embargo en la parte de prestación de servicios, el cliente se lo piensa.
-¿Qué especialidades de la abogacía están sufriendo con mayor intensidad la actual crisis?
- Se ha apreciado un descenso general de la actividad. Sin embargo, hay parcelas, como la de los laboralistas, que estamos un poco en la salsa, con regulaciones de empleo, convenios colectivos, concursales... Algunos están a tope, pero otros, como los que llevan las operaciones mercantiles, derecho civil y societario, han descendido. En esta época de crisis, la gente se lo piensa dos veces antes de acudir a un abogado porque le va a costar dinero.
- En esta coyuntura, ¿a quién afecta más, a los grandes despachos, a los medios o a los pequeños?
- Básicamente a todos. Los grandes despachos pueden compensar las áreas en las que hay más actividad, como laboral o concursal, que ahora están tope, con otras que tienen menos trabajo. No obstante, los grandes despachos también están pensando en cómo reducir personal, aunque es cierto que todo lo grande puede aguantar más el tirón. En los despachos pequeños, los laboralistas están echando humo, pero los que se dedican a mercantil o a fusiones de sociedades lo estarán pasando muy mal. En los bufetes medios, la situación es igual.
- Y en esta tesitura de crisis y masificación de la abogacía, ¿cómo se presenta el futuro de la profesión?
- Hay un dato que cuando menos invita al optimismo. Hace diez años salían de las facultades de Derecho en torno a unos 20.000 licenciados al año. Ahora, la cifra se ha reducido a la mitad. Por lo tanto, a corto plazo se producirá un reajuste de plantilla simplemente porque van a ser 10.000 menos los abogados que se incorporen al mercado de trabajo.
- Hay rumores de que la colegiación obligatoria está siendo puesta en cuestión.
- Efectivamente. Hay una serie de expectativas inquietantes. El Tribunal de la Competencia está entendiendo que la colegiación obligatoria es susceptible de ser interpretada como una falta de libertad. En nuestra profesión esta interpretación es muy complicada. Por ejemplo, ¿quién va articular el control de esa parte tan importante en la actividad jurídica como es el turno de oficio?
- Se habla en este sentido de externalizar el servicio.
- En Madrid y Barcelona han hecho ya algunos guiños a esta iniciativa. Se ha hablado de sacarlo a concurso, de adjudicarlo a algunos bufetes. Sacar fuera de los colegios el turno de oficio es inasumible. Tendríamos una batalla campal. Para el ciudadano es toda una garantía que sea el colegio profesional el que controle esta actividad y no un despacho o un servicio de una comunidad que, a su vez, lo tendría contratado en base a un precio. La externalización supondría, con toda seguridad, un deterioro de la calidad. Recientes estudios han revelado que el 80% de las personas que han sido atendidas por en el turno de oficio afirma que han sido «bien» o «muy bien» asistidas. Es una parcela muy importante en los colegios y que se cuida mucho.
- ¿Cuántos letrados hay en el turno de de oficio?
- En España se calcula que hay unos 35.000 letrados inscritos, casi uno de cada tres. Es un servicio muy importante. De todo lo que la justicia mueve, el 10% es de oficio. Es una prestación que los colegios debemos mimar, ya que se trata de garantizar derechos fundamentales y, además, los de los más débiles.
- ¿Cuánto cobra un letrado por el turno de oficio?
-La retribución media de una asistencia de oficio es de 208 euros. Hay asuntos que concluyen en una horas, pero otros no. Es una retribución baja.
- Afirma usted que el abogado de oficio está bien valorado. ¿Pero la actividad en general de la abogacía está igualmente bien valorada?
-En general, el ciudadano tiene poca opinión sobre la abogacía. Ha sido un gremio históricamente bastante selectivo y la gente es bastante reticiente con la profesión. Yo diría que somos poco conocidos. Los colegios hemos de abrirnos más, estamos al servicio de los ciudadanos. No obstante, la gente, en general, habla bien de su abogado. Y es lógico, nadie va a estar con un abogado en el que no confía. Es decir, igual no se tiene una muy buena opinión de la abogacía, pero sí de la persona que le asiste.
- Tampoco la ciudadanía tiene una buena opinión de la justicia.
-Tiene una muy mala opinión sobre algunos aspectos de la justicia. No entiende la lentitud, que haya procesos, como un desahucio, un divorcio... que duren años, cuando se podían ventilar en muchos menos, aunque también es cierto que determinados procesos, como el de 11-M por ejemplo, necesariamente deben ser largos. La lentitud se atribuye a una falta de organización, pero es que aún tenemos medios del siglo XIX. En ningún otro sitio más que en los juzgados se ven esas montañas de archivos.
- (...)
- Sin embargo, al igual que sucede con los abogados, la gente no tiene una mala opinión de los jueces. La ciudadanía confía en los jueces, con un matiz: la politización. Vemos cómo los partidos políticos juegan con la justicia como arma arrojadiza. Es una mala práxis y transmite un mensaje confuso de falta de imparcialidad cuando los abogados sabemos que los jueces son imparciales, objetivos y muy accesibles. Cuando las personas vinculan a unos jueces con determinados partidos, la cosa se complica. Es un tema de mala solución, toda vez que la cúpula de la justicia está ligada con el Parlamento.
-¿No cree que hay demasiados jueces sustitutos?
-Hay un colectivo de sustitutos muy importante, excesivamente importante. El colectivo de jueces se calcula en unos 4.300. El Consejo General de la Abogacía dice que tiene que haber el doble. Además, el tema de las sustituciones es crónico. Cuando el sustituto deja de ser fijo, es delicado y cuando además no es un buen sustituto, es mucho más conflictivo.
- Algunos compañeros suyos afirman que en no pocas ocasiones el nivel jurídico de los letrados intervinientes en una vista es infinitamente superior al de la persona que debe de hacer justicia. ¿Qué sensación les invade en esos instantes?
- De incomodidad. Este tipo de situaciones da origen a comentarios que hacemos con nuestros clientes, que resultan hasta improcedentes, tales como 'esto es un cara o cruz'. ¿Cómo una sentencia puede ser un cara o cruz? Precisamente por ello, ante estas dificultades, cada vez son más los asuntos que se solucionan en los despachos, entre los abogados que intervenimos. Diría que son más de la mitad. Cuando un proceso se lleva honesta y sensatamente, llegas a una justicia entre particulares. El inconveniente en estos casos es que, por lo general, los dos clientes se van molestos. Uno piensa que ha pagado mucho y el otro que ha cobrado poco. No obstante, debo decir que cuando esto sucede es síntoma de que el arreglo ha sido bueno. No es el cara o cruz del que hemos hablado.
- Han mantenido ya algún contacto con el nuevo Gobierno Vasco?
-Sí, nos reunimos el pasado día 16 con el viceconsejero de Justicia, Txema Fínez que, quizás, por su condición de magistrado, es más cercano a los problemas de la Justicia. Nos presentó a todo su equipo. Lo que agradecimos mucho fueron las formas. Con el equipo anterior, cada vez que íbamos a Vitoria teníamos nuestros chispazos. Fínez ya nos dijo de entrada que, debido al recorte presupuestario, no nos podría dar más dinero, pero sí prometió que pagarán puntualmente, algo que hasta ahora no se venía haciendo. Nos pidieron también colaboración para la nueva oficina judicial. El trato fue muy cercano, abierto y sincero.
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Txomin Arizmendi, en su despacho. /ARIZMENDI
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