ETA podría haber utilizado de nuevo el mismo sistema de «bomba lapa multipropósito» que sesgó la vida al inspector Eduardo Puelles, el pasado 19 de junio, en Arrigorriaga. Las fuerzas de Seguridad trabajan sobre esta hipótesis por el estado en el que quedó estacionado el vehiculo y lo poco que se desplazó antes de explosionar. Apenas se movió un metro del sitio en el que estaba aparcado.
Al igual que la bomba lapa que mató a Puelles, ayer el artefacto se detonó con un movimiento ínfimo, circunstancia ésta inédita en las «lapas» de ETA hasta no hace mucho. El artefacto que mató al inspector, según los restos recogidos y el daño provocado, era «mucho más potente y sofisticado» que las bombas lapa que ETA había usado sin éxito antes, en los intentos de asesinato del escolta Gabriel Ginés, el 9 de octubre de 2007, y del policía bilbaíno que el 16 de septiembre pasado recorrió diez kilómetros sin que estallara la «tartera» que llevaba adosada en el coche.
Esta sofisticación avala la tesis de la llegada de un nuevo especialista a la organización y evidenciaría, según los expertos, una vuelta de tuerca más de ETA y su apuesta por la crueldad como colofón a un supuesto debate interno abierto en su cúpula en los últimos meses. ETA habría optado por una huida hacia adelante para tratar de responder a las constantes caídas policiales de sus comandos y subyugar la discusión política interna.
A la espera de que se concreten las investigaciones policiales en los próximos días, la bomba que mató ayer a los dos guardias civiles y que también acabó con la vida de Puellas, podría ser la que busca quemar vivas a las víctimas dentro de sus coches, pero que no es, ni mucho menos, infalible, y de la que se puede escapar sabiendo cómo reaccionar, según esas fuentes.
Difícil de detectar
La denominación «multipropósito» responde a que tienen como objetivo provocar un incendio, deformar el vehículo para evitar que se puedan abrir las puertas y la víctima muera calcinada. Según los servicios de Información, estos artefactos han sido ideados hace dos años en Francia y es made in ETA, ya que no se conocen antecedentes de ingenios similares en organizaciones terroristas internacionales.
Los terroristas diseñaron este artefacto de manera generalizada y comenzaron a repartirlo entre los comandos después de que en 2007, un talde robara en la planta química de Saint-Etienne 2.000 litros de nitrometano, un combustible de aeromodelismo altamente inflamable. Esta sustancia es básica para redoblar la explosión y provocar un incendio después de que estalle la lapa cebada con dos o tres kilos del clásico amonal (nitrato de amonio y polvo de aluminio).
La nueva bomba, explican los informes policiales, nace con el propósito de ser mucho más difícil de detectar que la tradicional lapa que colocaban en el paso de la rueda delantera izquierda y que era bastante visible durante una somera inspección.
La lapa «multipropósito» comparte con su predecesora que se activa por un sistema detector de movimiento (péndulo o mercurio). Pero hasta ahí las similitudes. La nueva bomba se oculta bajo los bastidores, entre el depósito de gasolina y el hueco de la rueda de repuesto, donde no puede ser detectada a simple vista; sólo puede ser descubierta metiéndose físicamente bajo el vehículo, con un espejo de brazo largo o en un foso de taller.
Los expertos del Ministerio del Interior han encontrado fórmulas para detectarlas y han repartido instrucciones de autoprotección, ya que estas nuevas lapas no son siempre mortales,pero tanto en Arrigorriaga como ayer en Palmanova ETA consiguió el resultado que buscaba.