Con absoluta puntualidad, la txalupa Brokoa arribó a la una del mediodía de ayer al pantalán de Zumaia, donde echó el ancla a ritmo de trikitixa y sus tripulantes fueron recibidos con un «ongi etorriak Zumaiara». Unas horas antes, la Brokoa había salido de Lekeitio, completando así la cuarta etapa de la ruta del hierro de este año. Hablando con propiedad, el cuarto cabotaje, ya que uno de los objetivos de esta iniciativa que se puso en marcha el pasado año es recuperar la memoria de esa técnica tradicional de navegación que supone ir de puerto en puerto, navegando de día y siempre con la costa a la vista.
El otro objetivo, indisociable del anterior en la medida en que ambas actividades estaban estrechamente ligadas y vivieron tanto su esplendor como su declive de modo prácticamente simultáneo, es recordar qué camino recorría, desde la zona minera de Vizcaya, el mineral de hierro -la vena- que abastecía a las ferrerías tanto de Cantabria como de Gipuzkoa, o incluso a ferrerías legendarias como la del Monasterio de Urdax-Urdazubi, en Navarra, donde también este año finalizará, el próximo sábado, el viaje de una expedición que partió de Portugalete el pasado día 25.
Basándose en la más que satisfactoria experiencia del pasado año, este 2009 han navegado sobre las dos rutas del cabotaje del hierro. Partiendo de Portugalente y Pobeña, adonde llegaba el mineral extraído de las minas de las Encartaciones, comenzaron con la ruta occidental, dirigiéndose hacia las ferrerías cántabras y terminando la primera etapa en Castro-Urdiales. Posteriormente, pusieron rumbo al este, tocando varios puertos vizcaínos. Zumaia es este año el único puerto guipuzcoano que tocarán, ya que hoy al mediodía partirán hacia San Juan de Luz.
Gonzalo Dúo, etnógrafo, es el coordinador de esta iniciativa organizada por la asociación Itsas-Begia de la localidad labortana, por Eusko Ikaskuntza y la RSBAP, que cuenta con el patrocinio de las diputaciones de Gipuzkoa y Vizcaya y el Ayuntamiento de Urdazubi y la colaboración de los municipios en los que hace escala. Una colaboración que, entre otras cosas, se plasma en el cálido recibimiento que están recibiendo los expedicionarios en todos los puertos. Zumaia, evidentemente, no fue una excepción. Y su presencia en la ruta del Brokoa estaba más que justificada...
Villa fundada en 1347, Zumaia ha estado ligada desde sus inicios a la pesca y la construcción naval, así como al negocio del hierro, con las potentes ferrerías de Narrondo y Yarza en el siglo XVI. Mención aparte merece la cercana rentería de Bedua (Zestoa), donde se trabajaba sobre el mineral llegado de las minas de Mutiloa-Zerain. En Bedua aún se conserva el edificio de la lonja y la rentería y hay restos de un astillero que tuvo gran actividad en la Edad Media, ya que fue un embarcadero obligado para todas las ferrerías de la cuenca del Urola (Zestoa, Azpeitia, Azkoitia, Zumarraga y Legazpi).
Para entender el presente
Itsas-Begia, una asociación creada para conservar el patrimonio marítimo vasco y recuperar la cultura tradicional de la pesca, la navegación y el transporte. Según Gonzalo Dúo, mediante esta ruta quieren «que la historia siga en mente de todos, para poder entender cómo ha sido posible llegar al lugar y a la situación en la que nos encontramos en la actualidad».
Es indudable que la historia de Gipuzkoa se encuentra estrechamente relacionada con el comercio del hierro, ya que la transformación de ese mineral ha sido durante siglos uno de los principales motores económicos del territorio.
Además de disfrutar con la música y el espectáculo y de celebrar la llegada con un buen txakoli, todos los que se acercaron a recibir al Brokoa pudieron ver cómo se realizaba la descarga del mineral de hierro en los puertos, porque la expedición tiene un fin fundamentalmente divulgativo, y la llegada de la txalupa a los puertos va acompañada de conferencias y actividades que permiten ver más allá de la pintoresca estampa de la nave y sus tripulantes, todos ellos miembros de Itsas-Begia. Ayer en Zumaia, tras una pequeña demostración y una breve explicación, la tripulación se dio un respiro para, a las siete de la tarde, llegar a la rentería de Bedua, que ejercía de embarcadero de gran ferrería de Iraeta, una de las múltiples ferrerías que jalonaban todo el curso del río Urola.
El mar, imprescindible
Pero gran parte de esa historia gloriosa que se desarrolló en tierra se gestó en el mar, imprescindible tanto para hacer llegar el mineral a las ferrerías como para exportar su producción antes de la llegada de las máquinas de vapor.
Y ahí es donde entra en escena el cabotaje, una práctica marítima que hizo fortuna desde la Edad Media hasta la mitad del siglo XIX. Esta navegación a vela y remo permitió durante siglos el transporte del mineral extraído en las minas vascas (especialmente de las Encartaciones vizcaínas) hasta Aquitania, Bretaña, Normandía, Borgoña, Flandes y el sur de Inglaterra e Irlanda. Dado que el viaje debía hacerse en pequeñas singladuras, los puertos guipuzcoanos eran punto de paso obligado para las embarcaciones.
El Brokoa que ayer revivió la experiencia del cabotaje en Gipuzkoa es una réplica exacta aunque ligeramente mejorada de una lancha cubierta al estilo vizcaíno del siglo XIX, con sus casi 14 metros de eslora, sus 3 metros de manga, sus dos velas al tercio y sus seis remos por banda. Esta txalupa handi fue construida en 1992 por Itsas Begia en Sokoa según los planos del Astillero Mutiozabal de Orio, que se conservan en el archivo del Aquarium donostiarra.
Como recuerda Gonzalo Dúo, los ciclos culturales de la navegación a vela y las ferrerías se extinguieron a la vez, sometidas al poder de la máquina que fue la seña de identidad de la industrialización, a mediados del siglo XIX. La recuperación histórica que propicia una iniciativa como El cabotaje del hierro de Vizcaya, por lo tanto, es doble.
Un hierro 'exquisito'
Gonzalo Dúo destaca que el mineral de hierro que transportaba el Brokoa al llegar al puerto de Zumaia «es un mineral que se funde a unos 700 u 800 grados, un hierro exquisito, uno de los mejores que se podía vender y utilizar en aquella época. Englobado en una economía de trueque, el hierro era intercambiado por dinero en metálico, lo cual hacía posible que luego los tripulantes pudieran acceder a otro tipo de bienes». A lo que accedieron ayer los tripulantes del Brokoa fue a un merecido descanso, que a partir de mañana se prolongará durante otros dos días, mientras preparan la última etapa, esta vez por tierra, que pondrá el mineral en manos del abad del monasterio de Urdax. Evidentemente, previo pago de su importe...