Se palpaba la emoción desde la entrada del Kursaal: el ambiente de las grandes ocasiones, el nerviosismo de quienes desde su más tierna juventud han vivido con las canciones de James Taylor y tantas veces han encontrado refugio en ellas. No había habido ocasiones de escuchar en directo a uno de los grandes cantautores americanos. Se prodiga poco en Europa, menos aún en España y nunca había estado en San Sebastián y alrededores. Y aunque, por lo tanto, el público estuviera entregado a priori, él se ganó a pulso las ovaciones, los bravos, las sonrisas y las lágrimas.
Dio lo máximo: estuvo simpático y guasón pero no empalagoso, físicamente en plena forma, con su característica voz impecable como si no hubieran pasado los años, degustando cada estrofa, con un repertorio plagado de grandes éxitos pero sin piloto automático, y con una banda exquisita, plena de alma y precisión. El mensaje de You've Got a Friend, canción de Carole King que él popularizo, con su promesa de amistad, fue el espíritu de la velada: quienes esperaron durante años a James Taylor, se lo encontraron como a un viejo amigo que te abraza en emotivo reencuentro.
Desde el inicio acústico con Secret O'Life se intuyó que iba a aflorar lo mejor de su repertorio, y sobre todo esos medios tiempos intimistas, confesionales, que Taylor ha patentado con su subyugante voz. Pero enseguida mostró otra de sus grandes facetas, las versiones, y su querencia por el soul, acudiendo a Holland-Dozier-Holland. Para entonces ya estaban en escena los tres magníficos coristas, que junto a una banda de músicos tan ilustres como Steve Gadd y Larry Goldings, se completaban los materiales con los que Taylor iba a construir su impecable concierto. Siguieron otros clásicos melódicos como Don't Let Me Be Lonely Tonight, Everyday o Mexico. Y Carolina In My Mind, claro, que recordó haber compuesto en Formentera en 1968, en plena añoranza del hogar.
No hubo lugar para la monotonía: Taylor variaba continuamente de matices, con esos otros estilos que le han influido, del gospel a un blues con el que tomó la eléctrica, moduló su voz torciendo la mandíbula y dio sorprendentes saltos. Y más temazos gloriosamente interpretados: Sweet Baby James, Fire and Rain, Up on the Roof... Pero un emocionante You've Got a Friend, con el público coreando en susurro, fue el top de la noche, antes de la despedida con Your Smiling Face. Hubo bis, claro, no había otro remedio con un público que aullaba y aplaudía a rabiar. La otoñal Walking Man, y el grandioso clásico soul How Sweet it is(To Be Loved By You), con todo el mundo en pie. Algunos de la primera fila consiguieron autógrafo y estrechamiento de manos. Todos los demás, lo mejor que podían esperar de un clásico en plena forma.