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RSS | ed. impresa | Regístrate | 16 marzo 2010

Gipuzkoa

RAFAEL DE BENITO PSIQUIATRA

«Hay que distinguir los trastornos mentales de pseudopatologías como el síndrome postvacacional»

21.07.09 -

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«Se tiende a usar el psicofármaco para aliviar cualquier malestar»
El psiquiatra Rafael de Benito. /JOSE MARI LÓPEZ
Depresión, ansiedad, esquizofrenia... Las enfermedades neuropsiquiátricas suponen uno de los retos de este siglo. El psiquiatra Rafael de Benito habló de este desafío sanitario y social en una charla organizada por Agifes, la Asociación Guipuzcoana de Enfermos Psíquicos.
- En 2006 el 15% de la población vasca estaba recibiendo tratamiento con psicofármacos. ¿No es mucha gente?
- Sí, es mucha gente, pero la realidad es así. A juzgar por el aumento de la prevalencia de las enfermedades mentales, es probable que el porcentaje vaya en incremento. Además, hay una tendencia a usar el psicofármaco como un modo para aliviar cualquier tipo de malestar.
- ¿Estamos patologizando contratiempos de la vida diaria?
- Sin duda. El síndrome postvacacional, la astenia primaveral... Por ejemplo este tipo de pseudopatologías, esos malestares cotidianos, hay que distinguirlos de los auténticos trastornos mentales.
- ¿Tomamos fármacos sin que realmente nos haga falta?
- Hoy día, ante cualquier problema de insomnio, por ejemplo, se puede tomar un hipnótico sin ningún problema. Además, tenemos la suerte de que los psicofármacos actuales son enormemente seguros y fiables. Así que para solucionar un problema que se podría resolver quizás cambiando los hábitos de vida, intentando hacer algo más de ejercicio o llevando un estilo de vida más saludable, se recurre al fármaco.
- Vamos a lo fácil.
- Eso es.
- Otra cuestión son las personas que realmente necesitan ayuda. ¿Cuáles son las enfermedades más comunes?
- La depresión o la ansiedad, por ejemplo. En cuanto a la depresión, hay algunos estudios que indican que el 8% de la población tiene o está teniendo un episodio depresivo. Además, un 15% de las personas a lo largo de su vida va a acabar teniendo un episodio depresivo, lo cual indica una prevalencia importante. En los trastornos por ansiedad la incidencia se dispara; según algunos estudios, afecta a uno de cada tres o a uno de cada cinco personas. Luego hay trastornos diferentes, más graves, afortunadamente menos frecuentes pero también muy numerosos, como la esquizofrenia, que afecta al 1% de la población y es uno de los trastornos mentales más severos.
- ¿Dónde está la barrera entre sentir tristeza y estar deprimido?
- Hay que distinguir bien lo que son fenómenos normales con los que son patológicos. Tanto la tristeza como la ansiedad son fenómenos normales, que en sí mismo no son patológicos. Normalmente la ansiedad y depresión patológicos se acompañan de otros síntomas, como la pérdida de sueño, de apetito, de peso, pérdida absoluta de interés por las cosas, de la capacidad de disfrutar... Es un conjunto de síntomas, es algo más que sentirse cansado o triste. Otra característica es la persistencia. Normalmente un paciente depresivo no está un día bien y mal al siguiente. Está igual de mal casi todos los días y casi todo el tiempo.
- ¿Y la ansiedad?
- Un modo de distinguirlo es que no tenga una razón de ser; hay pacientes que sufren ansiedad sin que exista una razón para que se sientan así. La segunda característica de la ansiedad patológica es la desproporción: sí existe una razón, pero la ansiedad es excesiva, demasiado intensa. Y la tercera es que para defenderse de esa circunstancia el paciente utilice mecanismos de defensa que son perjudiciales. Por ejemplo, la evitación, porque al no afrontar esa serie de circunstancias al final acaba por complicar todavía más el cuadro.
- ¿De qué tipo de situaciones estaríamos hablando?
- Por ejemplo hay personas, las que padecen la denominada fobia social, que sienten una ansiedad intensísima, desproporcionada ante cualquier situación que implique una exposición a las relaciones sociales, normalmente por el miedo a que las personas que están en contacto con ellos les juzguen mal, tengan malos pensamientos, tengan mal concepto... Entonces ahí es muy habitual evitar el contacto social: se van aislando y en un mundo como el nuestro, en el que estamos prácticamente obligados a relacionarnos con las personas, eso puede ser muy grave.
- Antes ha mencionado la esquizofrenia. ¿Estamos preparados para afrontarla?
- Afortunadamente, contamos con fármacos cada vez más perfeccionados, mejores y con menos efectos indeseables y más beneficiosos. Los profesionales también están mucho mejor formados para atender este tipo de problemas. Y se van dotando progresivamente de recursos imprescindibles, de apoyo social. Por ejemplo, trabajos protegidos, centros de día... ámbitos en el que Agifes realiza un trabajo importante. También por parte de Osakidetza se está dotando de medios para tratar a este tipo de personas. Aunque queda mucho por hacer, creo que se ha ido generando una estructura asistencial bastante favorable para la evolución de estos pacientes.
- ¿Cuáles son las causas de la esquizofrenia?
- Como en casi todos los trastornos mentales, la esquizofrenia se debe a un conjunto de causas. Hay factores genéticos, que son muy importantes, porque la carga genética de la esquizofrenia anda en torno al 60%. Tiene mucho peso pero la genética no lo explica todo. Hay factores que afectan a los pacientes a lo largo de su vida que pueden hacer que esa predisposición genética se incline hacia un lado u otro. Se trata de distintos factores, que pueden ser orgánicos, como por ejemplo problemas en el embarazo, en el parto, infecciones neonatales... o también factores como el consumo de drogas.
- ¿Actúan como desencadenante?
- Se sabe que la droga no es el origen de la esquizofrenia, pero sí puede ser un desencadenante y puede ser un factor que empeore la evolución del trastorno.
- Este trastorno suele manifestarse en edades bastante tempranas. - Normalmente comienza en el inicio de la adolescencia. Los primeros episodios esquizofrénicos tienen lugar entre los 15 y los 25 años.
- ¿Cuáles son los síntomas que deben encender las alarmas?
- Normalmente suele haber un deterioro progresivo en el comportamiento del individuo: empiezan a retraerse, a evitar el contacto social, a veces hay una inversión del ritmo del sueño, están más despiertos durante la noche que de día, abandonan sus relaciones, sus actividades habituales, pueden tener cambios bruscos en su humor, sobre todo en el sentido de la irritabilidad, de la depresión, y en algunos casos empiezan a expresar ideas extrañas, se comportan de una manera que da idea de que están experimentando fenómenos extraños como, por ejemplo, alucinaciones, delirios... Pueden bajar las persianas porque creen que alguien les está vigilando, pueden comentar ocasionalmente que les están filmando, que la gente de la calle les observa... Todo estos indicios pueden hacer pensar que la persona está experimentando el inicio de un brote psicótico.
- Una persona con este trastorno bien tratada, ¿qué nivel de autonomía puede lograr?
- Puede tener una vida normal. Desgraciadamente, no son muchos los pacientes con esquizofrenia que consiguen una vida completamente autónoma, con su pareja, con su familia, con su trabajo, pero sí es cierto que muchos de ellos, gracias al tratamiento y a la asistencia, pueden llevar una vida plenamente normal y pueden ser razonablemente autónomos. La esquizofrenia es una enfermedad que amenaza de por vida; no es posible curarla, en el sentido de hacerla desaparecer por completo, pero si el tratamiento se respeta, se siguen las indicaciones y se recibe el apoyo adecuado, sí se puede llevar una vida autónoma.
- ¿La sociedad aún conserva prejuicios hacia la enfermedad mental?
- Sí. Creo que todavía se tienen prejuicios y ahí los medios de comunicación tienen mucha labor que hacer. A veces se emplean términos genéricos como perturbado, alienado o enfermo mental para hablar de hechos violentos, de sucesos negativos. Hablando de una manera tan inespecífica no se está aclarando qué tipo de problema es el que tiene esa persona. La mayor parte de los asesinos en serie no son en realidad enfermos mentales, sino personas con un trastorno de personalidad. Si no somos suficientemente precisos se transmite una idea falsa de la enfermedad mental. Sí que existe un cierto prejuicio. Todavía tengo pacientes no sólo esquizofrénicos sino depresivos que se sienten culpables por estar deprimidos, que sienten que la depresión es una especie de castigo, de maldición por sus pecados, y eso viene de las viejas ideas morales acerca de la depresión que se arrastran desde el siglo XV. Estamos consiguiendo desterrar estas creencias, pero aún perduran.
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