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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Gente

ZESTOA EKAINBERRI

En la réplica de la cueva de Ekain no sólo se admiran sus excelentes pinturas, sino que se vive toda una experiencia sensorial

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Arte rupestre en estado puro
Los frisos de caballos de Ekain son extraordinarios. /MICHELENA
Desde que fue descubierta en 1969, muy pocas personas han podido disfrutar de las pinturas rupestres de la cueva de Ekain, cuyo conjunto de caballos está considerado por los expertos como el más perfecto del Arte Cuaternadio. Desde hace poco menos de un año, las pinturas de Ekain -santuario de arte rupestre que, junto con Altxerri y Santimamiñe, fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO el 13 de agosto de 2008-, están al alcance de todos gracias a su réplica, Ekainberri.
Ekainberri se encuentra en el valle de Sastarrain, a 600 metros de la gruta original y no muy lejos del centro de Zestoa. Sastarrain fue el marco natural de vida del artista paleolítico de Ekain hace 14.500-10.000 años, y para preservar su valor natural y paisajístico se han tomado algunas medidas. Una de estas medidas es la prohibición de todo acceso motorizado.
Ekainberri no sólo es una réplica; es toda una experiencia que recrea las condiciones originales y proporciona un ambiente idóneo para disfrutar de las pinturas. Una pequeña zona en penumbra sirve para dar acceso a la réplica y como preparación a la actividad. Mientras el visitante se va acostumbrando a la oscuridad del lugar, se ilumina un mapa con las cuevas de arte rupestre más importantes de Euskal Herria.
En el interior de la sala que acoge la réplica, el ojo del visitante pierde conciencia de los límites espaciales. La oscuridad, el sonido y la característica temperatura envuelven al visitante para transportarlo a otra época y lugar. La pasarela, iluminada adecuadamente, invita al visitante a recorrer toda la réplica, descubriendo poco a poco esas imágenes que plasmó el ser humano hace 14.500-10.000 años.
La duración de la visita es de 30 minutos. Ésta se realiza en grupos de 20 personas y siempre con la supervisión de un guía. Tras recorrer el interior de la estancia, se puede acceder a la sala de exposición de Arte Rupestre del País Vasco. En ese espacio el público puede permanecer el tiempo que estime oportuno.
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