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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 abril 2014

Ciclismo

CICLISMO

En 2005, un ataque de Klöden le dejó con todo el equipo desarbolado y lo pasó mal. El danés Nicki Sorensen ganó una etapa en la que el Columbia no trabajó para Cavendish

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DV. Estamos rodeados de fachadas de la Belle Epoque y de hoteles Art Déco en esta ciudad famosa por sus aguas, tanto termales como naturales, donde la noticia es que no ganó Mark Cavendish, entre otras razones porque su equipo, el Columbia, se despreocupó totalmente de la etapa. Se lo tomó con tranquilidad, buscando un refresco físico y mental en sus corredores. Demasiados esfuerzos seguidos y, también, cierta desidia en un pelotón que se siente perdedor en una llegada al sprint, por lo que la habitual escapada que acompaña la carrera se dio por buena y todos contentos.
Rinaldo Nocentini seguía de amarillo y el Saxo Bank se estrenaba con Nicki Sorensen, un todo terreno de 34 años que estuvo en el equipo que ganó el año pasado el Tour con Carlos Sastre y que ya sabe lo que es ganar en una carrera de tres semanas puesto que en 2005 se impuso en una etapa de la Vuelta a España, en Ávila.
Hubo también una caída dentro de los tres últimos kilómetros en la que estuvieron Cadel Evans y Levi Leipheimer, y un sprint del grupo principal, con puntos en juego para el maillot verde, donde Cavendish volvió a superar a Hushovd.
«Estamos cansados, somos humanos, y todo los días no se puede trabajar tanto. Yo estoy un poco fatigado, pero bastante mejor que el año pasado cuando llevaba encima doce etapas», explicaba el maillot verde respecto a su actitud durante la jornada.
Armstrong tuvo un problema mecánico y le esperaron Popovych, Rast, Muravyev y Paulinho. Lo normal en uno de los dos líderes del equipo. Se le pueden poner todos los problemas que se quiera a Astana, pero es un grupo que corre siempre delante con la mayoría de sus hombres, sobre todo los líderes de la formación, para evitar disgustos, muy atentos a todo lo que mueve en la cabeza del pelotón.
Defensa del liderato
Desde hace unos días van a rebufo del Ag2r, que defendió sin problemas el primer puesto de Rinaldo Nocentini. Todo lo que hemos citado entra dentro del menú ciclista del día, de otra de esas etapas que no entrarán en la historia del Tour, que por cierto, son muchas.
La tensión volverá hoy a la carretera en los Vosgos, unas montañas que no son los Alpes, ni tampoco los Pirineos, y menos los que se han pasado en esta edición, pero que se transforman en un terreno complicado, peligroso, ideal para emboscadas. Basta con recordar algunas pinceladas de lo que ha sucedido en esas subidas en etapas del Tour para darles la importancia que tienen. En 2005, en el último Tour victorioso de Lance Armstrong, la etapa la ganó el holandés Peter Weening, en Gerardmer. Armstrong no tuvo un buen día. Ni él, ni su equipo estuvieron muy brillantes. Era líder de la carrera el ahora corredor de Astana, que un etapa después se lo cedió a Jens Voigt, al que le dejaron llegar a Mulhouse con una ventaja apreciable que le permitió vestirse de amarillo.
El Discovery Channel se descargaba de trabajo. Si se observan, las tácticas en el ciclismo profesional han evolucionado muy poco. En 2009 funcionan de la misma manera que en 2005. Sólo cambian los ciclistas.
Lo más curioso es que fue Andreas Klöden el que atacó en el puerto de Schlucht, que vuelve a subirse hoy, y le dejó sin equipo al Discovery, que se quedó bastante tirado. Le fallaron muchas piezas a la formación americana. Armstrong perdía 30 segundos en el alto. Dijo que fue una jornada de mierda. Klöden corría en el T-Mobile
«Sufrimos por tener demasiado confianza», manifestó Armstrong entonces. Fue la última vez que un corredor alemán ganó una etapa del Tour. Y ya han pasado cinco años. En 1997, Jan Ullrich, en el único Tour que logró ganar, también tuvo problemas. Richard Virenque, que terminaría segundo en la general, a 9:09 del alemán, escoltado por Pantani, lanzó un ataque.
Ullrich escucho una frase de su compañero Udo Bolts que se hizo famosa en Alemania. «Es hora de sufrir, o se nos va la carrera». Ganaría, pero hizo buenas las palabras de Bolts: sufrió en los Vosgos, un departamento francés que después de la guerra franco-prusiana perdió alguna de sus ciudades.
Se anuncia lluvia
Es un terreno hostil para el ciclista, retorcido, selectivo, en el que pocos corredores van en plenitud, y más si hace calor, aunque por fortuna para algunos, Armstrong, por ejemplo, se anuncia lluvia, lo que permitirá refrescar algunos cerebros que andan demasiado calientes.
Llevamos muchos días de carreteras cómodas, de utilizar otro tipo de desarrollos y los Pirineos tampoco causaron grandes destrozos físicos a los corredores. Ayer se rodó muy rápido. No conviene despreciar los Vosgos, con puertos de nombres impronunciables, pero que se agarran a las piernas de los ciclistas.
Costó que se formase una escapada consistente en la etapa, hasta que en el kilómetro 75, Egoi Martinez y Franco Pellizotti dieron nombre a una fuga en la que estaban Pauriol, Lefévre, Calzati y Fothen. Euskaltel continúa su cruzada de pelear sin desmayo, de coger escapadas. El etxarriarra, luciendo el maillot de rey de la montaña, volvió a estar ahí.
En este tipo de juego, además de inteligencia para moverse, hace falta un poco de fortuna, no sólo para plantear los kilómetros finales. También conviene ver quién se tiene de compañero de viaje. Ahí es donde no se puede escoger. Hay que tirar con quien te toque en suerte.
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