DV. Tomás Ramón Fernández, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad Complutense de Madrid, fue el primer catedrático de esta materia que tuvo San Sebastián, hace ya 30 años, según recordó José Manuel Castells, director, junto con Miren Jasone Urkola, del curso Modernización y Mejora en la Universidad. Fernández habló en la clausura del curso del Momento actual de la autonomía universitaria y lanzó cañonazos contra un estado de cosas que no le convence en absoluto.
- Se muestra muy crítico con la actual autonomía universitaria. ¿Por qué?
- Es que nosotros -mi generación- de la autonomía universitaria teníamos una idea mítica, lo mismo que de la democracia. Las soñábamos, pero la realidad no ha confirmado luego nuestros sueños. Mire, yo llevo más de 50 años en la Universidad y he acumulado desilusiones y dosis de escepticismo. Pero ahora he puesto distancia, lo veo más desde fuera y sin interés, pero quizás con más claridad.
- Podría concretar algo más.
- Es necesaria la libertad de cátedra, sino es imposible concebir el trabajo universitario. El profesor debe ser un agente del proceso científico. No transmitir un saber, sino crear uno nuevo. Si no hay libertad, la Universidad sobra ya que ésta es consustancial al quehacer universitario. Ningún régimen político ha podido prescindir de esta libertad, ni el franquismo pudo.
- ¿Dígame más fallos?
- La autonomía universitaria no tenía nada que ver con trasladar las universidades a las comunidades autónomas, sino con la libertad de enseñar e investigar. Se necesita que no haya injerencias desde dentro. Sí tiene que haber alguien que la dirija, que tiene que ser alguien que esté dentro del mundo académico. Pero no los políticos, ni los votos, pero sí que la ciencia necesita una jerarquía.
- Ha hablado en su comparecencia de unos límites que nunca deben superarse.
- Básicamente el de la igualdad en el acceso de los alumnos y en el acceso del profesorado. Es decir, que cuente el mérito de cada uno. Y luego está el dinero y la financiación que dependen del que manda. Antes era el ministro y ahora el consejero. ¿Este cambio ha hecho más listas a las universidades? Creo que no. Depende de las relaciones que tenga el rector con el que manda.
- ¿Considera que existe demasiada burocracia?
- Ha variado, ahora ha aumentado y es más compleja, menos natural. El número de reglamentos es enorme, lo mismo que la infinidad de normas que desconoces, y así volvemos a lo de antes, a mayor burocracia menos libertad. Hemos salido perdiendo porque hemos entendido mal la autonomía universitaria. La Universidad es una gran empresa y debe estar administrada por expertos, por gentes que sean funcionarios gestores que la entiendan como un trabajo, no como un poder.
- También cuestiona la selección de los profesores.
- Porque hemos salido perdiendo. Antes había luchas entre las diferentes escuelas o grupos, pero al final estaba el tribunal. Pero llegó Maragall y planteó unas elecciones aldeanas. El candidato de casa nombra a 2 de los 5 miembros. Luego con tener solo uno de los 3 votos restantes ya eres elegido, con lo que sale al partido ganado 2-0.
- ¿Y qué opina de los planes de estudio?
- Me parece que están mal enfocados. Las universidades autónomas no tienen que definir profesiones. En Alemania tú estudias donde quieres pero el título profesional no sale de esa universidad. Solo enseña y expide un diploma, pero los títulos dependen de un examen de Estado. Pero aquí, como todo conspira en contra de un Estado general...
- Todavía quedan muchas cosas en el tintero en torno a esta problemática. Pero, hábleme de Bolonia. ¿Qué considera que puede ocurrir?
- Podía haber sido un proceso muy bueno para el futuro, pero no ha sido objeto de ningún debate. Bolonia va a exigir más flexibilidad a la Universidad, y aquí habrá que dar la batalla y ganarla, y el grado de Bolonia va a ser café y bollo para todos, pero luego para ganarse la vida habrá que subir hasta el 2º piso. El máster y esa batalla la van a ganar las universidades privadas. La pública se va a jugar ahí su destino y lo va a perder, porque todo está muy condicionado, estructurado, encorsetado, lleno de normas, y la gente va a decir: 'Yo me voy a otro sitio'. Esta es mi visión, nada simpática, pero sincera.