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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 23 febrero 2012

Sociedad

AL DÍA

El 20% de los alumnos de la UPV tarda más de una hora en llegar hasta su campus, unos desplazamientos que llegan a ser más caros que la propia matrícula

12.07.09 -

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Doctorados en viajar
, alumno de Ciencias Ambientales, siempre va a la carrera. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
DV. La UPV tiene tres campus y ofrece más de cien títulos de grado en 31 centros. Es una universidad que nació para «hacer país» y cohesionar el territorio. Y lo consiguió: vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses disponen de su parcela correspondiente dentro del entramado de la institución académica, ya sea en forma de facultad, instituto o escuela universitaria. En la actualidad, las localidades de San Sebastián, Eibar, Leioa, Portugalete, Barakaldo, Bilbao y Vitoria se reparten a los 45.553 estudiantes matriculados. Entre estos alumnos, los hay que pueden llegar a gastar entre 160 y más de 320 euros mensuales sólo en desplazamientos. Un 8,6% alcanza esas cifras, según la encuesta realizada por Batubide, equipo investigador impulsado por la UPV en colaboración con el Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales. La explicación es lógica: todos ellos están matriculados en un campus que no se ubica en el territorio en el que viven. Se calcula que uno de cada cinco universitarios tarda más de una hora en llegar a su centro de estudios. En definitiva, tienen que meterse entre pecho y espalda unos 100 kilómetros a la ida; y luchar contra la modorra a la vuelta, con los apuntes en la mochila y ganas de tumbarse en el sofá.
¿Cuánto puede costar el peregrinaje diario? Pues depende. La disparidad es grande: puede oscilar entre los 1.080 euros del bono anual entre Vitoria y San Sebastián en la línea Burundesa, hasta los 225,6 euros que salen 40 viajes entre San Sebastián y Bilbao con la tarjeta Lurraldebus, pasando por los 600 anuales que vale la txartela de La Unión para viajar entre Bilbao y Vitoria. Es decir, que puede resultar más caro el desplazamiento que la propia inscripción en la UPV: en la carrera de Derecho, por ejemplo, la primera matrícula le ha salido a los alumnos 594,51 euros y la de Química alcanzaba los 966,23.
Ayudas
Ayudas no faltan a la hora de sufragar los gastos de movilización. Por una parte, el Gobierno Vasco concede una beca general que incluye una partida por desplazamiento que oscila entre 188 y 974 euros, siempre que se cumplan con los requisitos económicos y académicos; por otra parte, hay una ayuda específica para el transporte con un tope máximo de 968 euros. Y las diputaciones también aportan su granito de arena: la vizcaína subvenciona un máximo del 40% del coste total y la alavesa llega al 30%.
«No me convence el panorama. Las cosas son muy mejorables. Lo ideal sería que hubiera un servicio público de transporte intercampus, o sea, entre las provincias. ¡Así se unificarían criterios! Si la UPV o el Gobierno Vasco tomaran cartas en el asunto, se garantizarían precios asequibles y horarios adecuados. No se puede dejar todo esto en manos de compañías privadas», razona Aratz Castro, alumno de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, y miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad del País Vasco.
-¿Algo que objetar ante la distribución de facultades y centros por la geografía vasca?
-No, eso ya es otro debate. De lo que se trata ahora es de mejorar el transporte. Sin descuidar la promoción de residencias universitarias y un sistema de becas potente. No me parecen de recibo las ayudas y descuentos que no tienen en consideración los ingresos familiares. No es equitativo.
El proyecto de investigación de Batubide, auspiciado por la UPV, ha permitido abrir camino. Al menos, teóricamente. Su director, Ángel Elías, recuerda que «hemos elaborado un Plan Marco de Movilidad Segura y Sostenible 2009-2012, para que sirva de guía en las actuaciones de la universidad». Entre sus propuestas destaca el fomento del uso del coche compartido, una modalidad que ya usan muchos estudiantes de la UPV, «pero debería facilitarse aún más». Nadie duda de que un viaje de cuatro personas en automóvil es la mejor opción pero, claro, restringida a los compañeros de clase, vecinos o amigos de cuadrilla. «Es importante ampliar ese círculo de gente. Hay que poner a los interesados en contacto», insiste Ángel Elías.
Una buena forma de conseguir ese objetivo es contar con un plano detallado del lugar de residencia de los alumnos «para identificar a todas las personas que están en situaciones similares, reunirlas y plantear alternativas de mejora de su desplazamiento». Bastaría con hacer coincidir las coordenadas de unos y otros. Así se ganaría la partida.
Caída demográfica
La caída demográfica -se ha pasado de 61.536 alumnos a 45.553 en los últimos doce años- no contribuye a fomentar mejoras en el transporte público. «Cuanta menos gente utilice esos servicios, más precarios serán. Es un círculo vicioso», apunta Igor Ortego con resignación. En 2004, era el presidente del Consejo de Estudiantes cuando los alumnos del campus de Leioa se movilizaron contra la supresión de líneas y horarios en Bizkaibus y, por enésima vez, exigieron la posibilidad de contar con un bono anual. Su diagnóstico no tiene vuelta de hoja: «Han pasado cinco años y no creo que esto mejore a medio plazo; nunca hay prisas cuando se trata de nosotros, los estudiantes...».
Se mire como se mire, es muy difícil conciliar intereses. «Desde la Diputación decían que no podían darnos lo que pedíamos porque nosotros, para Bizkaibus, teníamos la consideración de 'trabajadores'. Que no era lo mismo ofrecer un servicio a un pueblo que a la Universidad. ¡Vaya argumento!». Por otra parte, la temporalidad de su situación -la condición de estudiante no suele durar más de cinco años- tampoco les beneficia. «Quieras que no, eso quita fuerza a las reivindicaciones. Es algo pasajero, mucha gente aguanta y ya está... Sobre todo cuando se trata de ir a otra provincia. La mayoría, cuando llega a los 20 años, alquila un piso. Hasta entonces, se buscan la vida».
Como Anaut Patterson, que estuvo varios años viajando gracias a Bidai Txungo. «Es una asociación que suple la falta de líneas regulares entre ciertas localidades y la universidad. Ellos organizan el transporte con buses contratados. A mí me llevaba desde Errenteria a Leioa, donde estudio Biología». Un buen servicio que, eso sí, no le quitaba las cuatro horas de carretera, dos de ida y dos de vuelta. Y es que Anaut vive en Oiartzun. Antes tenía que coger la moto para acercarse a Errenteria y tomar allí el bus a las 6.45 de la mañana. Por si no bastara, solía llegar a casa a las ocho de la tarde. Ahora, que vive en Bilbao, se le ve sin ojeras y con más ánimo. «¡Claro que rindo más! ¡Tengo más tiempo para aprovechar! Compartir piso sale unos 300 euros, pero merece la pena». En Bidai Txungo habría tenido que pagar 1.410 euros por el billete anual de ida y vuelta. No es de extrañar que más de alguno haga sus cálculos y elija carrera en función de la ubicación del campus. Igor Ortego asegura que no hay más que echar un vistazo a las matrículas de Ingeniería Química en Leioa y en San Mamés para sacar algunas conclusiones interesantes. «Estoy convencido de que en muchos casos la gente opta por irse a San Mamés sólo por comodidad. Y mira que son distintas especialidades... En Leioa te formas para trabajar en empresas como Petronor, mientras que en Bilbao te especializas en Medio Ambiente. Parece una tontería, pero tardar diez o 25 minutos pesa mucho cuando no se tiene una vocación clara». No siempre se está dispuesto a hacer minutos extras, y aún menos cuando se trata de horas.
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