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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

AL DÍA

Desde un funcionario de Getxo hasta un jugador del Elgoibar y una vecina de Miranda, los hay que sudan la camiseta
12.07.09 -

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La vocación les da alas. Van y vienen, queman kilómetros a destajo y no se les caen los párpados cuando se sientan a estudiar bajo el flexo. Ninguno se planteó elegir otra carrera para ahorrar tiempo y ganar en calidad de vida. Borja Urrutia, Iker Arrillaga y Natalia Yanguas saben que esto es pasajero, que no hay mal que cien años dure. Sea como fuere, a los tres les encantaría disponer de un transporte público que les hiciera más llevadero el día a día.
BORJA URRUTIA
De Mungia a Vitoria
«Es agotador y carísimo»
Borja Urrutia tiene 44 años y está terminando primero de Historia en el campus de Vitoria. Hasta allí va desde Mungia, en semanas alternas y «en los huecos que me deja el trabajo». Se mete entre pecho y espalda 90 kilómetros en coche y, a este paso, a punto ha estado de tirar la toalla. «No puedo más. Es agotador y carísimo. El peaje es de 4,45 euros, más gasolina y gastos del automóvil... Esto no puede ser», se queja con amargura. Es funcionario en el Ayuntamiento de Getxo y dice que se lió la manta a la cabeza con toda la ilusión del mundo: «Me encanta la egiptología, he ido a Egipto cuatro veces y me apunté en Historia porque es lo que más se parece», cuenta a toda velocidad. Es un hombre acelerado; le gustan las cosas claras.
Le cuesta entender que «no haya transporte público y directo entre Mungia y Vitoria para los jóvenes. Me parece inconcebible que haya chicos que se ven obligados a compartir piso en Vitoria porque acaban hartos de tanto transbordo». A saber: bus entre Mungia y Bilbao; metro desde Moyua a Termibus; y finalmente, autobús a Vitoria. «Todo eso te sale en total unos 16 euros y supone perder cuatro horas al día. Yo lo hacía al principio de curso, pero es muy agobiante. Desde Bilbao, los buses salen 'petados' y siempre tienes miedo de quedarte sin plaza».
Y ahora, aunque vaya en coche y tarde poco más de una hora, confiesa que no se quita «la mala leche». Todos los días le asaltan las mismas preguntas y dudas. «No es normal. La mayoría de mis compañeros de clase son de Vizcaya. Y seguro que en los demás cursos pasa lo mismo. Así que yo me pregunto: ¿por qué no racionalizan la distribución de las facultades de la UPV? ¿No se dan cuenta del peligro que supone trasladar a tanta gente?» Está acostumbrado a que le cuadren las cosas, y no acepta que en la Universidad «las cosas no tengan ni pies ni cabeza».
IKER ARRILLAGA
De Elgoibar a Leioa
«Me he acostumbrado a viajar dormidito»
No para quieto. Está en cuarto de Ciencias Ambientales en el campus de Leioa, juega al fútbol en el C.D. Elgoibar y entrena a niños un par de días a la semana. Y este curso ha tenido que levantarse cada mañana a las seis y media. Como un campeón. «No soy quejica. Es lo que hay. Aunque tengo muy claro que si no fuera por la asociación Bikain habría elegido otra carrera o estaría compartiendo piso. Son ellos los que organizan los viajes en bus desde mi pueblo al campus de Leioa», explica Iker Arrillaga. Las otras alternativas serían ir hasta Ermua y montar allí en el Bizkaibus; o marchar a Bilbao en tren, después coger el metro hasta Termibus y subir en un autobús en dirección a Leioa.
«Nada, nada, que lo mejor es salir desde Elgoibar. Tengo un bono anual que me ha salido poco más de 700 euros y, además, estudio con beca del Gobierno Vasco. Eso me cubre tanto la matrícula, como el material escolar y el transporte». La única molestia es el tiempo que invierte en el trayecto. Tarda cerca de hora y media, así que siempre llega tarde a clase. «Empiezo a las 8.40 y como cojo el bus a las 7.15 horas... La otra opción sería montarme en el de las 6.40 y llegar pasadas las 8.00, pero es demasiado palo». Iker tiene 22 años, le sobra energía, pero sabe lo importante que es dosificar las fuerzas.
Ya se ha acostumbrado a viajar «dormidito» en el bus. La opción del coche no le gusta nada, aunque alguna vez ya se ha puesto al volante «porque, en septiembre y julio, la asociación Bikain no ofrece este servicio».
-¿Por qué no te has decidido a compartir piso en Bilbao?
-Porque estoy en un equipo de fútbol, el Elgoibar. Si no fuera por el deporte, me habría ido a Bilbao. Es lo que hace casi todo el mundo en segundo o tercero. Este ritmo es muy duro.
NATALIA YANGUAS
De Miranda de Ebro a Leioa
«Los tiempos muertos son un incordio»
Natalia Yanguas estudió Química y ahora está terminando Biología en el campus de Leioa. Tiene 25 años y disfruta de cada minuto que pasa en la Universidad. No le quita el sueño embarcarse cada día en una odisea: coge el tren en Miranda de Ebro a las 7.20 y llega a menos cuarto a Vitoria, con tiempo suficiente para darse un paseo hasta la estación de autobuses. Allí se monta en el autobús a las 8.15. Así que llega más o menos a las 9.40 a Leioa, lista para tomarse un café y esperar tranquilamente que se acerque la hora de su clase: las 10.40. En resumidas cuentas, unas dos horas y media de viaje.
«Pero, oye, sólo he tenido dos asignaturas este cuatrimestre. Así que no es para tanto», aclara en conversación telefónica desde la estación de tren de Vitoria y antes de los exámenes. Son poco más de las cinco de la tarde. «Sí, hoy es un día relajado. Hay jornadas que tengo prácticas a las mil y monas. Entonces llego a casa a las diez y media de la noche». Hasta este curso, compartía piso en Bilbao, pero no echa de menos el lujo de quedarse en la cama dos horas más. «Te organizas y ya está. Aunque los tiempos muertos sí que son un incordio. Sobre todo los sufro a la vuelta, porque tengo problemas con las combinaciones del autobús y el tren. O tengo la suerte de pillar el bus de las 13.10 para bajar y coger el tren a las 14.30 o me subo en el de las 16.10 porque hasta las 17.55 no hay tren».
Es la única alumna de la UPV que hace este trayecto, pero no es la primera ni será la última. «Tengo una amiga que estudió Periodismo y le tocaba pasar por lo mismo. Ya te digo, al final te acostumbras. Si te gusta lo que haces, los sacrificios se llevan bien. Hay cosas que sólo pueden hacerse a nuestra edad».
-¿Cuánto te cuesta el desplazamiento?
-Tengo un bono cuatrimestral de autobús que me ha salido 630 euros. Y como mi aita trabaja en la Renfe, el tren me sale gratis. ¡En eso tengo suerte! Y es que no tengo derecho a becas de nada. Mis padres trabajan y eso me tacha de la lista automáticamente.
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