En pleno debate sobre la velocidad de los encierros y sus efectos en la «pérdida de su esencia», los toros de la ganadería toledana El Ventorrillo completaron ayer la carrera en apenas dos minutos y veinte segundos. Rebajaron, por tanto, la media ya exigua de esta edición. Dejaron cinco heridos con politraumatismos atendidos en hospitales, 53 atenciones de Cruz Roja y, sobre todo, dos momentos de impacto: el mozo que tomó por el lado izquierdo la curva de Mercaderes y Estafeta y quedó atrapado por la manada pero continuó corriendo sin cambiar el toro, y los problemas de algunos de los más experimentados corredores del final de la Estafeta cuando un «gamberro» tuvo la ocurrencia de pegar a un toro y provocó la caída de tres astados.
El antideslizante con que se viene impregnando la zona de la curva de la Estafeta, los entrenamientos a los que se les somete a los toros que vienen a Pamplona y que hace que vayan más ágiles en la carrera y unos cabestros más rápidos han suscitado entre los fieles al encierro un debate que, unido al de la masificación, lleva a los más pesimistas a pensar que ha «bajado enteros». Frente a la apuesta por la seguridad del Consistorio, muchos corredores se quejan de que casi no se puede llegar al asta de los toros y, por tanto, repetir las características carreras ante la presencia de muchos «corredores-espectadores» en el recorrido.
Ayer se repitió esta circunstancia y los seis toros, de entre 495 kilos y variado pelaje, apenas estuvieron dos minutos y veinte segundos en la calle. Recorrieron sin apenas incidentes la cuesta de Santo Domingo y Mercaderes, donde se agolpaba una multitud de corredores. Uno de ellos protagonizó la escena ya comentada para asombro de los espectadores en directo y los de la televisión. Lo más llamativo fue, además de que la manada siguió adelante sin reparar apenas en su presencia, fue el hecho de que el corredor sorteara a otro compañero caído en el suelo y tras quedar atrapado entre la manada y la pared, continuara la carrera en el inicio de Estafeta.
El momento más peligroso, por tanto, quedó para el final de la Estafeta, donde más difícil está resultando este año el lucimiento. La caída de un toro y el resbalón de dos de sus compañeros rompió la manada hasta entonces compacta y puso en peligro a más de uno de los habituales. Finalmente, el percance se saldó sin más problemas que los golpes recibidos por el paso de los pesados toros y el susto de ver los cuernos del animal muy cerca. El problema, según relataron varios testigos, fue que el origen de la caída estuvo en una persona que golpeó en su carrera al primero de los toros y lo descentró.