Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Ciclismo

TOUR DE FRANCIA

La hora de Alberto Contador llega hoy en Arcalís, en la etapa más selectiva de los Pirineos. Sastre, Evans y los hermanos Schleck pasarán al ataque

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
DV. «He fallado a la hora de sprintar», reconoció Óscar Freire. «Lo más difícil en una llegada como ésta era colocarse. Me he quedado solo a 350 metros de la meta y no sabía qué hacer. Los demás se han aprovechado de mí, de mi indecisión en ese momento». Es lo que tienen los hombres rápidos: si se quedan solos muy lejos de la meta, fuera de su distancia de ataque, desafinan.
Óscar Freire no ocultaba su disgusto en la meta de Barcelona, una llegada que era muy buena para él por varias razones. Una de ellas era que Mark Cavendish no se iba a encontrar a gusto en una llegada en subida. Otra, que tampoco hay muchas que no favorezcan a Cavendish. Pero el cántabro, que sólo contó con la ayuda de Flecha, no pudo con la roca noruega, Thor Hushovd.
El ahora corredor del Cervélo lleva siete triunfos en el Tour, donde también ha sido maillot amarillo. Dejó a Freire y a José Joaquín Rojas oliendo el triunfo. Ninguno de los dos pudo con la fuerza de un Hushovd que se mueve con inteligencia en los momentos delicados.
Una jornada que se presumía cómoda acabó estropeada por la lluvia, primero, y por las caídas, que afectaron a Tom Boonen, Igor Anton, Mikel Astarloza, Carlos Sastre, Moncoutie y Fedrigo, entre una larga lista de nombres. Amets Txurruka y David Millar buscaron llegar a meta en solitario.
Finalmente, todo quedó en nada, a la espera de la llegada a Arcalís. Con esa subida vuelven a recrudecerse los planteamientos tácticos del equipo Astana, que perderá alguno de los corredores que tiene entre los mejores de la general. Conservar a todos en posiciones de privilegio resultaría un insulto para el resto de participantes. Y también llega la hora, la primera campanada de este Tour, para Alberto Contador.
Estamos hablando de una carrera que tiene sólo tres llegadas en alto, por lo que el tiempo que puedan sacar los escaladores será oro puro. Además, se llega a la subida donde Jan Ullrich protagonizó una gran exhibición en 1997. Fue una de esas etapas cuya dureza deja los cuerpos de los ciclistas ajados de por vida. ¡250 kilómetros y ocho horas y media encima de la bicicleta!
Ése es uno de los contrasentidos de este deporte. Cuanta más dureza, mejor. Pero eso sí, fariseísmo, todo. Ullrich tenía 23 años y una carrera brillante por delante. Armstrong estaba recibiendo quimioterapia. Ullrich se perdió entre sus problemas con el peso y su vida. Armstrong resucitó.
A diez kilómetros de la llegada el alemán dejó atrás a Pantani, Virenque, Olano y Rijs. Arcalís es una de esas metas que basa su dureza en el largo kilometraje que acompaña la etapa, puesto que lo único que hay antes del final son kilómetros.
Astana tendrá que pensar muy bien lo que quiere. O se mueve en función de lo que hagan otros equipos, o ellos mandan y deciden la estrategia a seguir.
Lo que sucede en el grupo de Johan Bruyneel no es nuevo en el ciclismo. No hay que remontarse mucho en el tiempo para recordar que Javier Mínguez tuvo en el Zor un cuarteto de lujo formado por Álvaro Pino, Lale Cubino, Fede Etxabe y Anselmo Fuerte.
Decía lo mismo que dice hoy Bruyneel: «Que gane uno. Me da lo mismo el nombre». Manuel Saiz tuvo varias épocas en la Once sufriendo ese problema. Eran los tiempos de Chozas, Cabestany y Anselmo Fuerte, que luego se trasladaron a Zulle y Jalabert. Más tarde llegarían Olano y Beloki. Son historias tan viejas como este deporte.
Contador ve movimientos
En cualquier caso, no tienen nada que ver con el fenómeno Astana, que aglutina un potencial enorme que no se puede comparar a ningún equipo de los últimos veinte años. Ni siquiera a La Vie Claire de Bernard Hinault y Greg Lemond. Era un equipazo, cierto, pero tenía más corredores terrenales, la base de lo que era el Renault pero sin Fignon.
Lo de Astana ha llegado por unas circunstancias de lo más especiales. Dos de los actores principales en Arcalís deben de ser Alberto Contador y Carlos Sastre. Para el primero de ellos, además, será el momento de comprobar la verdad de su equipo: «La etapa más peligrosa que hay en los Pirineos, la que más daño puede hacer, es ésta. Las otras dos son menos peligrosas, aunque todas van a resultar importantes».
Hace una observación que no se le escapa a nadie. «Deberán de moverse Sastre, Evans y los hermanos Schleck. Son corredores que deben de atacar si quieren tener alguna posibilidad en la general. En Arcalís debemos ver cosas». En alguno de ellos confía Contador para buscar apoyos, interesados, en la alta montaña.
El que no tiene dudas de lo que va a hacer es Sastre: «Haré lo que más me interese. La carrera se organizará más de lo que ya está organizada. Iré a hacer mi carrera, dependiendo de lo que me interese. No me preocupa el resto».
El último ganador del Tour aparece perdido en la nebulosa que envuelve a Armstrong y Contador, que confía en Sastre para poder compartir objetivos en Arcalís. Las dos contrarrelojs que hemos tenido nos han traído un tipo de carrera. Nos meteremos de lleno, durante tres días, en otra, que de momento parece tener desenlaces imprevisibles.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

buscador

Buscador de deportes
buscar
Videos de Deportes
más videos [+]
Deportes
Vocento
SarenetRSS