Ayudas a las víctimas
Una menor presencia de paramilitares en las calles y más automóviles circulando en las calles, que en los días anteriores estaban desiertas, indican cierto regreso a la normalidad tras cuatro días caóticos en Urumqi, cuyo Ayuntamiento ha prometido indemnizar a las víctimas. Los servicios de autobuses han sido restaurados, y los habitantes de la ciudad, capital de la región autónoma de Xinjiang, se atreven poco a poco a salir de sus casas después de varias jornadas de pánico y en las que se sucedieron numerosas agresiones esporádicas entre chinos de la etnia mayoritaria han y uigures. También se ha reanudado el servicio en las gasolineras, aunque diez de ellas, dañadas en los incidentes violentos del fin de semana pasado, han de ser reparadas.
El Gobierno de la ciudad ha prometido que recaudará alrededor de 100 millones de yuanes (unos 13 millones de euros) para atender a las víctimas de los incidentes del domingo. El alcalde de la ciudad, Jerla Isamudinhe (uigur), ha destacado que los beneficiarios serán familiares de los fallecidos, personas que han quedado incapacitadas tras las agresiones y otros heridos. También habrá subsidios para los comercios y empresas que sufrieron ataques (más de 200 tiendas y dos edificios fueron destruidas por los incendios de la noche del domingo).
El alcalde ha dicho que alrededor de un centenar de muertos han sido ya identificados, aunque no ha especificado a qué etnia pertenecían, y ha señalado que algunos de ellos han tenido que ser sometidos a pruebas de ADN para poder conocer su identidad.
La prensa china ha destacado que, pese a la relativa vuelta a la normalidad, las agencias de viajes chinas han suspendido los viajes a Xinjiang, y que el aeropuerto de Urumqi está lleno de viajeros, en su mayoría chinos, que desean interrumpir su estancia en la región debido a las tensiones étnicas.
Pese a esa sensación de normalidad, los observadores constatan que el odio entre las etnias han y uigur en Urumqui, en la provincia china de Xinjiang, es todavía patente. El máximo responsable policial chino, Zhou Yongkang, se ha personado en la ciudad donde el domingo estalló la peor revuelta en dos décadas en China, con entre 156 y 800 muertos según las distintas fuentes.
Zhou, uno de los nueves miembros del Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista de China (PCCh), ha alentado a las tropas desplegadas en la ciudad, que se cuentan por decenas de miles, y les ha pedido que repriman a "las fuerzas separatistas". Desde Pekín, y en sus primeras declaraciones después del precipitado retorno desde la cumbre del G-8 en Italia, el presidente chino, Hu Jintao, ha asegurado que la estabilidad en la provincia de Xinjiang es "la tarea más importante y apremiante" y ha reiterado que se aplicarán "castigos severos" a los responsables de las revueltas.
Durante todo el día de hoy, el primero tras el levantamiento del toque de queda, las tropas chinas han hecho una demostración de poder en todos los barrios de Urumqi para hacer ver que la situación está bajo control. La censura del Gobierno chino sobre las revueltas ha quedado otra vez demostrada por el hecho de que hasta hoy no se confirmaron disturbios en Kashgar (la segunda ciudad de la provincia) acaecidos el lunes, aunque negaron los 100 muertos que los grupos uigures en el exilio aseguran que se produjeron. Desde Alemania, el Congreso Mundial Uigur (UWC), que agrupa a los exiliados, ha asegurado que la cifra real de muertos totales es de 800, cinco veces más que la que reconoce Pekín.
De nuevo, las autoridades han recurrido a su teoría del enemigo exterior, han reiterado que las revueltas del domingo fueron "premeditadas y organizadas" por el exilio uigur y han vinculado a los uigures violentos del domingo con la red terrorista Al Qaeda. Con esta campaña, Pekín está convirtiendo a Rebiya Kadeer, una empresaria exiliada en Estados Unidos, en un 'Dalai Lama' uigur, ya que está emergiendo como representante aglutinador del que hasta la fecha carecía esta minoría étnica, a diferencia de los tibetanos.
Desde el domingo, los uigures han sido atacados por patrullas urbanas de ciudadanos chinos pertenecientes a la etnia han, que actúan en venganza por los ataques recibidos. En los hospitales hay mayoría de heridos de etnia han, con contusiones en la cabeza y numerosos colonos afirman haber perdido a familiares que murieron apaleados en las revueltas. Sin embargo, los uigures aseguran que también hay muertos y heridos entre los suyos y que la Policía china está deteniendo de forma indiscriminada a todos los hombres de su etnia.
Un simple paseo por Urumqi permite constatar la enorme diferencia de riqueza entre chinos han, parecida a la del resto del país, y musulmanes uigures, cuyos barros viven en una extrema pobreza. Xinjiang, la región más occidental del país, ha sido una región habitada desde hace miles de años por etnias caucásicas, centroasiáticas, mongolas, chinas y turcas, en medio de continuas invasiones y épocas de protectorado chino hasta la definitiva invasión de las tropas comunistas en 1949.