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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Gente

CUATRO COSAS PARA HACER EN EL COLLSACABRA

En la comarca catalana de Osona hay barrancos, callejuelas intocables, monasterios colosales y un paisaje tallado a golpes de terremoto. El destino es ideal para paseantes y gente inquieta

09.07.09 -
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1. Siempre nos quedará Rupit. Todo turista, todo viajero quiere una cosa cuando planifica una excursión: un pueblito con encanto. Uno apenas corrompido por el presente, con calles empedradas, sin coches en las plazas, con floridos balcones y, como guinda, un puñado de buenos restaurantes. En la alianza formada por el Collsacabra y el valle de Sau (www.saucollsacabra.cat y www.osonaturisme.com), Rupit es la más agraciada de las villas. Aunque modesta en grandes monumentos &ndashapenas su iglesia de San Miguel, tan barroca que parece robada a Roma, o el palacio Soler&ndash, la localidad es una delicia medieval, vestida de colores rústicos. Los mejores sabores del lugar (y las mejores vistas) se cocinan en el restaurante L&rsquoHort d&rsquoen Roca (Tfno: 938 522 029), situado en un peñasco desde el que se domina todo el conjunto.
2. El monasterio del bebé charlatán. A principios del siglo XI, los condes de Osona tuvieron un hijo que habló a los tres días de nacer. Éste dijo que moriría en el plazo de un mes y que, para guardar sus restos, sus padres deberían construir un monasterio en honor a San Pedro ¿Dónde? Allá donde se parara una burra que cargaría con el futuro cadáver de la criatura. Treinta días después, efectivamente, el niño murió y los padres hicieron todo lo posible para que se cumplieran sus deseos. Tras varios días de caminata, la mula, exhausta, se detuvo en una península rodeada por el río Ter y la presa de Sau, al filo de unos preciosos barrancos. Fue allí donde se levantó el monasterio de Sant Pere de Casserres (www.santperedecasserres.com), y allá sigue: gigantesco, tosco, primitivo, hecho con mineral ennegrecido del propio otero y asentado sobre un antiguo cementerio de tumbas antropomórficas. De hecho, sigue siendo un misterio el por qué una comunidad de apenas una docena de monjes necesitaban una iglesia tan inmensa y espaciosa con capacidad para medio millar de almas.
3. Los caprichos del terremoto. Los alrededores del pueblo de Tavertet son extraños, muy extraños. A ello contribuyó la intensa actividad sísmica que hubo, siglos atrás, en la zona. Los terremotos fueron los artífices del paisaje que vemos en la actualidad, los culpables de que grandes rocas se desgajaran de los riscos y acabaran esparciéndose caprichosamente. El mejor ejemplo de ello es el Barret de la Perereda, un menhir espigado que parece mantenerse en pie de puro milagro. Éste es fácilmente visible desde la BV-5207, a apenas dos kilómetros de Tavertet. ¿Qué esconde este conjunto de casas para haberse convertido en uno de los secretos mejor guardados de los fines de semana barceloneses? De momento, una situación privilegiada: donde muere la carretera comienza Tavertet, peligrosamente situado en lo alto de un risco de más de 200 metros de altura. Para seguir: calles silenciosas, casitas de piedra del siglo XVII, una ermita coqueta y recogida de orígenes románicos y mucha paz&hellip siempre y cuando se visite entre semana. Más allá de los placeres sedentarios, Tavertet es punto de partida para mil y un actividades, ya sea mountain bike, deportes de aventura o, simplemente senderismo. La empresa Pacha Mama Experience (www.pachamamaexperience.com) está especializada en todo ello.
4. El pantano que fue fantasma. . Una de estas rutas conduce, precisamente, hasta el pantano de Sau a través de los bosques, canteras y barrancos, hoy protegidísimos, de los que salieron los travesaños de la vía férrea Barcelona-Puigcerdá y los adoquines que se pisan en el ensanche de la ciudad condal. Si se quiere, el paseo puede finalizar a orillas del pantano, hoy rebosante de líquido elemento tras el famélico aspecto que presentaba en la primavera de 2008, casi desértico, con la iglesia de Sant Romá de Sau asomando en su totalidad. Los más perezosos, siempre pueden recurrir a los segways todoterreno (www.aquaterraclub.com los alquila a 30 euros los 90 minutos) para conocer los parajes a bordo de estas máquinas futuristas y nobles como pocas: mucho empeño hay que poner para caerse. El reposo del guerrero se puede poner en práctica en el alojamiento rural La Torre de la Vall: www.torredelavall.com.
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