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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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LEGAZPI, FERRERÍA DE MIRANDAOLA

Este verano la ferrería funcionará a pleno rendimiento y los visitantes podrán asistir todos los domingos a las exhibiciones

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Martillos sobre el hierro candente
Trabajan el hierro todos los domingos. /LENBUR
Desde la segunda revolución industrial, el entorno empresarial y cultural guipuzcoano ha estado marcado por pequeñas y medianas empresas de corte artesanal. Mucho antes, allá por el siglo XV, encontramos las ferrerías, la versión más tradicional de la siderurgia que, además de poseer su propio fuero, estaban, como explican los libros de la época, «fundadas y sostenidas sobre hierro».
La Ferrería de Mirandaola es la única que se conserva de las siete que existían en Legazpi hace cinco siglos, además de ser una de las que ha parado su producción más tarde, concretamente a finales del siglo XIX. Todos los domingos de este verano, sus instalaciones funcionarán a pleno rendimiento para que las personas que se acerquen puedan admirar la maestría de los ferrones, trabajadores de este arte, que además serán los encargados de hacer una demostración de tratamiento del hierro utilizando un enorme martillo. La visita continúa con la el paseo por la sala de los fuelles, donde éstos se ponen en marcha accionados por la fuerza del agua, manteniendo viva la fragua que permite fundir el hierro. A continuación, los visitantes pasan de nuevo a la zona de trabajo, y es en este punto cuando la ferrería entra en funcionamiento y al sonido de los fuelles se une el de la fragua, el martillo y su golpeteo.
Mirandaola tiene, además, su propio milagro, ya que como recuerdan sus responsables, «en el año 1.580, al no respetar los ferrones de Mirandaola el descanso dominical que preceptúa la religión cristiana, en vez de lograr el hierro que esperaban según su trabajo, obtuvieron únicamente una pequeña cruz. En adoración a este milagro se erige la cercana ermita de la Santa Cruz». Es éste el último punto de la visita. El lugar alberga pinturas de Soler Blasco que describen el hecho milagroso.
La ferrería es, en cualquier caso, el centro de un proyecto más amplio de divulgación histórica y cultural. De esta manera, se pueden contemplar en un parque cercano esculturas elaboradas con antiguas piezas de maquinaria, un diaporama que enseña la historia del valle, el Molino de Igarralde o el Caserío de Erraizabal, donde se encuentra el Ecomuseo del Pastoreo. Y estas no son, de ninguna manera, las únicas propuestas que realiza el Museo-Territorio Lenbur, que engloba Legazpia, Zumarraga, Urretxu y Ezkio-Itsaso.
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