Juan Tugores Ques, catedrático de teoría económica en la Universidad de Barcelona, puso punto y final ayer, junto con otros ponentes, al cliclo de conferencias sobre economía dentro de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco. El experto expuso el papel de las economías emergentes en una sesión titulada «Economías emergentes: ¿el nuevo poder financiero y político?».
-¿Qué diferencias hay entre las dos economías emergentes por excelencia, China e India?
-China ha optado por un modelo fabril, industrial, con industrias cada vez de mayor valor añadido. China es la fábrica del mundo. También intenta conseguir cada vez más sofisticación tecnológica. Y lo está consiguiendo.India, sin embargo, tiene una industria importante pero también los servicios muy ligados a la informática y el conocimiento, los llamados activos inmateriales. Ambas economías ocupan terrenos complementarios. Pero políticamente son muy dispares, India ha optado por un sistema democrático enormemente complejo por la heterogeneidad del país. En cambio, China ha optado por un sistema político centralizado, por decirlo de forma suave, que periódicamente tiene incidentes, como los de Xingjiang. Pero, el modelo indio tiene más futuro. India, que no ha tenido políticas de control de natalidad, en unos 20 ó 30 años quizá pueda superar a China y probablemente tome el relevo de las economías emergentes.
-La economía India es mundialmente conocida por los informáticos...
-Por los informáticos, el cine de Bollywood... Pero sí, por los intangibles. En ese aspecto tiene una economía mucho más parecida a EE UU que China. Con esto también la presión competitiva de India en las economías avanzadas afecta a trabajadores más cualificados. Por tanto implica una apuesta más heavy que China. China no compite con el núcleo de las actividades más sofisticadas de los países avanzados.
-¿Y la sostenibilidad de los países emergentes?
-Es una asignatura pendiente, pero también otra es la calidad institucional. En los países emergetes faltan los organismos sociales, el bienestar. Además de una consideración de los derechos humanos. En estos puntos están a años luz de nosotros. Ésta es la gran fragilidad. Y ahora, si la crisis se ceba con los países emergentes, existe una amenaza social y política que incluso pone en peligro lo que ya han conseguido.
-¿Qué papel jugarán los emergentes en la cumbre de Copenhague en diciembre?
-Las argumentaciones están claras, los países avanzados les dirán que ellos son los que más han dañado el planeta. Pero los emergentes responderán que tienen derecho a hacerlo como lo hicieron las economías avanzadas. En fin, es tiempo de dejarse de argumentaciones maniqueas e interesadas y llegar a un acuerdo que ajuste el impacto de las dos economías. El objetivo es llegar a compromisos razonables y no repetir estos argumentos por enésima vez.
-¿Cuándo cree que los emergentes alcanzarán el punto de inflexión y serán más sostenibles?
-Es difícil decirlo, son procesos lentos y que requieren la adecuación a unas reglas del juego internacionales. Estas reglas, además, están por escribir. Aunque el punto de inflexión ya se ha producido. Sólo queda que todas las economías, emergentes, avanzadas y no desarrollodas, lleguen a un consenso para que el crecimiento económico se traduzca en bienestar. Pero sobre todo, con la crisis se está comprobando que se estaba produciendo una redistribución del poder económico que se traduce en cambios en el poder político. Esta transición se ha dado históricamente siempre a través de guerras. Por tanto, el reto es que esta vez podamos redistribuir el poder político y económico sin dar lugar a conflictos internacionales.
-¿Cree usted que superaremos ese reto y no acabaremos desencandenando una guerra?
-¡Eso espero! Yo soy optimista, pero eso también depende de otras cuestiones en la política internacional.