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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

Ciclismo

TOUR DE FRANCIA

El equipo Columbia propició un abanico que hizo perder 41 segundos a Contador y Sastre. Cavendish volvió a ganar antes de la crono por equipos de hoy

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DV. ¿Cuántos compañeros llevaba Lance Armstrong en la escapada de 27 corredores que rompió la etapa a 31 kilómetros de la meta? Con el maillot de Astana, dos: Haimar Zubeldia y Yaroslav Popovych. Con otros colores, al menos uno, George Hincapie (Columbia). Una etapa, en la que Mark Cavendish consiguió su segunda victoria, que parecía destinada a ser meramente de supervivencia, desgajó de forma definitiva al equipo Astana.
Lance Armstrong obtuvo 41 segundos de ventaja sobre Alberto Contador, por no hablar de Carlos Sastre, Denis Menchov, Cadel Evans y los hermanos Schleck. Más que un golpe a la carrera, lo que ha hecho Armstrong es atacar al corazón de Alberto Contador, minarle sus ilusiones, dejarle claro quién manda en ese equipo y cercenarle su centro neurálgico.
Si Armstrong está en condiciones de poder ganar el Tour, lo que ha hecho ayer entra dentro de su lógica. Si no lo está, le ha dado un golpe a la moral de un Alberto Contador que no estuvo atento al corte que se produjo cuando quedaban 31 kilómetros para llegar a La Grande-Motte.
Es cierto que ahora Astana tiene dos hombres perfectamente colocados. Contador no ha perdido tiempo con ninguno de sus rivales. La pregunta que hay que hacerse es si Armstrong puede ser un rival. Y eso es algo que no conoce mucha gente. En realidad, sólo él y su director.
El equipo Columbia trabajaba para anular la ventaja de una escapada que llevaba todo el día en cabeza. Lo que llama la atención no es que trabajasen, sino que estuviesen los nueve componentes del grupo delante.
Y junto a ellos, seis hombres del Skil, una formación debutante en el Tour. También había figurantes de lujo como el líder, Fabián Cancellara, y el noruego Thor Hushovd. Pero sobre todo estaba Lance Armstrong, que tuvo la habilidad de oler el aire, ver que pegaba de costado y situarse en una inmejorable posición junto a Haimar Zubeldia y Yaroslav Popovch.
Los Columbia, con toda su potencia, volaron. Luego les seguiría el Skil. También trabajaron Auge y Kern (Cofidis).
Haimar Zubeldia explicó en la meta que «en los últimos diez kilómetros Bruyneel nos dijo que tirásemos Popovych y yo. Hasta ese momento, estábamos a verlas venir». Aclaró, ante lo que se le podría venir encima, que «las órdenes en el equipo las da Bruyneel y yo me he limitado a cumplirlas». No tuvo ninguna duda cuando afirmó que el líder del equipo «sigue siendo Alberto Contador».
Otro que dio explicaciones fue el ganador, Mark Cavendish, que al entrar vencedor hizo el gesto de que estaba hablando por teléfono: «No hemos hablado con nadie para provocar el abanico. Diez minutos antes habíamos comentado que pegaba viento y a lo mejor se podía cortar».
Todas esa explicaciones no le sirven de nada a Alberto Contador. Uno duda de que cuando Lance Armstrong realizó el gesto de mandar hacia delante a Zubeldia y Popovch, pensase en el bien del equipo. A lo mejor sí. Las aguas bajan revueltas en el Astana.
El matrimonio de conveniencia que se ha formado dentro del equipo desde que llegó Lance Armstrong no le gusta a Contador. Ni a otros muchos. Han apostado por Armstrong, que es un depredador, lo que no quiere decir que marginen a Contador. Armstrong nunca ha engañado. Ha podido disimular más o menos su carácter, su forma de ser. En su interior esconde un monstruo de competitividad, de agresividad, que es superior a él.
Si se alimenta ese volcán, termina por salir a la superficie. Y eso es lo que pasó ayer. Encima de una bicicleta no piensa en nada, ni en nadie. Sólo cuenta él. Hemos visto otra cara de Armstorng que no conocíamos desde su vuelta al mundo del ciclismo: la de su estado físico. Puede que sea más sólido de lo que muchos creían ver.
Ni tuvo, ni tiene medida. Es así, siempre ha sído así. Con 37 años no va a cambiar. Este Tour ha cogido una dimensión diferente.
Ha jugado con Alberto Contador, en una realidad psicológica que ofrece otra perspectiva cuando hay que sufrir encima de la bicicleta. Es un juego cruel, peligroso, sobre todo para quien lo padece.
La contrarreloj por equipos de Montpellier, hoy, hay que mirarla con otros ojos. El maillot amarillo seguirá en las espaldas de Cancellara o puede pasar a las de Tony Martín (Columbia). Si Astana rompiese el reloj, el amarillo iría a parar a las espaldas de Lance Armstrong, no a las de Alberto Contador.
¿Es eso lo que buscaba Armstrong? Es una posibilidad. Lo que ya es seguro es que Alberto Contador no entrará de amarillo en Barcelona y que la desconfianza va a anidar en él.
No va tener muchos corredores en los que confiar en caso de necesidad. Los tendrá que buscar en otro sitio, sí es que están cerca de él. No se puede decir que Armstrong ha vuelto, sino que se mantiene donde estaba, en ese filo en el que el centro del mundo clava tus ojos en ti y te sientes cómodo, a gusto, sabedor de que el túnel del tiempo te ha devuelto a donde estaba, a ser el centro del deporte mundial. Su leyenda se agranda. Da lo mismo el precio a pagar.
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