DV. Seguramente, muchos de los lectores recibirán en sus buzones, con frecuencia, publicidad de agencias de viajes que proponen excursiones de un día a precios irrisorios y, además, obsequian a los viajeros con secadores de pelo, maquinillas de afeitar o jamones. En uno de estos panfletos publicitarios, buzoneado recientemente, se anuncia un tour por Italia de 8 días en el que se visita Florencia, Pisa, Venecia, Roma. «con la bendición del Papa» ¿Tanto se involucra Benedicto XVI en los viajes organizados? ¿Recibirá el Vaticano comisión por ello?
También nos sorprendió un papel con el que amanecieron varias paredes del barrio de Gros hace unas semanas. En él se podía leer, para sorpresa de algunos transeúntes apresurados -aquellos que sólo leen las primeras líneas-, «Se busca pastora vasca negra». No es que los terratenientes de la sierra de Aralar se hayan puesto exigentes y exóticos a la hora de contratar zagalas, sino que, la convocatoria, obviamente, hacía referencia a la raza canina. y no a la humana. Seguramente, más de uno se habrá llevado un gran susto al comprobar el nivel de cualificación necesario para velar por las ovejas de nuestros montes.
Un día de junio recibimos un e-mail del lector Aldo Gorosabel. El título de éste no podía ser más explícito: «Tengo un camello en la vecindad...». Al abrirlo nos encontramos con una muy grata sorpresa: una fotografía de la puerta de un garaje de Venta Berri con varios carteles de venta o alquiler de plazas. Aldo llamaba nuestra atención sobre una muy concreta: aquella en la que el dueño proclamaba, sin ningún tipo de complejo, ni miedo ante la ley, que vendía 'Raya Grande'. Lo cierto es que nunca habíamos presenciado semejante apología de las sustancias psicotrópicas acompañada de un número de teléfono. y mucho menos en un lugar tan visible. Cuando fuimos a fotografiarlo adecuadamente, la lluvia había causado estragos en el rótulo, pero todavía se podía leer el políticamente incorrecto eslogan.
Muy cerca de allí, junto a la rotonda que separa la avenida de Zumalacárregi de la de Tolosa, hallamos una señal de tráfico que indica el fin de la delimitación oficiosa, (porque todavía no existe unas fronteras 'oficiales' entre barrios) de El Antiguo. Lo curioso es que el técnico en cuestión colocó éste en la acera opuesta, de forma que su visionado es más que cuestionable para aquellos conductores a los que va dirigido el anuncio.
Otro lector, a raíz del reportaje que publicamos hace dos semanas relativo a las curiosidades que pueblan el suelo donostiarra, nos avisó de una tapa de fundición que se halla en el paseo de La Concha, junto a la rampa de acceso a la playa del Alderdi Eder. Lo llamativo, nos decía, no era el lugar en el que fue fabricada, Bilbao, siempre en el ojo del huracán, sino el inquietante nombre de la, suponemos, fundición: Resaco. Imaginamos que el vocablo en cuestión no es el masculino de resaca.
Finalmente, dos ejemplos de polémico arte urbano. El uno se encuentra en la barandilla de La Concha, junto a la placa de Resaco antes referida, y se trata de una críptica pegatina que reza, en inglés, Inesperado y, bajo ésta, alguien ha manuscrito «¿Esto qué es?». El adhesivo en cuestión esconde más historias de las que aparenta pues su diseño está someramente basado en las pegatinas Hello, My name is.. que, en los últimos años, han aparecido en mil y un rincones de ciudades de todo tipo. El otro espécimen de arte callejero lo encontramos en la plaza Zuberoa de Gros donde alguien, no sabemos si con intenciones estéticas o, simplemente, gamberriles, ha pintado unos ojos y una boca en una de las farolas del lugar. El trazo tosco y apresurado ha propiciado el alumbramiento de una criatura muy poco agraciada.