DV. Ulía cambia. Al menos en algunas de sus zonas, las que se pretende recuperar para el disfrute público sin alterar el entorno natural del parque. Basollúa, en lo más alto, pretende recuperar aquel aspecto de palacete italiano que tuvo en su inaguración de principios del siglo pasado. El albergue ha olvidado su antigua estructura.
Y es uno de esos lugares a punto de estrenarse con sus cinco casetas de madera como elemento más característico. Cuando se quemó el anterior edificio, hace ya tres años, pocos imaginaban que sería sustituido por los primeros bungalows de la ciudad. En el camping de Igeldo ya están instalados, pero fueron los de Ulía los primeros que se proyectaron. Y están a punto de estrenarse, junto al nuevo albergue, que ha olvidado las desangeladas habitaciones grandes con literas para optar por estancias más pequeñas, algunas pensadas sobre todo para familias.
El día 12, servirán para el primer alojamiento de los niños saharauis que llegan a pasar sus vacaciones con familias de la ciudad. Será su primera noche en Donostia y también la inauguración oficial de este albergue, que forma parte ya de la oferta turística donostiarra y que cuenta ya con sus primeras reservas.
De 1909
Monte arriba, otro edificio abandonado hace años, el conocido como Basollúa o Tiro de Pichón. Su diseño de 1909 seguía su proceso de deterioro después de quedarse sin uso. Es el vestigio más importante de lo que fue el parque de recreo de Ulía durante la Belle Époque, a principios del siglo pasado y su estilo de pabellón italiano se recupera ahora en unas obras que deben finalizar este otoño. Y se pretende que su combinación entre hostelería y divulgación histórica y natural le devuelva el aspecto que tenía en las postales y el atractivo que ostentó entre la ciudadanía.
El coste de esta rehabilitación es de 572.379 euros, una cantidad que corre a cargo de las arcas municipales. El edificio es de una sola planta y ocupa 270 metros cuadrados cuyo destino final será un merendero en el que la historia del monte Ulía tenga una presencia importante.
Los redactores del proyecto de ejecución, Eduardo Ramos y Rosario Ortiz de Zárate, han realizado un informe sobre el estado en el que se encontraba el edificio. Los adjetivos para describirlo son «abandonado, bastante deteriorado y desfigurado respecto a su estado original, debido a desafortunadas obras exteriores».
Al menos, el antiguo Basollúa no presentaba patologías estructurales y su principal causa de deterioro ha sido la humedad, tanto por fallo de impermeabilización de las cubiertas como por la humedad del terreno.
La estructura es de hormigón armado, con unos pilares de fachada de 20 por 20, forjado de cubierta plana realizado con losa que en el interior tiene numerosos desconchones y una carpintería sin interés. Ambos arquitectos destacan que, aún modificado, estropeado y abandonado, «emana parte del encanto original que tuvo como palacete o pabellón italiano».
Todo el auge de aquellos tiempos de Ulía se quiere recoger en el edificio que va a recuperar su imagen de postal de la época. Una postal que habla de planta de cruz latina con acceso desde la fachada sur, con un entorno más despejado de vegetación que en la actualidad y que permitía vistas espectaculares sobre los acantilados del monte. Había también un cuerpo bajo de portería que daba acceso al principal, algo más alto. Desde allí se accedía al exterior, a la fachada norte que es la que da hacia la plataforma que se utilizó para el ejercicio del tiro. «Es la fachada más relevante, con la arcada de tipo italiano».
Pero como ocurrió con otros edificios de la ciudad, en fechas posteriores se le adosó el llamado cuerpo sur-este. Se generó un pequeño patio de servicio interior con ventanas que desentonaban. Y la rica cornisa original está desfigurada, se han eliminado pináculos y relieves.
Todos ellos se repondrán. En el edificio original se colocarán las ménsulas de época y la cornisa, mientras las ampliaciones no dispondrán de ellas. Para poder albergar todo el programa que se pide, tanto el hostelero como el divulgativo, se va a mantener la ampliación posterior. «Se va a dignificar haciendo que ventanas y molduras se correspondan con los del cuerpo original».
Sólo se derriba la pequeña última ampliación del ala este «por su mala construcción e inadecuación total con el resto del edificio». Eso sí, se reconstruirá con criterios integradores con el resto del conjunto, que también va a recuperar como pradera verde el cemento del campo de tiro.
Un elemento fundamental son las fachadas, ya que todas ellas se consideran de interés al tratarse de un edificio aislado y visible por todos sus lados. Se van a reorganizar según los patrones originales y el patio interior no será apreciable desde el exterior. Dentro, la chimenea seguirá siendo un elemento fundamental, en el cuerpo central, con 103 metros cuadrados útiles para ese bar merendero que va a recuperar la tradición de Ulía.
En los laterales se situarán las exposiciones de historia de aquel parque que tanto gustó a la sociedad donostiarra de la Belle Époque y sobre la riqueza que este monte, en el que ya se ha prohibido la caza, puede ofrecer al visitante.
¿Y la pasarela?
Sin embargo, el proyecto más flamante de los últimos años, la pasarela peatonal a Mompás parece estar parada. El Gobierno Vasco que acaba de llegar a Lakua debe emitir un informe medioambiental que disipe las dudas sobre conflictos institucionales que se le han planteado al Ministerio de Medio Ambiente, que es el que financia la obra y la promueve.
Parece que el entendimiento ahora parece más fácil que el que se ha dado hasta ahora, pero el Ayuntamiento debe enviar todavía alguna documentación al Ejectivo Autónomo.
En principio, esa es la sensación que existe en los pasillos consistoriales, no debe existir ningún problema para que la pasarela llegue a ser una realidad, pero lo cierto es que, de momento, poco parece haberse avanzado desde la declaración de interés general que justificaba su construcción.