DV. La beata guipuzcoana Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, natural de Andoain, será proclamada santa por Benedicto XVI, que aprobó ayer el decreto que reconoce como milagro su intercesión.
Esta religiosa nació en el caserío de Berrozpe en 1845, en el seno de una familia numerosa y humilde de artesanos. Ella era la hermana mayor y en su casa la conocían como Juanitatxo. La Madre Cándida fue bautizada como Juana Josefa, pero decidió cambiar su nombre por el de Cándida María de Jesús cuando formó la congregación de las Hijas de Jesús, popularmente conocidas como jesuitinas.
Apenas pasada la adolescencia, una inocente y todavía analfabeta Juanitatxo dejó Euskadi como una emigrante más para ayudar en la economía familiar. Primero fue a Burgos y luego a Valladolid, para trabajar como sirvienta. En esta ciudad Dios llamó a la andoaindarra para fundar una congregación dedicada a la «instrucción y educación de la niñez y juventud», tal y como recogen los archivos de las Hijas de Jesús.
A los 26 años de edad y tras formarse fundó la Congregación de las Hijas de Jesús en Salamanca, consciente de la necesidad que tenían las mujeres de recibir una educación ya que en 1860 sólo el 20% de las niñas del estado sabían leer y escribir. Ella quiso aportar soluciones. Se encomendó a Dios y dedicó su vida al Señor y a la enseñanza, tanto de sus religiosas como de las chicas que acudían a sus escuelas.
La Madre Cándida siempre procuró que sus centros estuvieran abiertos a todo tipo de clases sociales «para internas, externas, ricas y pobres», según palabras de la propia beata, recogidas en documentos de la época.
Instrucción femenina
Asimismo, en muchas ocasiones ella misma iba a casa de las jóvenes para convencer a sus padres de que debían estudiar y tener una educación. Podría decirse que fue una mujer concienciada con la juventud femenina y que, de alguna manera, luchó por los derechos de las mujeres. La andoaindarra chocaba con la opinión de su época de que las féminas no debían instruirse. Ella no cejó en su empeño y siguió adelante. De tal manera que al poco tiempo de formar la congregación ésta se expandió con escuelas en municipios como Tolosa o Segovia, entre otros.
Debido a una vida entera dedicada a Dios y a ayudar a los demás, el Papa Juan Pablo II la beatificó en 1992. Ahora será el Benedicto XVI quién la nombre santa.