DV. Conrado Hernández, delegado del Gobierno Vasco en Cuba, ha confesado que colaboró con el espionaje español. Su trabajo al frente de la Sociedad para la Promoción y la Reconversión Industrial del País Vasco (SPRI) en La Habana habría servido, según su propio testimonio, de «tapadera» para colaborar con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
La declaración ha constituido la base para que el presidente cubano, Raúl Castro, defenestrara del poder al ex vicepresidente Carlos Lage y al ex canciller Felipe Pérez Roque -considerados como el relevo generacional de la cúpula comunista isleña-, y a otros destacados funcionarios castristas. Los dos líderes caídos eran muy amigos de Hernández, con el que charlaban sobre los entresijos de la política en la isla. Unas conversaciones con críticas al propio Castro y a otros altos cargos.
La confesión del delegado del Ejecutivo autónomo -demoledora para los servicios españoles de inteligencia, que han negado ese vínculo en todo momento- ocupa apenas unos cinco minutos de un vídeo que se ha comenzado a proyectar a puerta cerrada a un selecto grupo de cubanos. Con dos versiones: de seis horas para altos dirigentes y de la mitad para los militantes de base del Partido Comunista Cubano (PCC). En total, un millón y medio de cubanos han tenido acceso a la grabación.
El director de la oficina que depende del Departamento de Industria del Gobierno Vasco fue detenido el 14 de febrero en el aeropuerto de La Habana cuando se disponía a viajar a España. Desde entonces su situación se ha llevado con extremo secreto. Nadie se atreve a concretar dónde se encuentra, si ha sido juzgado, si le han impuesto una condena o si cumple prisión domiciliaria. Una delegación del Ejecutivo autónomo viajó al poco de conocerse el arresto a la isla para conocer algún detalle, aunque sus representantes se limitaron a asegurar que el arresto de Hernández no afectaba a los intereses vascos.
La confesión del director de la SPRI en La Habana se ha visto reforzada por la declaración ante la Policía de la mujer que acompañaba a Conrado Hernández en el momento de la detención. Aunque se desconoce con exactitud la identidad de esta fémina -para unos era su esposa Amalia; para otros, su amante, cuya casa en El Vedado fue allanada por la Policía y que incluso sitúan como empleada de la misma oficina de la SPRI-, la mujer habría hablado y «reflexionado» por escrito largo y tendido sobre todos los tejemanejes del delegado del Gobierno Vasco.
Sentado en un sofá
Una persona que ha podido ver el vídeo ha asegurado a este periódico que lo que más le impactó fue «la tranquilidad» con la que Hernández habla. «Aparece sentado cómodamente en un sofá y parece que es una entrevista en lugar de la confesión de un acusado de espionaje». La acusación de colaborar con la inteligencia española se basa en una grabación de, al menos, un encuentro entre el delegado del Ejecutivo vasco y agentes del CNI en un restaurante de La Habana.
Además, esta declaración ha servido de base para la purga de los dos hombres que parecían destinados a ser los pilares jóvenes de la revolución castrista.
Otros materiales en vídeo impulsaron la caída en desgracia de varios dirigentes. Como Otto Rivero, ex vicepresidente del Consejo de Ministros, quien viajó al País Vasco en visitas de trabajo supuestamente financiadas por Hernández y concretó la compra de material sanitario y hospitalario; y como Fernando Remírez de Estenoz, ex jefe de Relaciones Internacionales del PCC. Carlos Valenciaga, ex jefe de despacho de Fidel Castro, fue destituido meses antes porque, según Castro, celebraba una fiesta «indecente» en el Palacio de la Revolución -a la que asistieron Lage y Pérez Roque- a poca de distancia de donde Fidel se debatía entre la vida y la muerte.