DV. Las diferencias en torno al papel que el edificio de Tabakalera debe jugar en la configuración del proyecto son el motivo esgrimido por Iñaki Galarraga para explicar su renuncia al cargo de director de Arquitectura del centro. La decisión de Galarraga se produjo el pasado viernes, apenas seis meses después de que el consejo de administración del Centro Internacional de Cultura Contemporánea (CICC) eligiera el proyecto Tres en raya, de Jon y Naiara Montero, como ganador del concurso para la rehabilitación de Tabakalera.
Según explicó ayer Galarraga a DV, la dimisión obedece a las diferencias que mantenía con la dirección del centro sobre el papel que debe jugar el edificio de la antigua fábrica de tabacos. En concreto, el arquitecto donostiarra entiende que en este proceso se está dando prioridad a los contenidos por encima del edificio, cuando en su opinión debería ser justo al revés. Reconoce que el director del CICC, Joxean Muñoz, no comparte «obviamente esa defensa numantina del edificio», pero recalca que todo se reduce a «una especie de encrucijada intelectual». La dirección del CICC rehusó realizar declaraciones.
Galarraga, que insitió en que su decisión no debe afectar negativamente a Tabakalera, considera que las diferencias surgen por una cuestión que califica de «matices, no de fondo ni de trazo grueso». Sin embargo, lo cierto es que no comparte lo que considera una decisión de «poner el edificio a los pies de los contenidos. Y menos, viendo que entre los dos hay un campo de convergencias casi infinito. Si tenemos que elegir, que domine el edificio, no los contenidos. Y sin dejar por esto de hacer un edificio moderno, práctico y cómodo». Algo que, a su juicio, es posible. «La prueba es que cuando uno compra un piso luego se adapta perfectamente. Si mañana me dejas un piso en la Avenida, ya verás qué pronto me adapto de maravilla porque es una buena arquitectura, neutra, bien hecha y que tiene mil posibilidades, lo mismo para mí, para un artista plástico que para un pianista. Ésa es la arquitectura que yo defiendo para mi ciudad».
Galarraga, que abandona el cargo para regresar a su puesto de profesor universitario en la Escuela Superior de Arquitectura de Donostia, se ha encargado del análisis del edificio de Tabakalera y de dirigir los preparativos de la convocatoria del concurso de Arquitectura, el proceso de valoración y selección de las propuestas, así como de la posterior interlocución del centro con el equipo ganador.
A su juicio, desde que se presentó el proyecto arquitectónico, «se ha hablado demasiado. No ha habido cambios sustanciales en los grandes conceptos, pero en los pequeños, sí. Se discute mucho lo pequeño y se obvia lo fundamental. En el abanico entre lo fundamental y lo accesorio, tenemos unos puntos de vista muy diferenciados entre arquitectos y usuarios. Y eso es lo mismo que pasó en el Kursaal: vino Moneo y el primer día le dieron la vuelta a todo. Lo que pasa es que Rafael tiene un gran aguante».
«Dar tiempo al tiempo»
Galarraga admite que la antigua fábrica de tabacos requerirá una serie de intervenciones que adapte el edificio a sus nuevas funciones, pero apuesta porque «los cambios vengan del alma, no de la pirotecnia. Y en este sentido, el reto es fantástico y está bien encaminado pero yo no comparto el itinerario cotidiano, la manera de trabajar: 'Ahora cambiamos esto, ahora cambiamos lo otro'. Hay que dar tiempo al tiempo». Y en este sentido, añadió: «Con el uso, con el desgaste se verá si el proyecto es bueno o malo. Y luego, lógicamente, tiene que haber una voz que hable y se corría el riesgo de que hubieran varias voces».
Además, el arquitecto considera que la necesidad mediática de «cautivar» y de «hacerse emblemático» pervierte el proceso natural del proyecto. «Los emblemas deben hacerse con el tiempo. San Sebastián va a optar a Capitalidad Cultural Europea 2016 porque Ugartemendía y Goikoa la hicieron maravillosa, y todo lo demás son cohetes y, además, cohetes baratos». Además, lamenta que siempre surga la cuestión de «'¿y qué dice el experto?', cuando lo que debe hacer el experto es esperar a que le den el edifico para luego adaptarlo, vivirlo, amarlo...», concluye.
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