«Hay mucho sitio al fondo». La frase la pronunció Richard Feynman en 1959 en un discurso que pasaría a la historia de la Física. El auditorio de la Universidad Tecnológica de California no podía imaginar que medio siglo después ese mundo diminuto que se escondía a escala molecular y atómica llegaría a ser visible y manipulable por el ser humano. «Entonces parecía inalcanzable», cuenta José María Pitarke, director del CIC Nanogune de Donostia. Pero las fronteras de la ciencia han saltado por los aires con la «revolución» de lo nano. Las primeras aplicaciones tecnológicas ya están en el mercado (materiales menos pesados para raquetas de tenis, nanopartículas en cremas solares, sensores y tejidos repelentes al agua, entre otros). Y todavía «hay todo un universo por descubrir», augura el científico bilbaíno. El reto, sostiene, pasa por implicar a la sociedad, que podrá familiarizarse con esta disciplina «que cambiara nuestras vidas» en el congreso AtombyAtom a finales de septiembre en el Kursaal.
- No sé nada de nanotecnología. ¿Estoy a tiempo para ponerme al día?
- Sí. Precisamente ese es el objetivo del congreso: acercar el significado de la nanociencia y la nanotecnología al público en general. Se han organizado charlas abiertas a todo el público: jóvenes, mayores y gente que no tenga por qué saber qué es la nanotecnología.
- ¿Y qué es la nanociencia?
- Es la ciencia a una escala determinada, la del nanómetro, que es la escala de los átomos, las moléculas y los sistemas biológicos más primitivos, como los virus o el propio ADN. Un nanómetro es la milmillonésima parte del metro. Y la nanotecnología es la tecnología derivada de la generación de conocimiento en esta escala. Consiste en manipular la materia a esta escala, implementar mecanismos de autoorganización de la materia.
- ¿Dónde podemos encontrar lo nano en la vida cotidiana?
- En nuestros ordenadores ya tenemos procesadores con tecnología de 45 nanómetros. También hay nanopartículas en las cremas de protección solar. Hay tejidos repelentes al agua, materiales para raquetas de tenis, pelotas de golf, catalizadores para combustible de automóvil, lubricantes, sensores... Pero las grandes aplicaciones que podrían cambiar nuestras vidas, como lo han hecho el transistor o internet, todavía están por descubrir. La revolución todavía está por llegar.
- ¿No da miedo pensar que el ser humano es capaz de manipular y crear algo que cambiará el mundo?
- Sí, como con todo lo nuevo, que puede ser para bien o para mal. En este caso, uno tiene que ser cauto y tiene que establecer mecanismos de investigación y de control relativos a las implicaciones no beneficiosas de la investigación a esta escala.
- ¿Hay una corriente crítica con la nanotecnología, como la hay con la energía atómica o los transgénicos?
- No hay una corriente contraria en sí. Siempre existe el peligro de que la generación de conocimiento genere resultados no deseables, pero no debemos renunciar al avance del conocimiento. Sería como quedarnos en el Neanderthal. Lo importante es establecer mecanismos de control. Ya hay grupos de investigación trabajando en lo que se llama nanotecnología responsable.
- ¿Qué aplicación es la más esperada?
- No lo sabemos. Pero se espera que la nanotecnología tenga impacto en todos los sectores, desde la electrónica, no sólo con la miniaturización de lo que ya existe, sino con nuevas ideas, la electrónica molecular, por ejemplo. También beneficiará al transporte, con materiales más ligeros, y a todas las áreas de la medicina.
- Las expectativas son grandes para la lucha contra el cáncer.
- Sí, pero no sólo. La nanotecnología permitirá, por ejemplo, sintetizar pequeñas partículas y fabricar nanodispositivos con fármacos que podrán dirigirse contra las células enfermas de nuestro organismo.
- ¿El transporte será más sostenible?
- Sí, porque los materiales serán más ligeros, se consumirá menos energía y se generarán menos residuos. Por eso decimos que se consigue más por menos, mucho por poco. Se logrará producir con menos consumo de materia y energía. Se pondrán en marcha, en definitiva, nuevas formas de producción. ¿Qué cambiará? No se sabe. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que en cada uno de nuestros hogares contaríamos con al menos un ordenador. Uno no encontrará la gran aplicación buscándola.
- La nanotecnología está en los laboratorios y también en el mercado, pero en la calle todavía suena demasiado lejano.
- La sociedad tiene que conocer lo que es la ciencia en general y, en particular, la nanociencia, sus implicaciones. Es importante que seamos una sociedad avanzada, una sociedad culta científicamente. Parte de nuestra misión desde el CIC Nanogune es acercar la ciencia a la sociedad, no sólo hacer investigación de excelencia y transferir ese conocimiento al tejido industrial.
- La ciencia ha estado mucho tiempo encerrada en el laboratorio.
- Por lo general, el científico siempre tiende a ir a lo suyo, centra su interés en su investigación, pero no suele estar necesariamente interesado en divulgar. Es más, la divulgación científica no está tan reconocida entre los científicos como lo está el llevar a cabo investigación de excelencia. Pero cada vez somos más conscientes de que es necesario acercar nuestros conocimientos a la sociedad.