Un golazo de libre directo de Dani Alves, con la colaboración del portero rival, evitó in extremis el milagro de Suráfrica, que rozó el pase a la final e hizo méritos para eliminar a la vigente campeona de la Confederaciones. La decepcionante, lenta y aburrida Brasil fue superada por la organización, físico y valentía de Suráfrica, que sólo cayó en los últimos minutos, y a balón parado.
Ya era difícil que la flauta volviese a sonar por segundo día consecutivo, aunque Brasil estuvo contra las cuerdas y lo pasó realmente mal ante una anfitriona que aportó mucho más que ilusión. Suráfrica, que el domingo volverá a enfrentarse a España por el tercer puesto, fue la que puso el fútbol y la única que dio alegría a la segunda semifinal, pero Brasil tuvo la suerte de los campeones. Su juego fue deprimente, pero cuando Brasil se temía la prórroga, Dunga sacó a Dani Alves para actuar como lateral izquierdo y, sólo seis minutos después, una falta al borde del área acabó con el sueño africano. El guardameta se comió por su palo el derechazo del defensa del Barça, que tenía sitio más que suficiente para salvar la barrera y, ante todo, el orgullo de su país.
A pesar de que Brasil , con la experiencia de lo ocurrido el día anterior con España, sacó a su mejor equipo titular, ofreció una pobre imagen y tuvo suerte de no caer ante la número 72 del mundo.
La ordenada Suráfrica fue mejor y tuvo más ocasiones en un duelo sorprendente en el que si los anfitriones hubiesen tenido puntería, habrían propinado un durísimo golpe a los defensores del título. Ya la canarinha del primer tiempo, adormilada, paciente, excesivamente confiada y apática, se pareció mucho a la selección española del periodo inicial frente a los americanos. La atrevida y poderosa físicamente Suráfrica, sin embargo, recordó a la de Estados Unidos, y no sólo en la primera parte, sino en todo el partido, sin miedo a irse arriba e incluso dispuesta a hacerse con un balón al que los brasileños renunciaron.
Sólo a la contra metió algo de miedo Brasil, y gracias a Kaká, que tardó muchísimo en aparecer, en entrar en juego, en conducir con su habitual elegancia y potencia y rematar con clase e intención al marco rival.
Cegada con el balón
Tuvieron que pasar 37 minutos para que el nuevo crack madridista protagonizase la única buena jugada de su selección, al irse de dos rivales y lanzar ajustado al palo. Pero Brasil sólo tenía eso. Acciones individuales, y muy esporádicas. Su primer remate a portería llegó poco antes de cumplirse el cuarto de hora, y no fue ni de Kaká, ni de Robinho ni de Luis Fabiano, sino de Ramires.
Con la pelota Brasil estuvo cegada colectivamente en ataque y careció de la profundidad que se le presumía. Suráfrica, sin embargo, tenía las ideas muy claras, para cerrar los espacios del rival, mover el balón de manera más que aceptable para su clase, y atacando con muchos efectivos. Hasta que llegó ese falta fatídica. La final, Estados Unidos-Brasil, será muy descafeinada, aunque aún más lo será el nuevo duelo entre España y Suráfrica. COLPISA