DV. «No se puede asfaltar todo el territorio de Gipuzkoa si queremos seguir viviendo en él. Los técnicos dicen, además, que cuantas más carreteras se construyen, acuden más coches. Siempre acaban saturándose», señaló ayer Pedro María Artola, presidente del Real Automóvil Club Vasco Navarro (RACVN).
El veterano club automovilista dirige, con el Ayuntamiento de San Sebastián, el curso Movilidad: Experiencias, que pretende analizar los problemas y buscar soluciones en el ámbito de la movilidad urbana.
Con esta finalidad reúne hoy en el Palacio Miramar a dos especialistas en la materia -de la Comunidad Valenciana y de la ciudad de Granada-, a una experta de movilidad en las ciudades -de Consultor Doymo de Barcelona- y a una representante de la Dirección General de Tráfico, que hablará de los accidentes urbanos e interurbanos.
Volviendo a Gipuzkoa, Martínez Artola reconoce que el territorio «tiene un hándicap, porque somos un lugar de paso casi obligado. Por aquí circula todo el mundo y eso te condiciona». Admite, también, que es un tema muy complicado: «Se ha hablado de soterramientos y ahora del tren, pero no creo que los trenes sean suficientes para trasladar toda esa carga que miles y miles de camiones llevan transportando por Gipuzkoa a un lado y otro de la frontera».
Se refiere también a esos anuncios para posibilitar nuevas rutas por Navarra y por el Bearn, que han puesto a los bearneses en pie de guerra: «Por aquí no pasa nadie, dicen, porque no quieren que su territorio se transforme en asfalto puro». El presidente del RACVN aventura que quizás en un futuro se construyan más pequeños aeropuertos y que las mercancías viajen por el aire: «Entonces a lo mejor serán los cielos los que estén colapsados. Algo de esto ya pasa en América».
Problema irresoluble
Con respecto a la capital, San Sebastián, ve el de la movilidad como un tema muy complicado. «El espacio es el que hay y la flota de vehículos crece. Hay problemas de circulación y aparcamiento y aunque la gente se retrae mucho a usar el vehículo particular, sigue habiendo muchos. Es un tema irresoluble». Admite que se buscan soluciones como peatonalizaciones, estrechamiento de calzadas, para evitar el uso del coche, «pero no se consigue y por otro lado creo también que la circulación es vida».
Afirma que las ciudades sin tráfico «se mueren» y luego «la gente se queja porque todo son entidades bancarias, pero si no puedes recoger un paquete grande en un comercio, o los que se dedican al reparto no tienen más que dificultades y encima se potencian centros comerciales en los alrededores, los comerciantes bajan la persiana. Todo eso sin olvidar que no puedes ir a recoger a tu madre o a tu abuela de 85 años, porque si detienes el vehículo organizas un atasco enorme, porque solo hay espacio para el paso de uno».
Concluye que la disminución del uso del vehículo solo lo está consiguiendo la crisis, «y esto ya lo notan en las gasolineras y en las autopistas. También, ahora sí, muchos trabajadores se juntan para ir cuatro en el mismo coche hasta su empresa».