DV. El Kursaal cumple diez años. Un concierto conmemora hoy el cumpleaños de un edificio que nació envuelto en polémicas y una década después es icono de Donostia. En los dos cubos creados por Rafael Moneo se han vivido intensos momentos artísticos. Diez profesionales vinculados con el Kursaal seleccionan su mejor recuerdo de los diez años.
Llegó al Kursaal cuando aún era un proyecto en construcción y lo dejó hace más de un año convertido en una maquinaria engrasada y rentable. José Miguel Ayerza, hoy secretario general de Adegi, elige precisamete como «momento» esa foto móvil: «Viví muchísimas emociones y encuentros enriquecedores, pero destacaría sobre todo la sensación de haber vivido un proceso de transformación de un proyecto inicialmente controvertido en uno de los iconos de la ciudad. Ese es el verdadero momentazo».
La Orquesta de Euskadi es, con toda seguridad, la entidad cultural que más ha actuado en el Kursaal: 337 citas con el público a lo largo de estos diez años. Por eso Iñigo Alberdi, director general de la OSE, destaca esos 337 conciertos. «La presencia de este nuevo equipamiento cultural ha cambiado la vida cotidiana de la Orquesta Sinfónica de Euskadi: la ha situado en otro estadio de proyección artística y de calidad musical», dice.
El director del Orfeón Donostiarra, José Antonio Sainz Alfaro, no lo duda: «Para mí, y creo que para todo el Orfeón, la fecha más trascendental de esta década de vida del Kursaal ha sido la inauguración del auditorio. Nosotros llevábamos años pidiendo para la ciudad un espacio que reuniera las condiciones acústicas que ningún teatro de Donostia poseía, así que cuando pudimos subirnos al escenario del Kursaal se cumplió uno de nuestros mayores deseos y los donostiarras, por fin, pudieron escuchar al coro en su plenitud. Desde entonces nosotros nos sentimos muy satisfechos cada vez que ofrecemos un concierto ahí».
Pero no sólo de música clásica han vivido los cubos. El músico y cantante Alex Ubago, recuerda por ejemplo que «el Kursaal siempre ha estado presente en mi trayectoria musical. He tenido la gran suerte de tocar en varias ocasiones, las dos ultimas en el Auditorio, pero quizás el concierto que recuerdo con más cariño fue el que dí el 7 de febrero de 2002 en la Sala de Cámara, presentando mi primer disco ¿Qué pides tu? Era la primera vez que tocaba en Donostia y me parecía increíble estar actuando allí. El Kursaal también fue escenario de la contraportada del disco ¿Qué pides tu? y del videoclip de Por esta ciudad, dedicada a San Sebastián. Como espectador he disfrutado de todos los conciertos que he podido. El último sin ir más lejos, el de Wilco».
El músico donostiarra Iñaki Salvador no lo duda. «Me hizo mucha ilusión ser quien dio el primer concierto en el cubo pequeño, como Iñaki Salvador Trío más Carmen Canela. Al paso de estos años ha sido una sala donde he podido vivir preciosos momentos musicales. Por ejemplo, junto a grandes músicos americanos de jazz un 21 de enero o presentando mi último disco en formación de noneto. Tengo cariño en concreto a esa sala, la de cámara».
La Oreja de Van Gogh destaca su último concierto en el Kursaal, el 1 de marzo de este año, «porque fue literalmente el inicio de una de las épocas más bonitas del grupo. El Kursaal fue testigo una vez mas de la biografía de LOVG y por eso el cariño que tenemos a este lugar emblemático va más allá de las típicas palabras de felicitación. ¡Larga vida al Kursaal! Para nosotros siempre será un símbolo del triunfo de la cultura en nuestra ciudad», agregan «a una sola voz» los integrantes de la banda.
El Kursaal es también la casa del Heineken Jazzaldia. Su director, Miguel Martín, programador musical también de los cubos durante el año, dice que «fue especialmente emocionante el primero de los conciertos de Keith Jarrett en el Auditorio en el 2000. Ramón Trecet me decía a las pocas semanas que ese tipo de concierto era el que marcaba la diferencia entre un Festival y los demás».
Es uno de los artífices del éxito de los cubos, desde su puesto en la Quincena Musical (que pronto abandona, a petición propia) y como programador de música clásica de la Fundación Kursaal. José Antonio Echenique elige como «momento favorito» de la década la primera ópera que se representó en el auditorio, el 16 de agosto de 2001, precisamente en el marco de la Quincena: un Rigoletto dirigido por López Cobos con María José Moreno y Aquiles Machado en el reparto. «Fue el momento en que comprobamos que el equipamiento escénico del Kursaal estaba preparado para acoger un montaje operístico así. A partir de esa ópera abrimos la puerta a nuevos montajes y propuestas. El Kursaal estaba preparado para ello».
El Kursaal es cada septiembre palacio del Festival de Cine. Su director, Mikel Olaciregui, destaca como «momento personal» la entrega del Premio Donostia en 1990 a Michael Caine. «Es un actor que admiro, me 'tocó' a mí entregarle el premio aunque yo aún era gerente, y luego Caine ganó también el premio al mejor actor. Rosa María Sardá presentó un acto divertido y emotivo a la vez», dice.
«Mi momento fue este marzo», dice el gerente del Kursaal. «Nos visitaban los organizadores de la Conferencia Internacional de Aceleradores de Partículas, que tendrá lugar en 2011. Competíamos con Granada. Christine Petit-Jean-Genaz, coordinadora europea de IPAC, quedó entusiasmada con el edificio. Me sentí orgulloso. Unos días después nos dijeron que habíamos ganado a Granada: el congreso se celebrará aquí».