DV. Paul Valéry (Francia, 1871-1945) fue un alumno y continuador del simbolismo de Mallarmé, además de un reputado filósofo y poeta. En su haber, y para el recuerdo, quedarán siempre las estrofas de su Cementerio marino, en el que presenta al mar como espacio que alberga sus propios muertos, pero a la vez, como testigo de la vida y muerte en la tierra. El artista Alfredo Bikondoa conoció desde muy joven este cementerio valeryano durante sus estancias en París. En 1981 decidió aparcar por un tiempo su carrera para iniciar una búsqueda interior por los caminos del Zen. Tras diecisiete años de voluntario silencio, Bikondoa reaparece como artista plástico y se reencuentra con El cementerio marino consciente de los paralelismos existentes con el poeta francés. Inspirándose en los visionarios versos de Valéry, plasma su traducción plástica en pinturas, esculturas, fotografías, óleos, polvo de mármol, metales y madera, sustituyendo las expresión de las imágenes del poema de una forma esencial y profunda. Esta personal traducción de Bikondoa de las emociones surgidas por la lectura apasionada de su poema se recogen ahora en una exposición en el Aquarium donostiarra, «el lugar más idóneo» para adentrarse en su profundidad.
«Estas obras son una interpretación del Cementerio marino que propone el poeta. A Paul Valéry lo descubrí en París, en pleno mayo del 68, cautivado por el título de la obra. La leí aceleradamente y me atrapó. Sin embargo, con el tiempo, quedó en el olvido. Tanto que no volví a escuchar hablar de ella hasta que llegué a Madrid. Joaquín Hinojosa, productor y actor teatral, que había hecho una minuciosa traducción del poema, me lo regaló. Decidí entonces crear unas obras en torno a esa visión imaginaria que me transmitían sus versos. Valéry escribía desde un cementerio de marineros, desde donde contemplaba el mar componiendo todo su imaginario visual. Plasmarlo en obra gráfica me resultaba complicadísimo, por lo que intenté adoptar el espíritu de Valéry para que mi trabajo surgiera de una forma natural, sin programaciones», explica Bikondoa. Tres grandes esculturas, que funcionan a modo de instalaciones, presentan un cementerio atípico, con un muro y unas cruces que se erigen en el fondo del mar y en el que la huella del ser humano, representada con formas de pies, deambula cual espíritu. «La búsqueda de imágenes no es siempre placentera. Valéry se plantea la disolución del propio yo, lo que le reporta sufrimiento, un calvario que creo haber recreado en mis obras con intensidad», explica el autor.
«Es una recreación apasionadísima del Cementerio marino de Paul Valéry en un escenario único como el renovado Aquarium de San Sebastián, una oportunidad seleccionar estas obras que hablan por sí solas. Ha sido un placer ver cómo esas piezas iban naciendo con esa potencia drástica y visual extraordinaria», destaca María Molina, comisaria de la exposición.
Para Vicente Zaragüeta, presidente de la Fundación Oceanográfica de Gipuzkoa, las creaciones de Bikondoa «nos remiten como espectadores, a una realidad profunda y esencial que nos devuelve una mirada nueva sobre nosotros mismos, haciendo que nos reconozcamos en la percepción de sensaciones, emociones y sentimientos».