DV. El curso escolar toca a su fin y los alumnos se aprestan a disfrutar de tres meses de asueto lejos de las aulas. Septiembre queda en el horizonte y es tiempo para dar rienda suelta a inquietudes y aficiones. Mientras, profesores y responsables académicos reflexionan sobre aquellos aspectos a mejorar. Uno de ellos es el deporte escolar.
Hace tres semanas, la concejalía de Deportes del Ayuntamiento presentó un informe sobre la situación del deporte escolar en Donostia realizado por Juan Luis Aranburu, con quien conversamos acerca de las conclusiones del estudio. El trabajo lo realizó entre octubre y febrero, sobre niños de 6 a 13 años, y participaron los coordinadores de los 45 colegios de la ciudad.
La primera situación que advirtió es que en muchos centros el deporte escolar no se sustenta en una buena base. «Entiendo que el deporte escolar se debe soportar en tres patas: el centro, con la implicación de la dirección y el profesorado, los padres y el coordinador, como organizador de las actividades. Este modelo sólo se cumple en el 40% de los centros donostiarras. En un 36% el coordinador organiza él solo las actividades, mientras que en un 17% cuenta al menos con la colaboración de los padres. En ambas no hay implicación del centro. En el 9% restante ni siquiera existe la figura del coordinador de deportes y es un profesor el que se encarga de ello en sus horas extraescolares», afirma.
El coordinador expresa sus funciones a través de los monitores, que son los que conviven con los chavales. En este punto es donde Aranburu observa una de las grandes lagunas del desarrollo del deporte escolar. «Cada vez cuesta más encontrar monitores. Estos son chavales, más chicos que chicas, de entre 16 y 20 años que se animan a entrenar por afición a ese deporte, porque ganan un dinerito y porque les gusta estar con los niños, sobre todo en el caso de las chicas. Pero en poco tiempo, entre dos y cuatro años, lo dejan, coincidiendo con su marcha del centro al acabar los estudios».
Luego está la cuestión de su formación, como revela Aranburu, para que sean capaces de desarrollar y alcanzar el objetivo que persigue el deporte escolar. «Son chavales con mucha ilusión pero sin ninguna formación. Dado que la mayoría de los coordinadores son titulados en Educación Física, un 5% de los monitores reciben de ellos la formación a través de la organización de cursos internos en el propio centro. Un 43% de los centros mandan a sus monitores a los cursillos que organiza en navidades la Diputación o el Patronato de Deportes, aunque desgraciadamente la asistencia no es muy alta. Finalmente, el 52% de los monitores se forman a través de libros e información que ellos mismos recaban. Así que nos encontramos con chavales que lo dejan pronto y con escasa formación, lo que hace que el deporte escolar carezca de estabilidad en un pilar tan importante como los monitores».
Apoyo a los monitores
Consciente de esta necesidad, el Ayuntamiento donostiarra ha incrementado este año las ayudas al deporte escolar de 200.000 a 230.000 euros y, de esta cantidad, 20.000 se destinarán para la formación de los monitores, «de cara a incrementar la calidad de la práctica deportiva», afirma el concejal de Deportes, Jon Lasa.
Juan Luis Aranburu desvela que, desde algunas instituciones, existe un proyecto para su formación on-line, «aunque aún hay que darle forma. Se trataría de que desde casa pudieran tomar unas nociones básicas de cómo dirigir un grupo y qué valores inculcarles. Este título sería obligatorio y serviría para mejorar el curriculum de sus poseedores». Sin embargo, aún hay un camino largo por recorrer, ya que sólo el 5% de los monitores tienen contrato por realizar sus funciones. El 90% recibe una cantidad mensual en metálico, normalmente a 10 euros la hora, y a otro 5% les pagan con una cena o la entrega de material deportivo. Y es que sin una contraprestación económica, se antoja difícil establecer obligaciones.
En cuanto a los participantes, Aranburu constata que «los niños suelen tener la figura de un ídolo al que imitar, bien en fútbol o en baloncesto, mientras que en las chicas no se da y disfrutan más del aspecto lúdico y colectivo del juego. Quieren estar con sus amigas».
También incide en la necesidad de recordar los objetivos del deporte escolar. «El reto, más allá de las cualidades que pueda desarrollar el niño, es crear en él un hábito deportivo que se prolongue durante toda su vida. El deporte tiene unos beneficios que hay que inculcarles».