DV. Al principio son un elemento de entretenimiento. Incluso se convierten en uno más de la familia. Los más pequeños no les quitan ojo; no paran de darles de comer. A los mayores no les importa cambiarles el agua una y hasta dos veces al día si es necesario. Pero, como en todo, el tiempo hace que la pasión decaiga y las relaciones se enfríen. Y aquellos simpáticos galápagos empiezan a ser un incordio. Después de unas semanas, nadie quiere limpiar el espacio que ocupan y la suciedad se acumula. La comida se acaba y ninguno de los de casa se ha preocupado en ir a buscarla.
Las tortugas crecen y ya no son tan graciosas como lo eran. Los niños, incluso, empiezan a tenerles miedo; algunas muerden. La situación ya no puede continuar por más tiempo. La solución; la más fácil: la echamos al río, al estanque del parque y ya está. Peor no se podía haber hecho.
La Sociedad de Ciencias Aranzadi acaba de poner en marcha una campaña de sensibilización sobre los problemas que genera la liberación de galápagos exóticos en la naturaleza. En Gipuzkoa se estima que hay unas quince especies diferentes. «Los exóticos son un peligro ya que desplazan a los autóctonos de la Península Ibérica, que se encuentran amenazados. Afectan directamente a las poblaciones de anfibios, invertebrados y plantas, y alteran el hábitat. Nunca hay que liberarlos en la naturaleza», señalan desde la sociedad.
Los galápagos autóctonos amenazados son dos: el europeo (Emys orbicularis) y el leproso (Mauremys leprosa). En el primero de ellos, su coloración varía entre marrón a verde negruzco con puntos o rayas amarillas. Alcanza veinte centímetros de longitud. «Viven en regatas y embalses con fondo limoso y preferentemente con vegetación. El estatus de conservación y protección en la Comunidad Autónoma del País Vasco es vulnerable».
El galápago leproso, por su parte, presenta una coloración parda olivácea. La cabeza y el cuello varían entre gris oliváceo con líneas anaranjadas y alcanza veintiún centímetros de longitud. «Estas especies viven en regatas y embalses con fondo limoso y vegetación de ribera. Al igual que el europeo, el estatus de conservación y protección en la comunidad autónoma es vulnerable»», señalan desde Aranzadi.
Los galápagos autóctonos se encuentran amenazados por la destrucción del hábitat, la contaminación y la presencia de especies exóticas invasoras. «Esta última amenaza puede ser decisiva para el futuro de algunas poblaciones ibéricas. Su rareza y precaria situación en el País Vasco nos obliga a proteger los pocos ejemplares que tenemos», afirman desde Aranzadi.
Problema medioambiental
Según la Sociedad de Ciencias, desde mediados de los años 70 han sido miles las crías de galápago de Florida o de orejas rojas (Trachemys scripta elegans), originario de Estados Unidos, que han sido importadas para venderlas como mascotas en Europa.
Su uso como animales de compañía, especialmente por los niños, se popularizó mucho en los años 80 y 90. A medida que aumentan de tamaño, las atenciones que requieren para su cuidado y alimentación complican su mantenimiento en los hogares, teniendo en cuenta además que pueden llegar a vivir alrededor de 30 años, señalan desde Aranzadi.
Los niños se desentienden de ellos y sus padres descubren que tienen un conflicto en casa. La decisión habitualmente tomada es la de su liberación en estanques, lagunas, embalses o ríos que, a su parecer, guardan condiciones para su supervivencia.
Sin embargo, los biólogos califican de desacertada esta decisión. «La capacidad invasora de los galápagos exóticos se basa en la facilidad que manifiestan para adaptarse a los nuevos hábitats», afirman desde Aranzadi.
«Esta especie posee una dieta muy amplia; son voraces, vigorosos y agresivos para hacerse con los mejores lugares de asoleamiento, y terminan por aceptar la climatología del lugar, lo que les permite reproducirse», precisan.
«Son dominantes. En Txingudi se aprecia perfectamente. Las exóticas se pueden ver sin dificultades y las autóctonas de la península ibérica no las verás nunca. Ahora bien, en el momento en el que la población de invasoras retrocede, las otras comienzan a dejarse ver», afirman.
Las crías nacidas se adaptan al nuevo medio. «Podemos entonces decir que en nuestro territorio contamos con una nueva especie, muy peligrosa, porque desplazará a los galápagos autóctonos y producirá desequilibrios insospechados en la vida del ecosistema, que afectará a los anfibios, invertebrados y plantas, reduciendo la biodiversidad local», precisan desde la sociedad de ciencias. El galápago de Florida está considerado una de las cien especies invasoras más extendidas por todo el planeta.