IRUN. DV. Desgraciadamente, no son éstos buenos tiempos para la cultura en general y para el arte en particular. Cuando la economía aprieta, emergen, en los presupuestos de instituciones públicas y empresas privadas, unas prioridades entre las que no suelen estar ni la una ni el otro.
La inauguración el viernes de una nueva escultura en las calles de Irun es especialmente positiva por esa misma razón. Cierto que el proyecto comenzó mucho antes de que la negra nube de la crisis apareciera, pero no por ello se debe obviar la satisfacción de sumar al patrimonio común de la ciudad una nueva escultura.
Ésta tiene, además, un significado especial por su protagonista, Luis Mariano, el irunés universal, el Príncipe de la Opereta. Pero más allá de la evidencia, es un nuevo paso hacia adelante en la iniciativa Arte en espacios colectivos. El Ayuntamiento agrupa bajo ese título una voluntad de «ir creando paulatinamente una colección de obra escultórica urbana para trasladar el arte a la calle, difundir las obras y a sus autores y contribuir al ornamento de la vía pública». Y tras las palabras de esta preciosa declaración de intenciones hay hechos.
Era 2006 cuando el alcalde, José Antonio Santano, se expresó por primera vez en estos términos. Desde entonces, Irun ha sumado seis nuevas piezas.
Piedra sólida...
Las primeras dos obras de arte públicas en la moderna Irun son de piedra. Gracias a la mano y a la mente de Nestor Basterretxea, el encuentro entre avenida de Navarra y calle Uranzu luce una fuente única, quizá no tan llamativa como otras modernas, pero, seguro, más encantadora. Una fuente única y especial en la que probablemente mucha gente no repare porque lleva ahí toda la vida.
La estela de piedra, obra de Jorge Oteiza, marca ahora en el puente de Santiago la solidez de la unión transfronteriza más que la rigidez de la vieja frontera, y se ha convertido en todo un símbolo.
... hierro esbelto...
En los 80, Irun giró de nuevo su vista al arte. Los tiempos habían cambiado. Las Laias de Gabriel Narzabal son la pequeña contribución humana al singular paisaje de las islas del Bidasoa; una aportación artística que el colectivo ha incorporado ya, con naturalidad inconsciente, al conjunto de ese entorno. El árbol de Gernika, de Xabier Laka, introdujo otro estilo narrativo en la ciudad, precursor de lo que nos propondrían jóvenes y veteranos artistas con la entrada del nuevo milenio. Porque era ya el año 2003 cuando Oteiza redefinía el centro de la plaza Amunárriz, ante el juzgado, para colocar su Arista vacía. No se inauguró hasta que finalizaron todas las obras, ya en 2004, y para entonces, Irun había presentado su Loa a la paz, una aportación de Iñaki Moreno Ruiz de Eguino que se encuentra junto al parque Árbol de Gernika. No es cronologicamente la siguiente, pero Donde habita el silencio, un diseño de Mensu, vuelve a jugar con la ligereza del hierro, esta vez en pleno corazón del barrio de Arbes.
... y bronce figurativo
La aportación de Mensu se incluye ya en la propuesta de Arte en espacios públicos, que se había estrenado en 2006 con las Sirenas de aluminio fundido de Agustina Otero y Leopoldo Ferrán, una transición casi explicita desde la escultura lírica de la ciudad hasta entonces al inminente enfoque figurativo. No han pasado ni tres años desde entonces e Irun ha sumado a don Pío en la plaza del Ensanche, La Palancha de Nestor Basterretxea que recibe a los visitantes de la nueva sede del Ramuntxo en Artia, la detallada cantinera de la calle Escuelas, la ya mencionada obra de Mensu y, ahora, un nuevo Luis Mariano.
Éste sustituye el viejo busto del más reconocido representante musical de la ciudad. Pero el viejo Luis Mariano no desaparecerá. Para alegría de los más nostálgicos permanecerá al pie de las escaleras que suben a Artaleku, dando la bienvenida a la calle que lleva el nombre del cantor.