DV. Cardos secos a modo de bosques incendiados, esqueletos de animales como monstruos apocalípticos que surgen en medio de una humanidad alienada al borde del abismo, pensamientos escritos que son cuchilladas que cruzan el lienzo y rasgan los sentidos y el pensar de quienes lo escrutan. En definitiva «la continua lucha del hombre contra, y por el hombre así como la lucha del hombre contra Dios», ese es el motor, la reflexión que origina la obra que el cubano Gustavo Díaz Sosa cuelga en la galería donostiarra Arteko bajo el título Katharsis de una humanidad. Además, aprovechando la exposición, la galería ha editado un libro de fotografías realizadas por Ana Gutiérrez, que recoge las tres etapas de la biografía artística del artista: la cubana, la donostiarra y la madrileña actual.
Díaz Sosa, que estuvo viviendo durante cuatro años en San Sebastián hasta el pasado año, comenta que, de alguna manera, su marcha a la Sierra madrileña «había motivado un cambio, una evolución en su obra. De alguna manera también ha sido una catarsis, una purificación». Argumentaba el título, Katharsis de una humanidad, porque su obra refleja el cambio de una humanidad, «una sociedad que se pierde en sí misma y de alguna manera revienta. Surge el monstruo que da fin y comienzo de una era»
En esta nueva etapa artística, el cubano utiliza muchos materiales orgánicos como ramas, cardos, troncos, esqueletos o restos de cadáveres de animales, «que extraigo o aprovecho de la zona donde actualmente vivo».
Similitudes con Kiefer
El artista cubano, que admite su cercanía al arte Povera o al expresionismo alemán y norteamericano y que, «de identificarme con un autor lo haría con Anselm Kiefer o el propio Barceló», comenta que en esta obra nueva «intento fusionar las figuras humanas dibujadas a carboncillo que realizaba antes, y que venía a reflejar esa intención de lo social, con esta nueva expresión de lo matérico y lo orgánico».
«En mi obra, en la que escribo pensamientos o reflexiones que me van surgiendo durante el proceso de creación, se refleja la lucha del hombre contra y por el hombre así como la lucha del hombre contra Dios», reflexiona Díaz Sosa y prosigue: «El cuestionamiento de la fe, del poder político, de nuestro funcionamiento social que sigue siendo medieval, el sistema de castigo continuo como control de los poderes establecidos... todo esto es lo que me planteo y cuestiona mi obra».
El artista trabaja su obra de dos formas totalmente distintas. Mientras que las piezas de gran formato «son siempre obras preconcebidas», los dibujos los realiza «sobre papeles que tengo tirados por el suelo y que utilizo para cubrir otras obras o para no manchar algo».
«Sobre estos papeles, en los momentos de descanso o de reflexión, siempre termino pintando de manera espontánea, casi inconsciente e intuitiva. Más tarde suelo descubrir ese valor añadido de frescura y espontaneidad que en ocasiones los hacen más interesantes que incluso la obra grande. Por regla general son dibujos ágiles, como bocetos, donde no levanto la mano y las rayas del carboncillo van superponiendose en una maraña que se convierte en la figura deseada».
En la escultura el alambre y el hierro sustituyen al lapiz o el carboncillo. «Mis esculturas son figuras que salen del cuadro».