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Sociedad

29.05.09 -

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La traducción de Gay nauzu ha tardado diez años en salir al mercado. «Hace cuatro años me lo planteó la editorial», explica Lamarca. «Yo ya era Ararteko y tenía mucho trabajo. Pero en la introducción del libro me pregunto si no habría además alguna resistencia para demorar el momento». ¿La había? «Supongo que está relacionada con publicar extractos de un diario personal. Cuando me planteé escribir el libro en euskera, la decisión fue costosa. Había guardado el diario en celosa intimidad. Y, quizás, en el subconsciente los planteamientos originales volvieron a surgir en esta nueva ocasión».
Es un libro autobiográfico y con reflexiones. «Buscaba que la sociedad entera conociera las condiciones negativas y hostiles hacia la homosexualidad en los años 70 y los efectos que ello tuvo en mí. Y aunque en estos 35 años se han producido avances formidables y España es un país en vanguardia en el mundo respecto al reconocimiento de derechos de igualdad para las personas homosexuales, en el plano social estamos a mitad de recorrido».
Pide un contexto social neutral y dejar de vincular normalidad con heterosexualidad. A él le faltaron referentes. «Todas las representación del amor, las históricas, las familiares, los libros, los cuentos... todos los ámbitos del orden social eran de naturaleza heterosexual».
Discute la prevalencia moral de la heterosexualidad. «El pensamiento social alimenta esta idea. No se condena la homosexualidad pero, en un planteamiento un tanto ambiguo, sigue considerándose algo malo, no deseable y problemático. Eso al adolescente, que tiene pocos recursos y alta vulnerabilidad, le sigue produciendo dolor, desazón, sufrimiento e inseguridad».
El libro, ¿un espejo en el que se mirarán los jóvenes? «La enseñanza de mi propia trayectoria es la defensa radical de la dignidad de la persona humana. En ello debe estar basado el orden social. Y es algo que compete a cada cual. Hay que respetarse a sí mismo y hacerse respetar. No es fácil, pero es un activo valiosísimo».
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