Regresa Wim Mertens, pero no al Victoria Eugenia donostiarra, donde ha intervenido en repetidas ocasiones, sino al Teatro Leidor de Tolosa, dentro de la programación Mundua Tolosan que finalizará la próxima semana con la portuguesa Dulce Pontes. El creador belga debutó en el Victoria Eugenia en el año 1986 con dos recitales seguidos. Posteriormente, estuvo en el Jazzaldia (Plaza de la Trinidad, 1989), y de nuevo en el teatro mayor donostiarra: en la Quincena Musical (1980), Xº Festival de Nuevas Músicas (1999) y en 2007.
- Su último disco se titula 'La hora del lobo'. ¿Hay lobos en Bélgica?
- Sí, en las montañas del sur, Les Ardennes. Para mi la idea del lobo tiene mucha importancia. Está presente en nosotros desde pequeños. Se nos presenta como animal desconocido, provocador de fantasmas. Y me interesa porque actúa en manada, algo importante en el concepto del disco porque ocurre así con los instrumentos. Para expresarse, crear un movimiento, atacar al público, funcionan en manada. El lobo tiene también mucha fuerza individual: actúa por sorpresa y eso se traduce al grupo igual que nosotros hacemos con la música: individualmente y como ensemble.
- Ha titulado toda la obra en francés, ¿no se enfadarán sus paisanos flamencos?
- L'heure du loup es una expresión francesa. Me gusta partir de juegos de palabras en distintos idiomas. En Bélgica coexisten tres distintos: el neerlandés en su variedad flamenca, el francés hablado en dos variedades, valón y picardo; y el alemán. Eso provoca un juego muy fuerte. Coexistencia y rivalidad al mismo tiempo, estar juntos en un país y la rivalidad de estar frente a la otra comunidad.
- ¡Una batería en un disco de Wim Mertens!
- Con esta producción hemos querido desarrollar la composición. La percusión actúa como matriz que sostiene a los otros instrumentos. Yo también toco el piano a modo de batería; lo golpeo y eso se traduce al piano y a las cuerdas. En el pop, la percusión ejerce claramente ese papel. Si frotas dos piedras se crea fuego, elemento que provoca la vida. En la música, y relacionado con esa similitud, es importante hablar de una rivalidad solidaria.
- ¿Son estos unos 'personell changes', o más bien 'struggling for pleasure, for amusement only', simple diversión?
- Llevamos componiendo más de 30 años desde Struggle for pleasure. Puede ser una referencia para expresar que queremos siempre descubrir otros acentos disponibles para el juego musical. Y hay, por supuesto, otros elementos en juego: la diversión, el placer... Es un arco combinado de distintos elementos.
- En este CD hay riesgo de perder el concepto, de dispersar la obra en piezas demasiado sueltas.
- Parece desfragmentada. Mi intención no ha sido tanto la de hacer un disco de diez temas sino realizar un profundo cambio dentro del mismo material. Mi interés está en la transformación. L'heure du loup es central para los otros materiales. En el disco no hay voz, en los conciertos sí. Hay siempre elementos cambiantes.
- La gira tiene un esquema clásico: teclas-cuerda, aunque con bajo.
- Es verdad. La música escapa a los conceptos. La etimología de concepto tiene siempre un sentido cerrado, pero al hablar de música da la impresión de que podría continuar eternamente, sin conceptos fijos. De esa idea surgió No plans no projects. La música está inmersa en dos ideas clave: el riesgo, el azar, aspectos puramente humanos, y el cambio. Como un mosaico que cambia, como el del techo del Auditorio de Tenerife.
- En estos conciertos no participa ningún instrumentista del disco.
- Así es. La música no puede parar en un solo arreglo, hay que buscar la fórmula con otros instrumentos y otros músicos. En el ensemble hemos añadido el contrabajo, que junto con el piano constituye la parte rítmica, y en cierta medida también la parte lírica.
- El recital, ¿suma temas de 'Loup', 'Receptacle' y 'Partes Extra', adaptados al quinteto de cuerdas?
- Son una suma de Receptacle, L'heure du loup, algunos temas de Music & Film, algún otro de la música compuesta para el desfile de Dior Hombre, y otros que no conocéis, del nuevo disco que se editará en Bélgica el 8 de junio y luego también en España.
- Actuó en 2007 en el Victoria Eugenia, a dúo con Gudrudn Vercampt al violín. ¿Muchos cambios de esquema en los últimos años?
- Tengo la ilusión y la impresión de que muchas cosas cambian rápidamente a nuestro alrededor. ¿Cómo asimilar todos estos cambios? Las personas somos lentas para asimilar los cambios, suceden más rápido que nuestra capacidad de asimilación porque tomamos como referencia las cosas que conocemos. Si asimiláramos tan rápidamente los cambios que se producen nos volveríamos locos. Esa idea, traducida a lo que ocurre en un concierto, se puede resumir en que los músicos atacamos y provocamos al público con aceleraciones, desaceleraciones, más fuerte o más suave... La gente necesita esos extremos, esas variaciones y emociones.
- En su primera época de éxito, a final de los 80, dio un doble concierto seguido en el Victoria Eugenia, ¿qué fue de la 'new age'?
- Sí, en 1986 realicé dos conciertos en una noche en San Sebastián. También lo hice en Valencia, Tokio, Gante... Algunos fueron piano solo y otros a dúo con saxo. La época de 1986-1990 fue muy crucial para mi, sobre todo en España y en Italia por la recepción que había en aquel momento en cuanto a estas músicas. Es un concepto que yo llamo trouver un pleuple, encontrar un pueblo. A través del enorme feedback que recibía aquí podía volver a Bélgica y continuar componiendo.
- Ya no existe 'Diálogos 3', espacio radiofónico de Ramón Trecet. El fue su gran valedor en España.
- Es verdad, gracias a Ramón y a su interés en mi música mucha gente se interesaba y venía a los conciertos. Él tuvo entonces una importancia crucial en España, eran músicas nuevas e hizo posible que llegaran a mucha gente. Ya no trabaja en la radio, siempre ha compaginado música y deportes, disciplinas complementarias.
- Los modos de difundir la música han cambiado mucho.
- Desde luego, Internet tiene una gran fuerza, existe una tercera generación que induce al cambio, con la crisis existente estamos en el límite hacia muchos cambios importantes que van a ocurrir y la distribución de la música es uno de ellos.
- ¿Cómo está la salud del minimalismo en el nuevo milenio?
- ¿Minimalismo?, en el nuevo milenio ya no existen los ismos. Los últimos ocurrieron en los años 60, y ya no tienen más vigencia. El minimalismo fue un movimiento que se desarrolló principalmente en USA y que en Europa se tradujo un poco más hacia el individualismo. Mucha gente era autodidacta, como yo mismo.
- Ha editado la caja 'Music and film'. La música secuencial ha sido siempre muy cinematográfica.
- Esa caja es una recopilación de obras escogidas entre toda la música que he compuesto para películas y documentales, entre los años 1982 y 2009. El hecho de trabajar para películas no es primordial para mí, también trabajo para el teatro. Mis obras son principalmente musicales. Pero sí es importantísimo el concepto de las secuencias, de la repetición, variando el tempo y la dinámica. Consigue un maridaje perfecto con las imágenes del cine.
- ¿Quiénes han sido sus pianistas de cabecera?
- Thelonius Monk. Desde hace mucho tiempo tengo muchos trabajos suyos. Es un compositor que me interesa mucho por la irregularidad de los ataques al público, a la vez melódico, a la vez lírico, con muchas reacciones frente al piano. Su manera de resbalar sobre las notas, su manera de actuar con el piano como una percusión...
- ¿Le molesta que le llamen Tintin belga?
- No se quién me llama así en España, pero no me molesta nada; me produce una sensación de juventud y sorpresa. En Bélgica se ha inaugurado el museo oficial Tintin, en Louvain-la-Neuve. Estáis invitados a verlo. Sus comics cuentan mucho sobre las tradiciones belgas, la forma de contar las cosas, nuestra manera de ser...
- Tiene un título llamado 'No Testament', ¿cuál sería, hasta hoy, su testamento creativo?
- No existe un testamento. No hay un corpus con obras de contornos claros, ni información exacta y precisa. Es una obra con resonancia y continuos cambios. Quizás se puede decir que el testamento de mi obra es el sentido de la línea melódica. La serie de vibraciones que espero que esté presente mientras pueda continuar componiendo y tocando el piano.