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RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Motor

FÓRMULA 1, GRAN PREMIO DE MÓNACO

Se dio un paseo por las calles de Montecarlo y logró su quinta victoria en las seis carreras disputadas. Barrichello fue segundo y completó el tercer doblete de la escudería Brawn

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Button anula la emoción
Jenson Button dominó con autoridad aplastante el Gran Premio de Mónaco. /REUTERS
DV. Una encuesta entre aficionados británicos publicada en la Prensa inglesa hace unos meses catalogó al Gran Premio de Mónaco como la primera maravilla del mundo del deporte. Unos votos por encima de emblemas como el Santiago Bernabéu, el estadio olímpico de Pekín o el campo de cricket de Melbourne, la carrera de Fórmula 1 fue elevada por el mundo anglófilo al pedestal del monumento número uno. Un magnetismo comprensible que seduce incluso a los recalcitrantes enemigos del motor, que son legión.
Mónaco hechiza por cada poro del fin de semana: la elegancia de sus gentes, la singularidad de un trazado urbano abierto al público cuando no hay competición, el puerto y los yates, la montaña al fondo, la noria de vehículos deslumbrantes. El estilo riviera, plasmado en una carrera de monoplazas.
Mónaco permanece desde 1950 y parece un tótem indestructible, pese a todo. Pese al intratable comportamiento de los coches Brawn. Pese a que Jenson Button ha anulado la emoción del mundial de Fórmula 1. El piloto inglés ha logrado cinco victorias de seis posibles.
Atalaya de los Grimaldi
Además de los propios de su estatus, los miembros de la familia Grimaldi disfrutan de unos cuantos privilegios más este fin de semana. Y por cuestiones geográficas, de uno por encima de todos. Una visión espectacular, íntegra, del trazado monegasco desde su atalaya en la parte alta del Principado.
Desde la salida en el Boulevard a la curva de la iglesia de Santa Devota, la subida a la imponente plaza del Casino, el giro a derechas en el Hotel Mirabeau, el bucle de 180 grados del Gran Hotel, el túnel, la chicane de entrada al puerto, el colosal paisaje de los yates, la piscina y el garito de la Rascasse antes del pit lane y la meta. El mirador desde la zona antigua de Mónaco representa la esencia de este gran premio.
La Policía local monegasca conquista ese balcón inigualable y cierra la carretera al público por un motivo obvio: en caso de no hacerlo cualquiera podría tener una visión sin comparación respecto a los espectadores que abonan un dineral por una buena tribuna, en la que sólo se ve una curva o un tramo de asfalto.
Lo que vio la familia Grimaldi y todo el mundo fue un monólogo interpretado por el equipo Brawn. La duda natural sobre el predominio del coche o el piloto se disipó con el resultado en Montecarlo. Otro doblete de los increíbles chicos Brawn (Button y Barrichello), el tercero de la temporada.
Sinfonía de bostezos
Desde la salida, con Raikkonen empanado a bordo del Ferrari, Brawn decretó sentencia. Button se escapó -ahora parece que todo lo hace bien, salir, conducir, pensar, parar- y Barrichello superó al finlandés. La continuación de las 78 vueltas fue una sinfonía de bostezos, en espera de que ocurriera algo. Las imágenes de Mónaco siempre son agradecidas para la pupila, pero sobre la pista no hubo nada que llevarse a la boca.
Dos accidentes -de Vettel y Kovalainen- impulsaron a Fernando Alonso de la novena posición a la séptima. El diagnóstico es el mismo en seis carreras: el Renault es el octavo o noveno coche de la parrilla. Brawn, inabordable; Red Bull, siempre sólido; y ahora, por presupuesto, Ferrari y también McLaren.
Y a estas alturas, con Button escopetado -le saca 28 puntos al tercero, Vettel-, Bernie Ecclestone debe estar agradeciendo al clamor popular que no prosperase su idea del sistema de ganador del Mundial por triunfos. De lo contrario, Button estaría a punto de cantar victoria cuando ni siquiera se ha llegado al ecuador de la campaña.
Próxima cita, Turquía
Tras el Gran Premio de Mónaco, el circo de la Fórmula 1 se trasladará a Estambul, donde dentro que quince días, el 7 de junio, se disputará el Gran Premio de Turquía.
La supremacía de los Brawn y Button volverá a ponerse a prueba en tierras otomanas, pero tienen todo a su favor. Han anulado la emoción.
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