Inmerso en la escritura de su próxima novela, que se plantea como un juego literario alejado de sus habituales historias situadas en el País Vasco, Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935) aguarda con especial ilusión a que se concreten las perpectivas de recuperar un viejo trabajo: el relato Con tortura, con el que ganó el Premio Ciudad de San Sebastián de 1968 y que a lo largo de estas cuatro décadas ha conocido distintas versiones. Ahora, el sello 451 Editores estudia la posiblidad de recoger cuatro de ellas en un volumen ilustrado para dar una nueva oportunidad a esta historia, desprovista ya de las connotaciones políticas que rodearon de polémica su primera aparición. El escritor, Premio Nacional de las Letras 2005, asegura que ya ha cumplido en lo que respecta a su compromiso literario con la realidad del País Vasco y que es el turno de las nuevas generaciones.
- Han pasado más de dos años desde la publicación de La soledad del ángel de la guarda, una novela que levantó bastantes expectativas por su temática.
- Como ha sucedido otras veces, fue un éxito clandestino. Estuvo bien, pero sin mayores alharacas. Normalmente, lo que me ha pasado con casi todos mis libros es que se publican, tienen cierto éxito y luego éste se prolonga mediante reediciones. Estoy contento, básicamente, porque conseguí contar lo que quería, que no era fácil. Se trataba de contar un miedo nuevo con un punto de vista original y distinto. Y no tanto un miedo, como el desconcierto del escolta que llega a un sitio que se le hace extraño.
- ¿Y en qué ha trabajado desde entonces?
- Estoy con una novela que espero terminar para finales de año. Por otra parte, hay algo que me hace mucha ilusión y que está vinculado a San Sebastián porque es uno de los primeros relatos que escribí y ganó el Premio Ciudad de San Sebastián, aunque fue bastante conflictivo: la posible reedición de cuatro de las versiones de Con tortura, que está estudiando lanzar el sello 451 Editores. Es como el leiv motiv de toda mi literatura.
- ¿Se reeditaría sólo este cuento?
- A lo largo de tantos años, caí en la cuenta de que había hecho varias versiones de este relato, modificando algunas cosas y añadiendo algunos matices, sobre todo, en cuatro de ellas que considero esenciales y entrañables. Creo que puede ser una edición preciosa, de la que me gustaría hacer alguna presentación en San Sebastián. De este relato proviene mi cariño a este concurso de cuentos, de cuyo jurado sigo siendo miembro. Será una edición ilustrada, como muy apetecible. La verdad es que me hace ilusión.
- ¿Por qué fue tan polémico en su tiempo?
- Fue en 1968 y tuve bastantes problemas, lo primero, que se retrasó su publicación. Y la primera edición del cuento salió en la revista Papeles de Son Armadans que dirigía Camilo José Cela. Luego se ha reeditado y publicado en varias traducciones, además de una versión radiofónica para emisoras universitarias de varios países.
- ¿Y de qué trata?
- Es como un cuento de Borges, pero al revés. Trata de una persona que trata de escaparse de la tortura a la que le están sometiendo y se plantea que todo es un sueño del que puede despertarse. Y se despierta, pero en realidad no estaba soñando. Es un bucle.
- Y su próxima novela, ¿vuelve a situarse en el País Vasco?
- No, es una cosa un poco delirante con la que he tratado de divertirme dentro de la literatura. No es tan narrativa como otras novelas. Trata de alguien que decide sincerarse y, en lugar de contar su vida, relata un sueño. Si sale bien puede ser una novela estupenda y si sale mal va a ser un petardo, pero la verdad es que me estoy divirtiendo, que es lo que pretendo. Espero que dentro de un año esté en la calle.
- Pero, ¿tiene ya título?
- La verdad es que no. Tengo pensadas un par de cosas que a los de la editorial podrían provocarles desmayos, así que vamos a esperar.
- ¿Considera que, en lo que a usted respecta, el País Vasco está ya narrativamente agotado?
- Qué va, con el resultado de las últimas elecciones se puede volver a empezar a escribir otra saga. Hay generaciones nuevas y creo que por esta reencarnación, ya he cumplido.
- ¿Y cómo lo ve?
- Como decía aquél, soy partidario. De todas formas, no hablemos de política.
- Vale. Comentaba hace unos años, tras recibir el Premio Nacional de las Letras, que se ha dejado la piel en cada una de sus novelas. ¿Sigue siendo así a día de hoy o la experiencia trae consigo algo de rutina?
- Hombre, esto es como lo que les pasa a los futbolistas veteranos: se les ha aflojado el sprint, pero tienen más experiencia para pasar el balón al hueco. Y te encuentras con que lo que has perdido en facultades, lo has ganado en sabiduría. Lo que ocurre es que siempre me queda un margen de inocencia y de capacidad de sorpresa.
- Las reediciones han permitido que muchas de sus obras hayan tenido una vida bastante larga.
- Sí, ahora se pueden adquirir en las ediciones de bolsillo que ha publicado Alianza. Teniendo en cuenta la velocidad a la que se descatalogan los libros, por lo menos, algunas de ellas siguen vivas y en catálogo.
- En realidad, su obra tiene más presencia que nunca en las librerías.
- No lo sé. De las librerías desapareces a una velocidad asombrosa. Cuando el valor de promoción más fuerte que existe es la novedad estás condenado a desaparecer rapidísimamente. No hay nada más fugaz que lo novedoso porque en cuanto existe deja de serlo. Es fundamental no perder la ilusión ni las ganas, y seguir disfrutando con eso. Mi consejo a los escritores jóvenes es que, si están satisfechos con lo que hacen, no sufran. Tu mismidad es lo que al público le va a interesar más. Por lo demás, me encuentro entre el escepticismo, la tranquilidad y las ganas de seguir jugando, en el mejor sentido del término.
- Cuando mira hacia atrás, ¿encuentra una línea coherente que recorra toda su trayectoria?
- Conmigo mismo, desde luego que sí. Mi propuesta literaria se planteó en una economía de mercado absolutamente salvaje y jamás he escrito una sola línea al dictado ni con una subvención oficial de ningún tipo.
- ¿Tuvo la tentación de buscar el éxito a cualquier precio, incluso haciéndose trampas?
- Pues no, mira. Siempre digo que uno tiene que escribir para sí mismo. Si a partir de ahí vienen premios, lectores y hasta se vende en las librerías, pues maravilloso. Debes escribir para ti mismo, no sé si como un exorcismo o una purga del corazón. Siempre he escrito así. En una ocasión, Buñuel le preguntó a Picasso: «¿De dónde van a salir las ganas de seguir haciendo cosas?» Y el pintor respondió: «No te engañes, Luis: de las pelotas». Pues es verdad. Yo solía decir que salían de las tripas, pero alguien dijo que yo era un escritor tripero. Después vienen las explicaciones a posteriori. Cuando hay un crítico sensato, te descubre 20.000 conexiones de unas cosas con otras.
- ¿Hay algún nombre que quiera destacar?
- La gente de la revista Curpil, aquella especie de hijo putativo del grupo Cloc, ha estado haciendo cosas y muy bien. Afortunadamente, por otro lado, porque un escritor joven puede seguir siéndolo a los cuarenta o cincuenta años.