DV. La Academia de Arkaute fue escenario ayer del relevo al frente de la consejería de Interior, la cartera más sensible para el nuevo Gobierno de Patxi López. El centro de formación de la Ertzaintza sirvió para escenificar la salida del consejero Javier Balza y la entrada del primer dirigente socialista en una institución que desde su creación ha estado en manos nacionalistas y ha sido una de las esencias del autogobierno. Durante ese traspaso de poderes, el nuevo sailburu, Rodolfo Ares, se comprometió «a acabar con los espacios de impunidad en la sociedad vasca para los terroristas y sus colaboradores», uno de los objetivos prioritarios del Ejecutivo entrante dentro de su plan para deslegitimar el terrorismo.
El tipo de acto elegido por los socialistas para visualizar el cambio fue sobrio y austero, sin ceremonias ni desfiles y apenas solemnidad. Los ertzainas que custodiaban el interior de la Academia sí que iban con el uniforme de gala, pero el relevo como tal se visualizó en una pequeña sala de prensa, con discursos de Rodolfo Ares y el consejero saliente, Javier Balza. Precisamente, el dirigente nacionalista fue el único representante del equipo que abandona el Departamento de Interior. Ni los viceconsejeros ni el director de la Ertzaintza estuvieron presentes en la ceremonia. Por parte del PSE, sin embargo, las sillas se llenaron con familiares y amigos de Rodolfo Ares, cargos del partido como Jesús Eguiguren, Txarli Prieto y José Antonio Pastor, la consejera de Educación, Isabel Celaá, y componentes del nuevo grupo directivo como los viceconsejeros Rafael Iturriaga y Raúl Fernández de Arroiabe.
Ante todos ellos, Ares lanzó dos mensajes. El primero fue claramente político y destinado a dejar clara su voluntad de acabar con ETA. El segundo tuvo un componente más emotivo y casi íntimo: un testimonio de agradecimiento a su familia durante el que le costó aguantar las lágrimas.
Reforzar la Ertzaintza
En la parte política, Ares hizo suyas las palabras del lehendakari López al definir las líneas fundamentales de su programa para la lucha antiterrorista. Se comprometió, entre otras cuestiones, a reforzar el papel de la Ertzaintza en la lucha contra la organización armada. También reiteró que su trabajo perseguirá la deslegitimación absoluta del terrorismo y quienes le apoyan «que serán perseguidos y detenidos dentro de un escrupuloso respeto a la legalidad». En ese terreno, prometió acabar con «los espacios de impunidad para los terroristas y sus colaboradores».
No avanzó cuáles serán los nombramientos de su departamento ni los cambios más inminentes. En este sentido, subrayó la necesidad de tomarse un tiempo para «escuchar a los actuales responsables, como es lógico, y luego realizar los relevos que se consideren oportunos». No obstante, Ares anunció ante los presentes que acudirá al Parlamento Vasco en breve para explicar sus planes. La parte más humana de su discurso estuvo dedicada a la familia.
Por su parte, Javier Balza se despidió del cargo deseando «buena suerte» a Ares porque en esta materia «la mejor suerte será para todos y para el país». Tuvo un reconocimiento especial para las víctimas del terrorismo, que le han enseñado, confesó, «la lección más dura de toda mi vida».