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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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NATACIÓN

La avalancha de récords mundiales con el nuevo bañador Jaked ha puesto a la natación en el primer plano de la actualidad, con partidarios y detractores de esta revolución tecnológica

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El bañador supersónico
Alain Bernard, con su bañador sin homologar. /REUTERS
DV. La natación está asombrado al mundo. Los records caen con una facilidad desconcertante y todo gracias a la aparición de un bañador, el Jaked, que parece supersónico. Las marcas, que antes duraban años en las tablas, ahora se mantienen sólo hasta la próxima carrera.
Como cualquier revolución, el Jaked ha desatado el debate. El director deportivo de la Federación Guipuzcoana de Natación, Paul Lagrange, es una voz autorizada para explicar este cambio tan impresionante. «A finales de los años noventa apareció una evolución tecnológica en bañadores, con el Aquablade de Speedo. Si la curva de evolución de los records del mundo tenía una cierta continuidad, a partir de Sydney 2000 en cada Juegos Olímpicos la curva se rompe y los récords se alejan de una progresión normal».
Naturalmente, el Jaked no ha surgido de la nada. Tras el Aquablade llegó el bañador completo y «estamos ya en la tercera fase, donde aparece el Jaked. Para Pekín, el LZR de Speedo era la revolución pero se presentó Italia con el Jaked. Lo hicieron increíblemente bien, sobre todo Federica Pellegrini, que nadó con varios bañadores superpuestos. Intervinieron los entrenadores diciendo que aquello era una locura, y que había que poner un poco de orden».
La Federación Internacional de Natación (FINA), reunida en marzo de este año, decidió que todo lo que existía hasta ese momento sería válido hasta finales de año, siempre y cuando no tenga mangas. Además, sólo se puede nadar con un bañador. Cada año se convalidarán los bañadores legales.
Hay partidarios y detractores de estos bañadores, pero todos están de acuerdo en que la mejora del rendimiento es brutal. «El Jaked es una revolución. Ha pasado por encima de todos», asegura Lagrange, que explica que «la gente pensaba que el Aquablade y el bañador completo aportaban flotabilidad. Pero no era así, sino que comprimían al nadador y su penetración en el agua se reducía. Es un tema clave, porque a mayor velocidad, la resistencia en el agua aumenta al cuadrado. Pero el Jaked produce esto y mayor flotabilidad, por lo cual es completo en cuanto a mejora tecnológica».
Nuevo tipo de nadadores
Los efectos del bañador son palpables y aunque su generalización es reciente y faltan estudios definitivos, los entrenadores conocen sus ventajas. «El gran nadador era el que aparte de tener aptitudes genéticas propias de fuerza, altura y envergadura, tenía mayor flotabilidad. Hoy en día, el Jaked elimina el problema de la flotabilidad. Gente con menos flotabilidad compite con aquel que la tenía. Esto no me parece mal».
El bañador está cambiando el biotipo del nadador. Antes eran finos, tipo Alexander Popov, para vencer la resistencia al agua. Ahora son torres de músculos. El velocista francés Alain Bernard -que batió el récord de 100 libres con un bañador Arena aún sin homologar- es un claro ejemplo. El nuevo fenómeno de la natación española, Rafa Muñoz, ha cogido ocho kilos de músculo, algo impensable sin la flotabilidad del bañador. Los expertos creen que el gran Alexander Popov hoy no se metería ni en una semifinal olímpica. La comparación es dura.
Un segundo efecto del Jaked es que «se reducen las diferencias. Todos mejoran muchísimo sus marcas, pero se reduce la diferencia. El mejor mejora, pero los peores dentro de la élite mejoran más».
Los puristas creen este tipo de bañador desvirtúa el espíritu de la natación. Lagrange matiza. «El debate va más allá. Ha provocado que el nadador sea capaz de desplazarse más rápido. Pero todos. Desde mi punto de vista, es más espectacular porque reduce las diferencias. O tienes el mismo material o no puedes competir».
En su opinión, la evolución no tiene vuelta atrás. «No sé si es posible frenar el progreso tecnológico, no sé si es sensato cuando hablamos de competición. Yo he tenido deportistas románticos, que la primera mañana dicen que no y por la tarde ven que o se lo ponen o no tienen nada que hacer, y el romanticismo se queda en el cajón, donde debe estar».
Guerra comercial
El gerente de la Federación Guipuzcoana de Natación, Igor Mate, coincide en el análisis técnico de Lagrange, pero aporta una perspectiva adicional a la polémica. Muy interesante. «La situación actual es una guerra comercial. Cuando Speedo saca el LZR en 2008, el único problema era que pudiera proveer a todo el mundo. ¿Ahora cuál es el problema? Que una empresa pequeña le come la tostada a la gran multinacional. Es un problema económico, de poder»
Jaked es una pequeña empresa italiana, de Vigevano, cerca de Milán, creada por Francesco Fabbrica. Sus hijos, Giacomo y Edoardo, son nadadores y de ahí surge el nombre: Giac-Ed, que en italiano suena Jaked. Hoy día, cada bañador sólo tiene diez usos y cuesta 375 euros (por los 550 del LZR).
Igor Mate también pone en valor el beneficio que la natación puede obtener gracias a este asunto. «El bañador da más espectáculo, porque todo el mundo mejora. Mediáticamente esto hace que la natación sea conocida y mi valoración del bañador es buena».
Mate niega que el Jaked desvirtúe la esencia de la natación. «Evoluciones ha habido muchas. Nadie se rasgó las vestiduras cuando Martín López Zubero fue el primer campeón olímpico en espalda tras decidirse que ya no hace falta tocar la pared con la mano antes de hacer el giro. Hasta Seúl 88 nadie bajaba de dos minutos en 200 espalda y López Zubero fue campeón con 1:56. Ahí nadie se acordó de los anteriores y ¿ahora con el bañador sí? ¿El bañador ayuda a mejorar? Sí, pero de un burro no haces un caballo de carreras».
Recuerda que todavía hay records del mundo anteriores vigentes, como el de Ian Thorpe en 400 libres y varios de Michael Phelps. Y se pregunta: «¿Que ocurrirá cuando se ponga un bañador de estos?» Todos los aficionados están impacientes por verlo.
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